Álvarez-Cascos, SL
Con información de Javier Otero.
Desde que abandonó la política en 2004, el ex ministro ha desarrollado una intensa actividad empresarial que ahora pasa por horas bajas.
El pasado 2 de enero, Francisco Álvarez-Cascos se expresó con claridad sobre cuáles eran los motivos por los que había decidido manifestar al PP su “disponibilidad” para encabezar la candidatura de su ya ex partido a la presidencia del Principado de Asturias. Según explicó, él simplemente se dejó llevar por la “marea creciente” de asturianos -afiliados y no afiliados al PP- que le pedía que volviera a la primera línea de la política para “recuperar el orgullo de sentirse asturianos”.
Sin embargo, una declaración tan prosaica no ha satisfecho la curiosidad de unos y otros acerca de los verdaderos motivos por los que uno de los políticos que más poder ha tenido durante la etapa democrática y asociado para siempre a la refundación del centro-derecha en España ha intentado, sin éxito de momento, regresar a la vida política después de más de seis años. Más aún cuando su vida había dado un giro de 180 grados desde que decidió dar “un paso atrás” en 2004 y cuando desde entonces su acercamiento al Principado de Asturias -el mismo que aún no ha perdido la esperanza de presidir- se ciñó a una cuestión meramente familiar, puesto que él ha seguido afincado en Madrid.
¿Por qué querría volver ahora Álvarez-
Cascos a la vida política? Los motivos con los que especulan unos y otros van desde quienes creen que verdaderamente quería encabezar la regeneración política que, según sus seguidores, necesita Asturias, a quienes piensan que simplemente busca convertirse en aforado, pasando por quienes sospechan que la mala marcha de sus empresas está detrás de sus movimientos actuales.
Las dos últimas hipótesis tienen que ver con la vida que ha llevado Álvarez-Cascos desde marzo de 2004, donde sus eternas desavenencias con el PP asturiano, que ahora se ha cobrado su cabeza, su vida sentimental y una nueva faceta de empresario han estado entrelazadas.
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Recién celebradas las elecciones que dieron la primera victoria a José Luis Rodríguez Zapatero, Álvarez-Cascos reconoció que el PP cambiaba de época y emuló los pasos de José María Aznar retirándose de la primera línea de fuego de la política. Poco después, en 2005 su enemistad con la dirección del PP asturiano subía a un nuevo nivel. Si el punto de inflexión se había producido en 1998, con la expulsión del entonces presidente asturiano, Sergio Marqués, por decisión de los órganos disciplinarios del PP del que Álvarez-Cascos era secretario general, siete años después las espadas seguían en alto. Cascos denunció al PP de Gijón, cuya presidenta, la también diputada nacional Pilar Fernández Pardo, es una de sus más conocidas adversarias, por haber abandonado en la calle documentos que contenían datos personales suyos. Aunque la Agencia de Protección de Datos archivó la denuncia, el ex ministro se dio de baja como militante en Gijón y trasladó su carnet del partido a Madrid.
Arte y construcción.
En estos años hubo más mudanzas. También en 2004 se divorció de su segunda esposa, Gema Ruiz, para casarse, a principios de 2006, con María Porto, que por aquel entonces era directora general de la prestigiosa galería Marlborough.
Es entonces cuando empieza la actividad en el sector privado de Álvarez-Cascos, que desde entonces ha sido administrador único, socio o miembro del consejo de administración de hasta siete entidades (ver gráfico en página 36), en las que también participan su esposa y dos de sus hijos mayores, nacidos de su primer matrimonio, con Elisa Fernández-Escandón.
Según consta en los balances entregados al Registro Mercantil, son un total de siete empresas -una de ellas, Mediasport, ya sin actividad- en los sectores del arte y de la promoción urbanística. La mayoría de estas compañías se constituyeron después de que Álvarez-Cascos y Porto se casaran, en enero de 2006, y a través de ellas el matrimonio desempeñó su trabajo en sus respectivas áreas de experiencia: Porto se dedicó a la organización y promoción de exposiciones artísticas a través de Aqualium Spain, mientras que Álvarez-Cascos aprovechó su conocimiento como ingeniero de Caminos y sus contactos como ex ministro de Fomento para lanzarse al sector de la promoción y la construcción, precisamente en los años en los que la burbuja inmobiliaria alcanzó sus mayores cotas de éxito antes de estallar.
