Apellidos raros "a mucha honra"
El cambio de los nombres de familia en caso de disputa conyugal podría acabar también con los más curiosos del padrón. Los afectados defienden su originalidad.
Fátima Chocho de la Cruz encontró hace años la receta para darle un aire de normalidad a lo que ella siempre ha llevado con orgullo. “Si lo oyes normal no es para tanto: C-h-o-c-h-o”, avisa de entrada deletreando su primer apellido. No es la primera vez que al otro lado del teléfono se encuentra con un avergonzado interlocutor que no le ha podido preguntar si está “la señora Chocho” en casa. “Y ahora di conmigo: ‘Cho-cho’. Ves como no es tan difícil”. Efectivamente, no es para tanto.
Ese raro apellido, que a Fátima le llegó ya hace muchos años por vía paterna, está repartido casi en su totalidad por varios pueblos canarios de La Palma y Tenerife. “Los peninsulares, sobre todo, se ríen, pero los de aquí no”, aclara esta mujer que comparte su nombre de familia con otros 122 españoles, según el último padrón del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Otras 116 personas lo llevan como segundo apellido y una, quién sabe dónde, cuenta con la peculiaridad de apellidarse Chocho Chocho. Casi nada. Fátima se ríe por primera vez. No conoce a ese posible pariente lejano ni tampoco el origen de su apellido, pero tiene claro una cosa: “Nunca he pensado en cambiármelo”, afirma con rotundidad.
En peligro de extinción.
En España hay ciudadanos que, por ejemplo, se apellidan Pene, Malo, Sarasa (hombre afeminado, según la Real Academia de la Lengua), Espantoso o Gol, y la iniciativa del Gobierno para modificar la ley del Registro Civil, con el fin de acabar con la primacía del apellido paterno en caso de disputa entre los padres a la hora de inscribir a un vástago, podría hacer de estos curiosos apellidos unas víctimas colaterales.
Su sonoridad no gusta a todos, lo que les hace estar en peligro de extinción ante una mayor probabilidad de que no se dé el consenso conyugal y haya que buscar una dolorosa alternativa. El Ejecutivo planteó en un primer momento que se utilice el criterio del orden alfabético si no hay acuerdo, pero ya ha dicho que está abierto a encontrar otras variantes más salomónicas durante el trámite parlamentario. Los expertos proponen un sorteo o lanzar una moneda al aire.
Hay gente que se aferra a un apellido con buenas dosis de determinismo histórico. Nuria Gol Blanco, “del Barça de toda la vida” pese a la combinación tan madridista que crearon sus padres, espera convencer a su hijo pequeño de cuatro años para que se cambie el orden de sus apellidos (Pérez Gol) cuando alcance la mayoría de edad. Teme perder este nombre de familia tan futbolístico, que procede de Navarra y que no se le pudo colocar de primero a su hijo porque antes de la reforma de 1999, que permitió dicho intercambio, había llegado a este mundo su hija mayor, quedando establecido el orden de los apellidos para ella y los que viniesen detrás.
En ocasiones son los propios hijos los que toman la iniciativa. Hay 501 españoles que llevan el apellido Espantoso, de origen gallego, de primero o segundo. “Son muchos años viviendo con este apellido”, afirma ya curada de espantos la esposa de Manuel Espantoso Valverde. Sus hijas lo pasaron “muy mal” en el colegio y se cambiaron de orden los apellidos al cumplir los 18 años. Sin embargo, su hijo siempre encaró bien las bromas y anécdotas de pequeño y mantiene el nombre de familia. Tanto que su primer retoño lo lleva también, “pese a que la madre tiene un apellido muy bonito”, y podían haberlos intercambiado en el momento de inscribirle en el registro.
Por partida doble.
Quienes quedan atados de por vida son aquellos con apellidos repetidos. Ana María Porro Porro se monda de risa al hablar de la herencia “tan divertida” que le dejaron sus padres, emigrantes extremeños que acabaron en Santa Coloma de Gramanet como muchos otros. “Lo tenía muy fastidiado para cambiármelo. Cuando estabas en la consulta del médico y te llamaban por el interfono ‘Señora Porro, pase adentro’... me quería morir, pero por el resto, nada, es un apellido simpático y a mis hijas les gusta”, cuenta a Tiempo a carcajada limpia.
Igual de orgulloso de sus orígenes heráldicos se siente Juan Malo Malo, nacido en un pueblecito de la provincia de Guadalajara y que ahora vive cerca de Valencia. “Antiguamente, como no se salía del pueblo, se acababan casando entre primos hermanos”, relata con voz pausada, fruto de la edad. El futuro cambio en la ley no le inmuta lo más mínimo: “Para mí es una honra ser un Malo Malo y mis hijos lo llevan muy bien”. Nada mala la respuesta.



