Ciudadanos hace estallar UPD
El ascenso de Albert Rivera y las heridas mal cerradas tras la salida de Sosa Wagner provocan movimientos contra Rosa Díez.
A medida que aumentan en las encuestas las opciones electorales de Ciudadanos se ahonda la brecha dentro de Unión Progreso y Democracia (UPD). Frente a la aparente tranquilidad con la que la dirección nacional, encabezada por Rosa Díez, observa las encuestas, otros miembros de la formación, entre ellos dos de sus cuatro eurodiputados, han intensificado sus movimientos en los últimos meses a favor de un acuerdo electoral con Albert Rivera, una posibilidad que Díez dio por agotada en noviembre del año pasado, apenas un mes antes de que Ciudadanos despegara en las encuestas.
Dentro de la formación, críticos y no críticos coinciden en que el efecto Ciudadanos, la ubicuidad que Rivera ha alcanzado en las últimas semanas, no es casual y que detrás se encuentran “poderes fácticos”. Las diferencias se dan en la manera de afrontar esta realidad, una brecha que llega a la categoría de sima en el caso de los cuatro eurodiputados que forman la delegación de UPD en Bruselas.
Allí, las dos eurodiputadas fieles a la dirección –la portavoz, Maite Pagazaurtundúa, y Beatriz Becerra– mantienen una relación “muy sui géneris”, en palabras de la primera, con la otra mitad, formada por los eurodiputados Fernando Maura y Enrique Calvet, con intereses cada vez más opuestos a la dirección de Díez. A su vez, ellos dos tampoco coinciden en cómo debería ser la integración con Ciudadanos. Sí lo hacen en su oposición a la decisión de Díez de rechazar un pacto con Rivera.
El eurodiputado Calvet encabeza lo que pretende ser una corriente interna dentro de UPD –que no las permite– que pide que Díez y su equipo se retiren de los órganos de dirección del partido y apuesta por el acercamiento con Ciudadanos como algo inevitable. Calvet, promotor junto con una decena de militantes con antiguas responsabilidades de la corriente La ciudadanía primero, afirma que Díez podría ser la “presidenta de honor vitalicia” de UPD y la candidata del partido a las elecciones generales y seguir actuando como un “símbolo” para la formación. Sus promotores no tienen “ninguna diferencia ideológica” con las posiciones oficiales de UPD, sino inquietud por el debilitamiento de la formación de Díez como el partido que debía abrir la tercera vía en España, entre los partidos tradicionales apabullados por sus “baronías” y el “frente popular” que, en su opinión, se abre paso con el avance de Podemos.
“Hemos perdido la hegemonía, no es que la compartamos con Ciudadanos, es que la van a ejercer ellos”, advertía Calvet en alusión al motivo –el ascenso de Rivera en las encuestas– que ha ahondado aún más el distanciamiento de la dirección de UPD con una militancia menguante y algunos de sus cargos electos. “Con el tiempo, UPD, que era el pilar para la marcha de España hacia la tercera vía ha degenerado, basta con leer las encuestas y observar la presión de la dirección hacia nuestros compañeros”. Calvet calcula que desde su fundación UPD ha perdido entre 12.000 y, según los más “alarmistas”, 20.000 militantes, y le quedan unos 5.500. Su intención, dice, es “refundar” UPD, de donde asegura no querer marcharse, tampoco a Ciudadanos, el recorrido que han emprendido otros excompañeros de partido. “Si quieren echarme, me defenderé como gato panza arriba. A magenta no me gana nadie”, dice, y se pregunta qué ganaría el partido expulsando a dos de sus cuatro eurodiputados, “que quizá dentro de un año sea la única representación pública de UPD”.
Candidatos de Ciudadanos.
“La percepción de los ciudadanos es que Maura ha estado en reuniones con candidatos de otros partidos, un caso insólito en un año con cuatro elecciones”, replica Pagazaurtundúa sobre lo que deben pensar los militantes.
Se refiere al camino que ha emprendido el otro eurodiputado crítico con la dirección. Lejos de intentar refundar UPD desde dentro –aunque también públicamente, como han reprochado algunos militantes a Calvet–, Maura está menos interesado en la unión entre UPD y Ciudadanos -que este partido ya ha descartado– y apuesta por la promoción de los nuevos partidos que surgen en varios países europeos, también en España con Ciudadanos, como alternativa a las formaciones tradicionales. Fue promotor hace meses de una nueva asociación cultural, Unidad Ciudadana Europea, que nació en los pasillos del Parlamento Europeo para promocionar esta tercera vía. “Maura es mucho más escéptico sobre la posibilidad de que UPD se reagrupe y está centrado en la tercera vía”, explica su “buen amigo” Calvet, que también es socio de Unidad Ciudadana Europea, como los dos eurodiputados de Ciudadanos, Javier Nart y Juan Carlos Girauta. No participan de ella Pagazaurtundúa ni Becerra.