Álvarez-Cascos hizo valer sus buenos contactos como ex ministro especialmente con Spineq Europe, la sociedad que fundó en 2008 para asesorar a grandes empresas inmobiliarias que querían invertir en los países del Este de Europa, sobre los que entonces caía una lluvia de millones de euros de fondos comunitarios debido a su entonces recién entrada a la Unión Europea, o en países candidatos a la adhesión, dotados también con fondos europeos.
La empresa matriz del sistema empresarial de los Álvarez-Cascos-Porto se llama Unalia Spain y, según consta en el Registro Mercantil, tiene por objeto social la adquisición, administración y gestión de títulos y acciones. Cascos y Porto son accionistas al 50%.
Esta empresa es, a su vez, propietaria de Aqualium Spain, de la que Porto es administradora única y que se dedica, según consta, a la “compraventa de objetos de arte”. También de Tecnas, SL, la compañía más antigua, activa desde 1977 y perteneciente a la familia Álvarez-
Cascos -su hijo mayor, Pablo, figura como secretario general del consejo de administración-, que en 2006 cambió su domicilio social desde Gijón a la dirección de Madrid donde están domiciliadas el resto de las compañías del matrimonio. Se dedica a un amplio abanico de actividades: desde la promoción y construcción, la elaboración de informes y dictámenes sobre planes de urbanismo o la rehabilitación a la prestación de servicios de asesoramiento o el diseño y análisis de gestión empresarial. Tecnas, a su vez, es propietaria de otras cuatro empresas, de la que la más señalada es Cinqualium, dedicada a las “actividades inmobiliarias” y cuyo único administrador es Álvarez-Cascos. A su vez, Cinqualium es socio único, y viceversa, de la empresa de su mujer, Aqualium Spain.
El problema es que, como hace días admitía el propio ex ministro, la crisis afecta a todos, también al matrimonio Cascos-Porto. En los dos últimos ejercicios, correspondientes a los años 2008 y 2009, la única de las compañías que obtuvo un saldo positivo fue Tecnas, SL, que en 2008 obtuvo un beneficio de 41.748 euros y en 2009, de 29.343 euros. Para el resto, sólo hubo números rojos. En 2009 Cinqualium registró pérdidas de 20.157 euros, que se sumaron a las pérdidas de 24.915 euros de 2008, mientras que las cuentas de Aqualium arrojaron un saldo negativo de 90.017 euros, mayor aún que las pérdidas de 19.579 euros con que cerró 2008. Aunque de manera mucho más testimonial, Unalia tampoco escapó a los números rojos: tuvo pérdidas de 80,19 euros en 2009 y de 59,00 euros en 2008.
Alto directivo.
Desde 2008, el ex ministro es presidente en España de la filial de la empresa mejicana de soluciones tecnológicas Softtek, que, si bien vio en su fichaje una oportunidad de extender su actividad por el norte del país y otros países de Europa, durante este tiempo no ha obtenido contrato alguno con el Gobierno asturiano, según afirman fuentes del Principado.
Estos malos resultados empresariales han motivado que haya quienes vean detrás de los intentos de Álvarez-Cascos un móvil económico, algo de lo que, sin embargo, dudan algunos de sus detractores. Cascos no tendría demasiada fortuna, puesto que el presidente asturiano es el que menos cobra de todos los presidentes autonómicos, 64.000 euros anuales brutos.
Por otra parte, estas mismas fuentes señalan que si quisiera volver a la política tan sólo por asegurarse un sueldo -al menos de parlamentario regional-, no se explica tampoco que haya renunciado a él dando un portazo en el Partido Popular, cuando de otra manera habría ido en un puesto de la lista electoral que le habría asegurado un escaño en la Junta General del Principado. En todo caso, consideran que “no es dinero” para el ex ministro.
Si no se trata de dinero ni de la regeneración de Asturias, la tercera hipótesis es que Álvarez-Cascos busca volver a ser aforado, es decir, gozar del privilegio judicial que tienen los cargos electos, que sólo pueden ser juzgados por tribunales superiores de justicia y tras haber obtenido una autorización que suele emanar de los propios políticos. En muchas ocasiones esta figura, que el Tribunal Constitucional considera una garantía para el ejercicio de la política, se convierte en un elemento ralentizador de procesos contra políticos, en los que, en todo caso, Álvarez-Cascos, no tendría por qué verse inmerso.



