Samanta Schweblin
La escritora argentina da un salto en su tercer volumen de cuentos y explora lo insólito en un nuevo territorio: el de la realidad absoluta.
Ha ganado el premio de narrativa Ribera del Duero con una colección de relatos: Siete casas vacías. ¿Por qué el título?
Porque cuando empecé a armar el libro me di cuenta de una cosa: todos los cuentos sucedían alrededor de las casas. No dentro, sino alrededor: en los jardines, pórticos, umbrales, con personajes que circulan sin alejarse pero sin entrar. Estos hogares se volvieron protagonistas, pero protagonistas ausentes. Son casas vacías literal y metafóricamente. Me gustaba este protagonismo del vacío.
Estos cuentos se mueven entonces en el ámbito irreal de los anteriores...
Siguen mi línea en el sentido de que tienen salidas insólitas o extrañas, pero a diferencia de los cuentos, los dos libros anteriores son absolutamente realistas. No tienen ningún guiño fantástico.
¿Se sorprende al caer en obsesiones o temas repetidos al sentarse a escribir?
Sorprender es la palabra, exactamente. Para mí, escribir un cuento es escribir un universo único que no está en relación a ningún otro cuento, que responde a sí mismo. Pero cuando siento que hay un libro de cuentos empiezo a encontrar todas estas conexiones. Como si en el fondo hubiera estado escribiendo muchas habitaciones que pertenecen a una única casa.



