Ada Colau tendrá que esperar
La formación de Gobierno en Cataluña ha aplazado la creación de una nueva candidatura de confluencia de izquierdas en la que Ada Colau no hubiera sido candidata
La investidura in extremis del nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña no solo sorprendió al primer afectado, Carles Puigdemont, a los grupos del Parlament, a ciudadanos y comentaristas de todo pelaje. El acuerdo entre Junts pel Sí (JxS) y la CUP para no ir de nuevo a unas elecciones trastocó los planes que ya había empezado a hacer Barcelona en Comù (BeC). En vista de los acontecimientos, la formación de Ada Colau, líder de la izquierda no independentista catalana, ya preparaba próximos pasos electorales, la búsqueda de compañeros de viaje y de un candidato que ahora tendrán que esperar.
Colau no pensaba presentarse como candidata a la Generalitat, un rumor al que ella misma salió al paso con tres tuits en los que dejó claro que es “alcaldesa de Barcelona con mucho orgullo, compromiso y responsabilidad” y que nunca pensó en la alcaldía como “un paso instrumental”. “Barcelona en Comù aún no ha debatido el nuevo escenario” que se hubiera abierto si Artur Mas hubiera convocado elecciones. “Si hubiera elecciones, se valorará colectivamente nuestra implicación”, zanjaba la alcaldesa en su cuenta de Twitter en los días en los que BeC sí tenía tomada una decisión, la de empezar a debatir sobre la conveniencia de reeditar una candidatura de confluencia con Podemos, ICV y otras fuerzas a imagen del En Comù Podem, con la que quedaron como primera fuerza catalana el 20-D.
Varias fuentes de BeC afirman que días antes de que se aceleraran los acontecimientos que de-sembocaron en la investidura de Puigdemont, el plan era abordar la cuestión de si presentarse a las nuevas elecciones en confluencia con otras fuerzas en una reunión de la coordinadora de BeC prevista para la semana que viene y que días después de la investidura del nuevo president no se sabe cuándo se celebrará. “Sí que estaba pensando abordarse, ahora no hay tanta urgencia”, dicen en la formación de Colau.
Las conversaciones no solo eran internas, sino que también habían empezado a producirse contactos fuera. “Se había comenzado a hablar en espacios informales, pero no se habían dado movimientos, estábamos a la espera de que se terminara de resolver la cuestión” de la investidura, recuerda Ernest Marco, miembro de la coordinadora, de donde salen propuestas que luego votan los centenares de miembros de BeC en plenario. Lo que no le constan de ninguna manera son los contactos con una parte de la CUP y de ERC, sobre los que ha habido rumores. “Estábamos a la espera de que pasara el plazo y en función de si se convocaban elecciones, activar la maquinaria para pensar si esta vez se iba y en qué condiciones”, indica Marco.
La formación a última hora del Gobierno catalán ha frenado los preparativos que Colau ya preveía para seguir jugando un rol dentro de la izquierda catalana que no ha dejado de crecer desde que en mayo fue elegida alcaldesa de Barcelona. Ni en su entorno ni en otros partidos se dan por buenos los “rumores y titulares confusos” que apuntaban a que ella aspiraba a ser presidenta de la Generalitat. Su papel es otro, más centrado en “avalar” a otros candidatos, a los que el mero respaldo de Colau puede servir para ser primera fuerza en Cataluña.
Las dos últimas elecciones en las que han participado los catalanes son un ejemplo claro de la influencia de Colau. En las autonómicas del 27-S, BeC se mantuvo al margen. No participó en Catalunya Sí que es Pot, una candidatura de confluencia que lideró Podemos y a cuya cabeza situó a un desconocido Lluís Rabell. Quedaron en cuarto lugar después de JxS, Ciudadanos y el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC). Quizá porque era una marca electoral difícil de retener –en los días previos a los comicios se temía que muchos votantes la confundieran con JxS– o porque el candidato no era conocido, lo cierto es que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, no quiso repetir el patinazo y, de cara a las generales, pasó al ataque para que Colau participara en la candidatura. Lo consiguió, pero no le salió gratis. BeC sometió este movimiento dos veces a votación de sus militantes, que en la segunda ocasión aceptaron imponer las “condiciones” propuestas por Colau: En Comú iría por delante de Podem en el nombre de la candidatura, querían un grupo parlamentario propio en el Congreso y ellos designarían al cabeza de lista. La persona elegida fue Xavier Domènech, historiador y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, ajeno a la órbita de Podemos, miembro de BeC y que hasta entonces trabajaba en la alcaldía de la Ciudad Condal como responsable de la Comisión de Memoria Histórica.
Cuando se retomen los contactos de cara a acordar con otras formaciones una nueva candidatura de confluencia para las próximas elecciones catalanas, el entorno de Colau da por supuesto que la alcaldesa desempeñará el mismo papel, que consiste en “avalar o apoyar una candidatura”. Con Domènech, conocido en ámbitos del activismo barcelonés pero desconocido para el votante en general, funcionó. La diferencia entre una candidatura de confluencia de izquierdas respaldada o no por Colau es que en un caso ganó las elecciones y en el otro, quedó cuarta. Si antes del 20-D las bases de BeC secundaron su propuesta con la “inmensa mayoría” de votos a favor, se da por descontado que ocurrirá lo mismo en el futuro. No se calculan cuatro años de legislatura sino, en el más largo de los casos, los 18 meses que fija la hoja de ruta independentista.
