ACTOR.

Liam Neeson

07 / 01 / 2015 Gloria Scola
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Con dos películas en cartelera actualmente, Caminando entre las tumbas y En tercera persona, es hoy uno de los actores más sólidos y respetados del cine. 

 “En mi oficio a veces te sientes un impostor”

En los últimos tiempos, Liam Neeson (Ballymena, Irlanda del Norte, 7 de junio de 1952) se ha puesto las pilas de forma imparable: la serie de películas Venganza (de la que este mes llega la tercera entrega), Caminando entre las tumbas (proyectada en el festival de Zúrich), Non-Stop (del español Jaume Collet-Serra, que ya le dirigió en Sin Escalas, presentada en Berlín), The Prophet... Además, actualmente rueda en Cataluña a las órdenes del director de Lo imposible, Juan Antonio Bayona, Un monstruo viene a verme, en la que encarna al monstruo con la técnica de captura de movimiento. Ahora está en las pantallas con En tercera persona, drama dirigido por Paul Haggis y producido por Corsan, que ya se presentó en los festivales de Cannes y Toronto. Neeson interpreta a un escritor ganador del Pulitzer que, recluido en un hotel de París, ultima su nueva novela.

En tercera persona es una película plagada de trucos en la que se narran tres historias de amor.

Sí. El guion me pareció sorprendente precisamente porque está plagado de giros inesperados. Yo encarno a Michael, un escritor que mantiene una tórrida relación amorosa con una mujer arrebatadora. Ella quiere su éxito, porque desea ser escritora, y él, su valentía. Pero ambos necesitan ser amados.

¿Qué tal ha sido su experiencia con Olivia Wilde y con Paul Haggis?

Olivia no solo es una actriz bellísima y muy simpática, sino que tiene un gran talento, así que me resulta maravillosa. En cuanto a Paul [Haggis] es un director que no cambia el diálogo en absoluto –es también el guionista– pero proporciona libertad al actor para sentirse a gusto en la escena.

Tras su larga carrera, y siendo norirlandés, ¿ha resultado Hollywood ser lo que se esperaba?

¿Lo que me esperaba? Supongo que sí. Pero la verdad es que he visto muchos cambios desde que llegué ahí, a finales de los años 80. Ha cambiado de manera notable.

¿A mejor o a peor?

Bueno, por ejemplo, cuando a finales de los 80 conocías al ejecutivo de un estudio, Bruce, te decía: “Llámame el lunes”. Lo hacías, te lo pasaban y él decía: “Llámame el miércoles”. Y lo hacías y hablabas con él. Hoy en día hablas con Bruce el lunes, pero el miércoles llamas y hablas con Fred porque Bruce ya se ha ido a otro sitio. Y Fred te dice: “Llámame el viernes”. Y lo haces, y hablas con John, así que... nadie es consistente. Y todos tienen menos de veintitantos años. No tienen el cine en sus huesos, solo el aire fresco de la universidad. Y quieren ganar el mayor dinero posible.

¿Vive en Los Ángeles?

No. En Nueva York. Ya estuve cinco años en Los Ángeles en los 80 y eso fue suficiente.

¿Tiene nacionalidad irlandesa o estadounidense?

Ambas. Y lo utilizo [sonríe]. Voto.

¿Como candidato?

No. En la política no hay suficiente acción [ríe].

¿Cuál es su línea política? Demócratas, republicanos...

Ah, eso es demasiado fácil [sonríe]. Tengo mis preferencias.

Tengo entendido que admira profundamente a Steve McQueen. McQueen dijo una vez no estar seguro de que la interpretación fuera una profesión adecuada para un hombre, y usted dijo estar de acuerdo. ¿Por qué?

Porque entiendo lo que quería decir. Tiene que ver con tu propio ego y tu propio sentido de la vergüenza. A mí me encanta actuar y la interpretación, pero a veces estás ahí y la gente te aplaude, te dan un premio, y te sientes como un tramposo. Te premian por algo que, de hecho, te encanta hacer, y te sientes un impostor. Brando también decía cosas así, y era el mayor exponente de la interpretación naturalista. Él cambió la cara de la interpretación en el cine para cada actor del mundo. Y aun así, la flagelaba. Creía que era una profesión tonta.

Y usted, siendo hijo de una cocinera y sin que nadie en su familia se haya dedicado nunca al mundo artístico, ¿por qué quiso ser actor?

Porque me gustaba actuar, simplemente. Hice obras en el colegio y, cuando las hacía, me encantaba recitar frases que otros habían escrito y pretender que era otra persona. Me resultaba excitante.

¿Le sorprendió a su familia que se convirtiera en actor?

Oh, sí. Pero cuando se convirtió en una profesión de verdad y me empezaron a pagar por ello, vieron que ya... Pero, por supuesto, se mostraban muy preocupados. Porque no era un trabajo seguro.

¿Habrían estado menos preocupados si se hubiera convertido en boxeador?

Oh. No... Salí de todo eso a los 16 años. Sabía que no iba a seguir por ese camino. No era lo suficientemente bueno.

A veces hace papeles violentos. ¿Apoya a algún grupo antiviolento en Estados Unidos?

A ninguno en particular, pero desde luego apoyo el movimiento para reducir el número de armas. Sé que resulta paradójico porque actúo en películas que a veces aportan glamour a la violencia, pero estoy totalmente en contra de las armas.

Estuvo nominado al Oscar por La lista de Schindler, una película magnífica. ¿Qué es lo más llamativo de Steven Spielberg?

Creo que Steven, primero, tiene un amor apasionado por el cine, y La lista de Schindler fue la primera pelícu-la que hizo sin storyboard, así que sé que estaba muy nervioso por eso. Porque hasta entonces, todas las películas tenían storyboard y el reparto podía ver las escenas que iba a haber en la película. Había dibujos. Así que como en La lista de Schindler no los había, los primeros días, y las primeras semanas, Steven estaba muy vulnerable.

Porque era una historia personal. La de los judíos.

Sí, exacto, y además llevaba muchos años intentando conseguir el guion perfecto, adecuado. Y no cambiamos ni una coma de ese guion. Y es precioso. Y Steven estaba todo el tiempo corriendo con la cámara... “Vamos, vamos”...

Por último, sería interesante hacer una continuación de La lista de Schindler y ver su vida después de la guerra...

Sí, no lo había pensado. La verdad es que sí. Con su mujer...

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