Antonio Miguel Carmona se reúne con los masones

04 / 03 / 2015 María Alba
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El candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid participa en una tenida blanca para hablar de la calidad de la democracia. 

Esto se había visto muy pocas veces en la España contemporánea. El candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, Antonio Miguel Carmona, participó en la tarde del pasado 18 de febrero en una reunión masónica en Madrid. El acto fue organizado por la logia Arte Real, de la Gran Logia Simbólica Española (GLSE), una de las organizaciones de la masonería liberal española. El encuentro tuvo lugar en el mayor taller masónico de Madrid, situado en el barrio de Canillejas y cedido por el Gran Oriente Latinoamericano.

Carmona, que no es masón, fue el invitado principal en lo que los francmasones llaman una “tenida blanca cerrada”. Esto es, un encuentro en el que todos los presentes son masones salvo uno: el invitado, que acude para pronunciar una conferencia sobre un tema previamente acordado y que luego se somete a las preguntas de los presentes. Carmona habló sobre ética y municipalismo ante casi 80 hermanos de numerosas organizaciones masónicas españolas, invitados por la logia Arte Real. El diálogo posterior debió de ser interesante: el político socialista llegó más de una hora tarde a una cena que tenía después, con compañeros de partido, tras casi dos horas y media de intenso debate con los masones.

¿Por qué acudió Antonio Miguel Carmona a un acto tan poco habitual en la agenda de los políticos españoles? ¿Quiere esto decir que la masonería apoya a Carmona, o viceversa?

“En absoluto –dice un miembro de la logia Arte Real–; la masonería no puede apoyar ni condenar a ningún partido ni candidato, porque en las logias hay hombres y mujeres de muchos partidos, opiniones políticas y creencias religiosas diferentes. Lo que nosotros queríamos era escuchar y preguntar a Antonio Carmona no sobre los problemas que pueda tener en su partido, o sobre si va a pactar con unos o con otros, o qué estrategia va a seguir. No es eso, en masonería no se habla de partidos ni de política pequeña. Le invitamos para que nos diese su visión sobre las cosas que nos interesan a todos, seamos del partido que seamos. Esto es, cómo mejorar la calidad de la democracia, la defensa de los derechos civiles, la preservación de la convivencia, el combate contra la creciente desigualdad entre los ciudadanos, sus ideas para eliminar las cada vez mayores bolsas de exclusión social, la sanidad, la educación de todos, la lucha contra la corrupción, el espacio laico y común para la convivencia de todos... No se trataba de un acto político ni de un mitin ni de nada parecido. Los masones no estábamos allí para aplaudir ni para ser convencidos de nada. Cada uno habrá sacado sus propias conclusiones, como es natural. De eso se trataba”.

Hay pocos precedentes en España de presencia de políticos en tenidas masónicas. En algunas logias grandes y veteranas de Barcelona, como Minerva i Lleialtat (también de la GLSE), estuvieron en tiempos pasados algunos representantes políticos catalanes.

En Francia es habitual.

Pero esto es algo absolutamente corriente en países como Francia. Es sabido que, cada vez que hay elecciones a la presidencia de la República, la dirección del Gran Oriente de Francia (GOdF, la mayor organización masónica continental) invita a los candidatos a visitar su sede para “pasar un examen” de compromiso cívico y valores democráticos. Van casi todos, aunque es verdad que la extrema derecha no acude nunca. Pero eso es algo que también se hace en decenas de logias más pequeñas. Los masones de Arte Real tomaron el ejemplo de la logia Les Fervents du Travail, que trabajan en la pequeña ciudad de Montargis, 100 kilómetros al sur de París. Allí, cada vez que hay elecciones a lo que sea (municipio, departamento, Asamblea Nacional, etcétera), la logia envía un cuestionario a los candidatos preguntándoles por su compromiso con la defensa de los valores democráticos. A los que contestan, les invitan a acudir personalmente a la logia. “Y aquellos que deciden ir se encuentran un acto casi exactamente igual al que nosotros hemos tenido con Antonio Carmona”, concluye el miembro de la logia madrileña; “es lo más normal del mundo en países donde la democracia y la masonería tienen una tradición de normalidad mucho más larga que la española”, dice.

“Se esté de acuerdo con él o no -continúa el hermano de Arte Real- nadie que le conozca puede ignorar que Antonio Carmona es un hombre de gran cultura y sabe bien cómo funcionan las cosas en otros países. Conoce la democracia francesa y sabe que allí la masonería tiene una tradición de tres siglos en la defensa de los valores democráticos. Es una institución profundamente respetada y los políticos lo saben, la tienen por una especie de termómetro de la salud democrática de la República. Por eso van. Un maestro masón francés, belga, inglés o alemán pone ese dato en su curriculum vitae: le otorga un plus de seriedad y fiabilidad. Aquí, como usted ve, no nos hacemos siquiera fotos: no sería la primera vez que alguno de nosotros tiene problemas personales, o incluso laborales, si se sabe que es masón o masona. Así andamos aún. Pero tenidas como esta, en la que el señor Carmona ha accedido con toda cordialidad a nuestra invitación y no ha tenido inconveniente en que se difunda su presencia en la logia, ayudan a que nuestra institución sea vista con la normalidad con que se la ve en la mayoría de los países civilizados. Confiamos en que no sea el último”, remata.

Carmona salió “encantado” de la experiencia (a pesar de la gripe que llevaba), porque el debate fue de gran altura. Es posible que pronto repita en otras logias y, de momento, se llevó un recuerdo: una corbata negra estampada con escuadras y compases, símbolos tradicionales de la masonería.

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