De Cuba a la disidencia interna del PP
Ángel Carromero se convierte en secretario general de Nuevas Generaciones en Madrid de la mano de Esperanza Aguirre.
"Mi vida, para bien o para mal, acabó el día en que viajé a Cuba”. Con esta lapidaria frase, Ángel Carromero, recién nombrado secretario general de Nuevas Generaciones (NNGG) en Madrid, rompía este verano su silencio en una entrevista en Antena 3.
Se cumplía un año desde el accidente del coche que él conducía en Cuba y en el que murieron los disidentes Oswaldo Payá y Harold Cepero. Pasó tres meses detenido a la espera de un juicio que le condenó a cuatro años de prisión por homicidio involuntario. No los cumpliría en la isla, porque dos meses después viajaba a España para cumplir condena en la cárcel de Segovia, de la que salió 13 días después con un tercer grado. A pesar de que la Audiencia Nacional y la Fiscalía lo desaconsejan, el Ministerio de Justicia tiene sobre la mesa su petición de indulto y la decisión llegará en cualquier momento.
Batalla ideológica.
El frenético ritmo de los acontecimientos este último año en la vida de Carromero es solo comparable a su ascenso político en el PP de Madrid. El accidente en Cuba le convirtió en un eslabón más de la particular disidencia de Esperanza Aguirre en el PP desde la organización madrileña que preside, seis plantas por debajo de la planta noble de la dirección nacional del PP. Aguirre hizo de la detención de Carromero una batalla ideológica, le visitó en la cárcel de Segovia y, una vez fuera, le hizo un acompañante habitual de sus actos políticos. Cuando el fenómeno Carromero parecía apaciguado, le ha aupado, por la puerta de atrás, a la dirección de NNGG de Madrid, que tradicionalmente ha reproducido las rencillas que existen entre los mayores del PP madrileño y el nacional.
A Aguirre se le atribuye ser el cerebro de una operación que se saltó los mensajes que desde hacía meses llegaban desde el aparato nacional que dirige la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal: no se quería ver a Carromero como presidente de Nuevas Generaciones de Madrid. El origen de la oposición al joven abogado de 28 años se remonta a la versión que el PP de Madrid ha insistido en difundir sobre el accidente y a la que, una vez en España, se sumó Carromero. Mientras el Gobierno negociaba entre bambalinas su salida de la isla, el PP de Madrid denunciaba que el accidente y la muerte de Payá fueron obra de los servicios secretos cubanos para acabar con la vida de uno de los disidentes más reconocidos, una versión que no facilitaba la negociación entre Exteriores y La Habana, pero proporcionaba a Aguirre una herramienta de oposición interna en el PP.
Carromero no fue candidato a presidir NNGG de Madrid, pero al final ocurrió lo que ya intuía la dirección del PP. El PP madrileño impulsó la candidatura de Ana Isabel Pérez, una joven poco conocida en la organización, como uno de los tres candidatos a presidente en un congreso en el que, por primera vez, pudieron votar todos los afiliados y no solo compromisarios, más controlados por el aparato. Pérez ganó con el 55% de los votos. Al contrario que en otras ocasiones, los candidatos no revelaron quiénes les acompañarían en la dirección. El anuncio vino después. En la primera reunión que dirigió Pérez, se nombró a Carromero como número dos, secretario general de NNGG de Madrid.
La maniobra provocó un “cabreo general” en la dirección nacional del PP, dicen en el partido, donde aseguran que, seis plantas más abajo, Carromero llevaba semanas trabajando sin descanso a favor de la candidatura de Pérez, que le abriría la puerta de la organización juvenil de la que han salido colaboradores de confianza de Aguirre, como el exasistente de Aznar y hoy diputado nacional Pablo Casado. Fue “una campaña trabajada y llena de ilusión” que permitirá a Carromero seguir siendo “pieza clave” en NNGG, dice un compañero.
Este es el último hito político de un joven que empezó su carrera en NNGG del distrito de Salamanca, primero como secretario general y, en la actualidad, como presidente. Quienes le conocen dicen que le gusta trabajar en equipo, se responsabiliza de los errores y reparte los halagos. En estos niveles, lo normal es que los jóvenes tengan contacto, como mucho, con el concejal de su distrito. Su relación con Aguirre es más bien una rareza. Su jefe político era Íñigo Henríquez de Luna, portavoz del PP en la Asamblea de Madrid, célebre por defender, en nombre de Aguirre, las elecciones primarias en el congreso del PP que se celebró en Valencia en 2008. Carromero fue uno de los compromisarios que defendió una opción con la que los críticos con Rajoy creían que Aguirre podría ganar el liderazgo del partido al hoy presidente del Gobierno. Según su entorno, también impulsó que Loyola de Palacio fuera nombrada secretaria general fundadora de NNGG.
De esta época data un punto negro en su expediente: la investigación que abrió la dirección de Nuevas Generaciones en 2009 para determinar si había cambiado la adscripción de hasta 50 jóvenes militantes del barrio de Salamanca al de Moncloa-Aravaca, para favorecer allí a un determinado candidato. En NNGG de Madrid defienden que se demostró que no hubo nada y el caso se cerró.
De profesión, asesor.
Por otra parte, Carromero también ha hecho carrera profesional a la sombra del PP como cargo de confianza. La concejala del Ayuntamiento de Madrid Begoña Larráinzar le contrató en 2009 como asesor en la junta de distrito de La Latina, que ella presidía, y en 2011 se lo llevó consigo al distrito de Moratalaz, con un sueldo de 2.700 euros netos al mes. Allí trabajaba cuando viajó a Cuba y se produjo el accidente. Cuando regresó a España y salió de la cárcel, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, le fichó para trabajar en el grupo municipal del PP, con un sueldo de 50.000 euros anuales. Allí, en la céntrica calle Mayor de la capital, acude a trabajar todos los días, sin que se conozcan demasiado bien sus atribuciones. En su nuevo puesto ha hecho buenas migas con el hijo de la exministra y hoy presidenta de la CNMV, Elvira Rodríguez, uno más de la lista de los 162 asesores con los que cuenta “el agujero negro” del PP del consistorio, dicen en la oposición, por el trasiego de gente que llega y se va sin que se sepa muy bien cuáles son sus funciones.
Como otros muchos jóvenes del PP de Madrid, Carromero viajó a Cuba, para conocer de cerca la dictadura de la isla, apoyar a la disidencia y, como apuntan también dentro del PP, ganar puntos en el partido. Un accidente le cambió la vida, para bien o para mal: pasó por una cárcel cubana pero una vez en España su trayectoria política ha subido como la espuma ligada, eso sí, al futuro político de Esperanza Aguirre.