Colau vive un momento dulce. Ostenta el mayor puesto de representación pública de su formación y no hay fisuras en torno a sus propuestas. Por ahora no se avista en el horizonte que los militantes de BeC voten en contra de una propuesta suya. “La pregunta sería al revés. Ada no plantearía algo si no pasara antes por ese proceso de toma de decisiones, se cuida mucho de decir cosas que comprometan a BeC”, dice Marcos.
A pesar de ello, Colau ya ha tenido que gestionar diferencias dentro de su grupo municipal. Tres de sus concejales, incluido su número dos, Gerardo Pissarello, pidieron el voto para la CUP y su proyecto de ruptura en las elecciones del 27 de septiembre, en las que Colau prefirió mantenerse al margen. Evitó respaldar la candidatura de Podemos, que pasaba por encima de una cuestión territorial que, tras su decisión de implicarse en En Comù Podem, se ha convertido en línea roja entre Iglesias y el PSOE para intentar llegar a un acuerdo de investidura en Madrid. Ante estas diferencias, el portavoz del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Alberto Fernández, cree que, a la hora de avalar una candidatura autonómica, Colau tendrá que considerar cómo resuelve el “difícil equilibrio”, entre quienes en su formación defienden la independencia y quienes solo están por el derecho a decidir.
BeC es una de las “fuerzas hermanas del cambio”, tal y como llama Iglesias a formaciones en la esfera de Podemos que han formado coaliciones en Cataluña, Galicia o la Comunidad Valenciana. Sin embargo, el líder de Podemos se cuida más de afianzar, o al menos de hacer más visible, su relación con Colau, a la que antes de ser elegida alcaldesa convirtió en uno de sus referentes. En la pasada campaña de las generales intentó que participase en cuantos más actos, muchos fuera de Cataluña, mejor. Dos días después de que la investidura de Puigdemont confirmara que de momento no habrá más elecciones en Cataluña, Iglesias aprovechó un encuentro previsto con círculos catalanes de Podemos para reunirse en Barcelona con la alcaldesa y también con Domènech. Se habló de las negociaciones en curso en el Congreso de los Diputados y, según añadió Iglesias después, hablaron también de “posibles escenarios de futuro”.
También acudió recientemente a la sede de BeC el líder del PSC, Miquel Iceta. Como ocurre entre formaciones que tienen una relación “normal”, fuentes del PSC apuntan a que el encuentro fue en territorio de Colau como otras veces ha sido en el de Iceta. No se vio con ella, sino con Domènech, y hablaron del grupo propio en el Congreso, que el PSC tuvo hace años y que ahora se negaba a En Comù Podem, y del referéndum. No hubo acuerdo ni conclusiones sobre un tema tan espinoso pero al menos hablaron. “No damos por hecho que el que alguien nos escuche quiera decir que vaya a variar su opinión, pero está dispuesto a hablar”, dicen fuentes socialistas. Además de cuestiones de política nacional, también había cosas que, si no tratar, cuanto menos escenificar en relación a la alcaldía de Barcelona, en manos de Colau gracias al apoyo, entre otros grupos, del PSC. Iceta ha manifestado su deseo de que el PSC entre en el Gobierno municipal para darle estabilidad, una maniobra que en el PP se ve como “el suicidio de Colau”, que desde que es alcaldesa está deshaciendo muchas políticas que pusieron en marcha los socialistas. Con un Gobierno en Madrid por acordar, el momento ahora para esta eventual colaboración también es de espera.
El liderazgo de la alcaldesa podría hacer de ella una figura parecida a la de una baronesa, en términos de la política tradicional. Según el barómetro de diciembre del ayuntamiento, los barceloneses están más contentos con la gestión que hace su consistorio que con la de la Generalitat o, peor aún, la del Gobierno central. Aunque el exalcalde Xavier Trías la supera en el índice de aprobación (5,3% frente a 5,2%), siete meses después de las elecciones, más de un 3% más de ciudadanos de los que realmente la votaron dice haber escogido su papeleta en las elecciones de mayo.
Ni el PP ni el PSC comparan su figura como la Susana Díaz de la nueva política, aunque reconocen su liderazgo. “Es la alcaldesa de Barcelona y eso le da una posición importante en Cataluña y en España como punto de partida”, cree Fernández. “El liderazgo es innegable pero el modelo territorial de las organizaciones políticas en casos como Podemos y las distintas candidaturas en los territorios no son el de un partido convencional”, dicen en el PSC. En BeC hablan de una especie de simbiosis entre el liderazgo de Colau y el resto de la militancia que de momento no ha dado lugar a diferencias. En En Comù Podem niegan que la alcaldesa intervenga en los asuntos de la candidatura más que los líderes del resto de formaciones que la componen.
Gracias al respiro electoral que ha dado la investidura de Puigdemont a Cataluña, Colau tendrá más tiempo para decidir si proponer a su formación dar el paso y presentar una candidatura a la Generalitat. Y con qué compañeros. Después, debería buscar un candidato a president al que ungir con su apoyo, algo que en BeC dan por hecho que haría. Porque, siete meses después de llegar a la alcaldía sigue siendo tan cauta como siempre. Marcos, amigo suyo desde los tiempos de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), dice que sigue vigente lo que dijo de ella en mayo: “No se lanza a la piscina sin estar segura de que hay agua y no se arriesga a decir algo que pueda tener consecuencias negativas”.



