Alonso, Maroto y Oyarzábal: el clan vasco del PP

15 / 07 / 2015 Clara Pinar
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En Vitoria fueron cachorros de Rabaneda y Basagoiti’s boys, y Rajoy los ha vuelto a unir en Madrid.

Iñaki Oyarzábal, Javier Maroto y Alfonso Alonso (de izquierda a derecha) en Vitoria.

La llegada a la dirección del PP de Javier Maroto ha completado el desembarco en el PP nacional de un grupo de amigos forjados en el PP vasco de Vitoria, la única plaza vasca donde los populares han gobernado. El día que Mariano Rajoy anunció ante la ejecutiva del PP que Maroto sería vicesecretario sectorial, dos personas presentes en la sala se alegraron especialmente. Y no lo ocultaron después ante los periodistas. El ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, y el secretario de Justicia, Derechos y Libertades, Iñaki Oyarzábal, traían a Madrid a su amigo, que tras ganar las elecciones se quedó sin revalidar la alcaldía por un pacto de última hora entre PNV y Bildu. La “versión colateral” de su nombramiento que corre por la capital alavesa es que Rajoy le “rescató para que no andara rabiando por las calles de Vitoria”. Maroto se ha unido en Madrid a Alonso, uno de los escuderos de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, y el que de momento más alto ha llegado. También a Oyarzábal, que en 2012 accedió a su actual puesto de responsabilidad en Génova como un símbolo del peso político que entonces tenían Antonio Basagoiti y el PP vasco que presidía. Ahora Oyarzábal trabaja a las órdenes de Maroto en la segunda planta de la sede de la calle Génova, donde también se ha incorporado Rafa Laza, jefe de campaña y jefe de gabinete de Maroto en Vitoria, lo seguirá siendo en Madrid.

Orígenes en Vitoria. Pero el inicio de esta amistad está en Vitoria. Concretamente, en el PP alavés. En la ciudad hay tres colegios privados masculinos para las familias de clase media-alta. Curiosamente, cada uno fue a uno. Maroto, a San Viator; Alonso, a los Marianistas; y Oyarzábal, a los Corazonistas. No fueron compañeros de colegio pero sí de partido y de ayuntamiento. Tanto es así que hace unos meses Alonso y Maroto pagaron junto a otros seis concejales del PP una fianza de 440.000 euros para cerrar el caso del Tribunal de Cuentas sobre el arrendamiento municipal durante 20 años de un inmueble por un coste muy superior a su valor. Maroto dice que en el nuevo propósito del PP de ser cercano a los ciudadanos, “debe hablarles como se hace en los ayuntamientos”. Él conoce bien el de Vitoria, donde Oyarzábal fue el primero en llegar. Se convirtió en concejal en 1995, con 29 años. Un año más tarde, también con 29, llegó Alonso y en 1999 lo hacía el benjamín, Maroto, que ahora tiene 39. Los dos últimos han sido alcaldes desde 1999 a 2015, excepto durante el mandato socialista de Patxi Lazcoz, de 2007 a 2011.De aquella época es su apodo de los cachorros de Rabaneda, por Ramón Rabaneda, entonces presidente del PP alavés. Su preferido siempre fue Alonso, como se demostró cuando fue elegido candidato a la alcaldía en 1999. Los tres eran conscientes y lo asumían sin problemas. Es más, ahí empezó a forjarse una amistad que avanzó cuando pasaron a formar parte del PP vasco con el que Basagoiti abría una nueva época frente a los halcones de Jaime Mayor Oreja y María San Gil. Junto a Borja Sémper, pasaron a ser llamados los Basagoiti’s boys, con posturas distintas al cariz más conservador del PP, como la defensa del matrimonio homosexual o una actitud “menos beligerante” frente al nacionalismo vasco. De los tres, el más duro contra el PNV es Maroto. Basagoiti dejó la política y llegó a la presidencia del PP vasco Arantza Quiroga, con la que, una vez más haciendo piña, ninguno mantiene excelentes relaciones desde que se enfrentara a ellos para que Oyarzábal dejara de ser secretario general de los populares vascos. Pero ya los tres viven las tensiones con su lideresa desde Madrid.

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