Leopoldo Abadía
Se dio a conocer con ‘La crisis ninja y otros misterios de la economía actual’. Se le entendía todo hablando de economía. Explicaba el déficit y la deuda diciendo que no se puede estirar el brazo más que la manga y que de donde no hay no se puede sacar. Arrasó con el libro. Ahora, a sus 81 años, ha publicado ‘Cómo hacerse mayor sin volverse un gruñón’. Está en Twitter, en Facebook y en cualquier modernidad que se tercie. De mayor quiere ser viejo.
“De mayor quiero ser viejo”
“Ser mayor y mantener una sonrisa de oreja a oreja”. Lo ve todo muy fácil. ¿Los demás no tienen ni idea o es usted un inconsciente?
Seguramente sí, es inconsciencia.
¿Se pasa el día contando batallitas a los nietos?
No, no, no. Y además procuro callarme. Cuando voy a contar una batallita que me apetece mucho pregunto antes si ya la conocen, porque, como tengo tanta familia, igual se la he contado a uno cuatro veces y a otro ninguna. A veces no tengo suerte y dicen: “Ayer tarde la contaste, y esta mañana, también. Y además a mí”.
Le gustan los libros y las películas de espías, de tiros y de acción. ¿Ha visto Bankia ante el peligro y El árbol del corrupto?
He visto las dos, y varias veces. Como acción, me gustan y si no me diera una pena terrible diría que qué divertido. Pero sería insultar a miles de personas. Hasta para corromperse hay que ser elegante. Cuando a un tío le sobornan pagándole un viaje al Caribe con su familia digo: qué desgraciado. Y cuando veo que los gastos con las tarjetas opacas fueron clubes y bares, digo: vete por ahí.
Con 12 hijos y 45 nietos entiendo por qué dicen que es usted muy creativo.
Pues otra cifra: sumando yernos y nueras somos setenta de familia. Cuarenta nos reunimos a comer o cenar con cierta frecuencia.
Su blog, Desde San Quirico, lo califican de cañero.
No soy cañero. Si yo me siento libre y hago lo que me da la gana, también digo lo que me da la gana. Procuro respetar a la gente, no insultar, pero si un señor ha dicho algo que es falso, lo digo a la cara.
¿Se siente mayor?
No, fíjese.
No es un ancianito venerable.
No, no. Y eso me molesta mucho. En el libro cuento que me ha gustado siempre ayudar a los demás. Pero ahora, cuando salgo a la calle viene mi hijo y me dice: “Papá, el bastón”. Y me molesta. Me engañan diciendo que con el bastón estoy muy elegante. Y yo me lo creo.
¿Ha leído El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson?
Sí, es buenísimo.
¿Piensa hacer como el protagonista a los 100 años?
Las burradas que hace ese señor, no. Llevar un cadáver sentado en una carretilla, no, soy incapaz. El otro día me preguntaba mi consuegro: “¿Cuándo vas a parar?”. Nunca. Un día pararé porque se me irá la cabeza, porque me caeré por las escaleras y no me levantaré. Pero no pienso parar mientras sea capaz de discurrir más o menos, de escribir más o menos y de dar una conferencia y que la gente vaya.
¿Hay jóvenes que son más viejos que alguien de 80?
Sí. Y contra eso hay que luchar tremendamente, porque un chaval amigo de mis hijos, hace muchos años, vino a casa a comer, le pregunté qué iba a hacer, tenía 17 años, y dijo: capitán de barco, porque no se pega ni golpe. Me parece tristísimo. Ese tío es un viejo amargado. Aparte de que supongo que los capitanes de barco trabajan. Supongo.
¿De qué es capaz escuchando My Way a Sinatra?
Cada vez me encanta más. Tengo las 929 canciones de Sinatra. Es un buen profesor de inglés, porque pronunciaba muy bien. A veces me acuesto por la noche y antes de leerme la novela de tiros correspondiente pongo una canción de Sinatra y la canto solo. My way me gusta mucho, porque es como la despedida final. Hacer las cosas porque me da la gana es para mí lo mejor.
¿Qué quiere ser de mayor?
Viejo [carcajada]. Quiero ser lo que soy ahora. Ya lo he conseguido.



