Andalucía tira de calculadora electoral

21 / 04 / 2014 Luis Calvo
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La crisis por el realojo de 22 familias expulsadas de una casa okupada resucita en Andalucía los fantasmas del adelanto electoral. Tanto PSOE como IU hacen cuentas sobre el momento que más les conviene.

La presidenta andaluza, Susana Díaz, superó la pasada semana la primera crisis importante del Ejecutivo que comparte con Izquierda Unida. Tras una semana de lucha de poder en que el Gobierno estuvo al borde de la ruptura, las aguas vuelven esta semana poco a poco a su cauce. A nadie se le escapa que la pregunta sin embargo es: ¿por cuánto tiempo? El lunes, mientras Díaz anunciaba que había descartado un adelanto electoral, en las sedes del PP e IU aún hacían cuentas sobre cuándo podrían celebrarse los comicios. La propia presidenta reconoció que durante algunos momentos de la crisis contempló la opción de ir a las urnas. Finalmente reculó y dio, al menos en parte, la razón a su socio.

Aunque sirvió para superar la crisis, en el PSOE saben que la presidenta se ha dejado pelos en la gatera y no creen que esto vaya a parar aquí. Más que la paz, lo que los socialistas han conseguido firmar  este fin de semana es un frágil armisticio. La crisis que desató el desalojo de la corrala Utopía (ver recuadro) podría no ser más que la primera batalla de una larga guerra que no puede acabar más que en un enfrentamiento electoral. Si este se produce según el calendario oficial (marzo de 2016) o antes, dependerá de los cálculos de ambos partidos. 

La oposición en el Gobierno.

En el entorno de IU reconocen que la foto junto al PSOE nunca les ha convenido electoralmente a largo plazo. En la coalición son conscientes de que a medida que se agote la legislatura necesitarán separarse cada vez más del guion que marca Díaz y ejercer como oposición en la sombra. Muchos de sus votantes esperan que la formación sea capaz de torcer la voluntad del todopoderoso PSOE andaluz y forzar políticas a la izquierda de los socialistas. Y cuanto más trate de jugar ese papel IU, más problemas surgirán en el Ejecutivo de Díaz.

En esta estrategia juega un papel fundamental el coordinador de la coalición en Andalucía, Antonio Maíllo. Fue él quien llevó la crisis de la pasada semana hasta sus últimas consecuencias. Al contrario que su antecesor, Diego Valderas, con quien Susana Díaz negoció el pacto de Gobierno que subió a José Antonio Griñán a la presidencia en 2012, Maíllo nunca ha mantenido una relación estrecha con la presidenta. Al contrario. Aunque guardan las formas, ninguno de los dos esconde que la relación es distante. El coordinador de IU no ha querido ocupar un puesto en el Gobierno andaluz y se siente completamente libre para presionar al Ejecutivo según convenga a su partido. El jueves, cuando la presidenta suspendió las competencias en vivienda protegida a la Consejería de Fomento, en manos de IU, a Maíllo no le tembló el pulso. Respondió al envite de Díaz con un órdago. Y ganó.

Los tiempos le beneficiaban. Los socialistas no quieren forzar elecciones sin tener la seguridad de conseguir mayoría absoluta. Aunque el PSOE ocuparía ahora  de nuevo el puesto de fuerza más votada que perdió en 2012 Griñán, sigue todavía lejos de ese objetivo. Así las cosas, Díaz no se puede permitir perder el apoyo de la coalición a medio plazo.  Una convocatoria por sorpresa podría hacer peligrar la reedición del pacto de legislatura con Izquierda Unida y apearla de la presidencia en sus primeras elecciones. Sin embargo, y a pesar de todos los argumentos, nadie se atreve a descartar un adelanto en cuanto los sondeos mejoren para el PSOE. La presidenta no oculta que le gustaría tener las manos libres para poder llevar a cabo las políticas que le plazcan, sin presiones desde su propio Gobierno. Si las circunstancias cambian, los socialistas no desperdiciarán la oportunidad. En ello tendrá mucho que ver el nuevo candidato del PP a la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. En febrero fue elegido a toda prisa bajo la amenaza de convocatoria de elecciones. Como funcione en las encuestas será determinante para la decisión. 

Algunas fuentes de IU temen incluso que, si las cosas van bien para los socialistas, haya una fecha señalada desde el palacio de San Telmo, sede de la presidencia de la Junta: la de las elecciones municipales, en mayo de 2015. Creen que la movilización propia de unos comicios de ámbito nacional serviría al PSOE para pedir el voto útil, una campaña orquestada en términos de Gobierno u oposición, algo que dejaría fuera de juego a la tercera fuerza política del país.

Revulsivo en el PSOE.

Hay un factor más a tener en cuenta y no tiene que ver con Andalucía sino con Madrid. Desde el equipo de Díaz nunca han negado que la presidenta tenga ambiciones más allá de Sevilla. Las primarias de noviembre podrían dejar una ganadora inesperada: la presidenta de la Junta de Andalucía.

Mientras los candidatos se embarcan en una lucha sin cuartel, Díaz observará desde la barrera, en el papel de árbitro, y sin que le salpique el barro. Si el candidato ganador sale sin un fuerte respaldo y se estrella en las generales de 2015, sería el momento perfecto para que apareciera una figura potente a rescatar al partido. Y además sería sin primarias, un sistema del que la presidenta desconfía. Solo unos meses después de las generales está previsto un congreso ordinario, el XXIX. Acostumbrada a manejar el aparato del PSOE andaluz, la federación socialista más potente, y sin un rival avalado por las urnas, sería casi imposible que Díaz perdiera esa batalla.

El cuento de la lechera tiene un solo pero. En noviembre de 2015, fecha de las próximas generales, Díaz seguirá siendo la mujer que heredó el cargo de su padre político, el expresidente José Antonio Griñán. Sin adelantos, las elecciones  andaluzas deberían celebrarse en marzo de 2016, demasiado tarde para poder presentarse ante sus compañeros como la primera mujer que gana la presidencia de Andalucía en las urnas.

Incluso sin tener amarrada la mayoría absoluta y siempre que no se rompieran los puentes con IU, los comicios le servirían para legitimarse. Hasta entonces, en Andalucía las calculadoras seguirán echando humos.

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