Desde Ciudadanos explican que es una iniciativa a título individual, no respaldada por el partido, y “una más de las colaboraciones” entre los cuatro eurodiputados, pertenecientes no solo a distintos partidos, sino a formaciones que parecen repartirse el mismo electorado. Entre las actividades de esta asociación –que cada eurodiputado miembro financia con fondos que les son asignados por el Parlamento Europeo– Calvet ha participado junto a Girauta y Nart en conferencias conjuntas por varias ciudades. En Valencia les acompañó incluso la candidata de Ciudadanos a la Generalitat Valenciana, Carolina Punset. “En el caso de Maura, ir con candidatos de otra formación política no me parece la forma más usual de apoyar al partido por el que se tiene acta de diputado”, reflexiona su compañera Pagazaurtundúa, que duda de si esa es la manera correcta de comportarse “en un momento de arrimar el hombro” como el que vive UPD.
La remontada de Ciudadanos no ha hecho más que agravar una situación que venía deteriorándose desde hace bastantes meses. Calvet denunciaba esta semana que no habla con Díez desde hace más de 10 meses. El eurodiputado sitúa el cambio de actitud que dice tuvo su jefa de filas hacia él después de una “tensa” reunión del equipo de Economía de UPD que se celebró después de las elecciones europeas de mayo de 2014. Hasta entonces, relata, él y Díez solían hablar de cuestiones europeas. Hasta que llegó una reunión en la que él hizo un análisis distinto de los resultados de las europeas.
Dos millones de votos.
Mientras la dirección nacional subrayaba que UPD pasó de uno a cuatro eurodiputados, Calvet criticó que nadie reflexionara sobre el hecho de que hubo dos millones de abstenciones que UPD no supo captar. Sus palabras, dice, llegaron a oídos de Díez y hasta allí llegó su relación. En ese momento, él aún no era eurodiputado. Accedió al Parlamento Europeo después de la salida del entonces portavoz, Francisco Sosa Wagner, que en verano apostó públicamente por una alianza con Ciudadanos. En pocas semanas, UPD le desbancó de la portavocía y él decidió abandonar el partido. Corría el mes de agosto y, en reacción a la salida de Sosa Wagner, Calvet fue uno de los miembros de UPD que pidió abiertamente un congreso extraordinario para volver a renovar cargos, que habían sido confirmados unos meses antes. Esta demanda no tuvo ningún eco y esa corriente se transforma ahora en una propuesta para refundar UPD. Calvet y Maura mantienen hoy una relación más estrecha con Sosa Wagner –y también con el exdirigente de Vox y exeurodiputado del PP Alejo Vidal Quadras– que con compañeros de su propio partido.
La desunión en la delegación en Bruselas se plasma en las reuniones de los lunes a las que, en principio, deben acudir sus cuatro miembros, aunque es frecuente la ausencia de Maura y Calvet, apunta la portavoz. “Yo soy una jefa de delegación muy inclusiva”, dice Pagazaurtundúa ante las ausencias de unos eurodiputados que, recuerda, tienen todos los medios de la delegación a su disposición “y los utilizan como quieren”. En la última semana también han salido a relucir reproches por la manera de justificar el gasto de las dietas de secretaría que la Eurocámara entrega a cada diputado y que no tienen por qué justificar. Rendir cuentas sobre estos gastos es una política de UPD con la que Calvet no está totalmente de acuerdo. Una de las primeras cosas que comunicó tras recoger su acta de eurodiputado en septiembre fue que él no facilitaría sus facturas al partido directamente, sino que contrataría a un auditor al margen de UPD para que acreditase el correcto uso del dinero.
“Se puede ser crítico. Y, si has evolucionado, no pasa nada, todo el mundo evoluciona, pero el nivel de crítica tiene un límite”, dice la portavoz. UPD mantiene la calma ante lo que Rosa Díez consideraba en una entrevista reciente “el tiempo libre” de sus eurodiputados. Inmerso ya en la precampaña, el partido no ha parado todavía a pensar en tomar posibles medidas contra ellos. “Por ahora no”, dicen en la formación.



