Pablo De Zavala

18 / 04 / 2016 Hernando F.Calleja
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Director General de la Fundación Transición Española.

“La izquierda radical, cuando habla de segunda transición quiere decir primera ruptura” 

La Transición Española se refiere con precisión a un periodo político que arranca con la muerte del dictador Franco. Lo que se debate ahora es el fin de ese periodo y la presunción de vivir una segunda transición.

¿Estamos resignados a que la Transición lleve un numeral adosado, como los reyes o los papas?

El término segunda transición no es nuevo, aunque nuevos actores políticos abusen de él. Transición no deja de ser un sinónimo de reforma, que ahora se usa, por esos nuevos actores, como la necesidad de un cambio en la configuración del Estado, lo que llaman el nuevo Estado necesario. También se utiliza como un arma arrojadiza, tratando de anclarnos en el pasado, en vez de mirar al futuro.

Pero el término segunda transición, hasta hace poco tiempo, se utilizaba de un modo secuencial, como profundización o relectura de la Constitución, especialmente el Título VIII.

Fraga, en 1980 ya habló de segunda fase de la Transición cuando se produjo la moción de censura contra Adolfo Suárez. Luego, Nicolás Redondo Urbieta pidió una segunda transición para introducir un giro social, o sea, un sinónimo de concertación social. En 1986, con motivo de la entrada de España en la UE, Felipe González se refirió a una segunda transición; los nacionalismos de los 90 también piden una segunda transición, profundizando en el Título VIII. El propio Aznar tituló su libro La segunda transición. Pero hasta hace poco no se había utilizado como arma arrojadiza.

Esa arma arrojadiza de la que habla qué es, ¿una desmitificación de la Transición o que se abjura de lo que algunos llamamos los valores de la Transición?

Las críticas a la Transición existen desde los años setenta, aunque esas críticas venían desde la marginalidad. A partir de 2006 y de la Ley de Memoria Histórica, las críticas se elevan, señalando la supuesta impunidad de funcionarios que ejercieron durante el franquismo. Esto, unido a la crisis financiera y los casos de corrupción, da lugar a que, movimientos como el del 15-M, hablen de baja calidad democrática y culpen de ello a la manera en que se hizo la Transición.

O sea, que se trata de volver al dilema de reforma-ruptura, que fue el gran asunto del que se habló hasta la aprobación de la Constitución.

Eso que la izquierda radical ahora llama segunda transición esconde un anhelo de primera ruptura. Su pretensión es, sin duda, un cambio constitucional que implique un nuevo régimen político. Y para llegar a ello, hay que deslegitimar al régimen actual.

En los estudios que hace la Fundación Transición Española, ¿ha variado sustancialmente la valoración de los españoles sobre el periodo de la Transición?

Las encuestas que hemos encargado coinciden con las que realiza el CIS. En ambas, la percepción favorable sobre la Transición, desde 1995, es de un 79%, hasta que en 2012 baja al 72%. Distinta es la valoración sobre la calidad democrática, que ha bajado mucho más: de un 50% en 2002 a un 27% en 2012.

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