José María Íñigo
El veterano presentador publica La tele que fuimos (B), un homenaje personal a la televisión.
"No me gusta nada eso de caja tonta”
Periodista de dilatada experiencia –sus primeras crónicas para la agencia Efe datan de 1960–, José María Íñigo se prodigó especialmente en la prensa musical. Pero fueron sus espacios en televisión –Estudio abierto, Directísimo, Esta noche... fiesta– los que le convirtieron en uno de los presentadores más populares de España. Hoy recuerda aquellos años en un libro: La tele que fuimos (B).
Sorprende que no se limite a recordar sus célebres espacios en directo.
He pretendido hacer un recuento de la televisión en general. No solo de TVE, de todas las cadenas. En cuanto a su historia, la televisión siempre ha sido muy maltratada. Nadie se acuerda de que John Logie Baird fue su inventor y sí se sabe quién fue el de la radio o el de la máquina a vapor. Sin embargo, yo creo que la televisión es el invento del siglo XX. Aquí empezó en el año 56. He pretendido contar la mayor parte de los programas que han hecho historia porque, en cierto modo, esa es la historia de nuestra vida.
¿Podemos decir que la televisión es la imagen meridiana de nuestra memoria colectiva?
Sin duda ninguna. El cerebro asocia los programas de televisión con nuestras vivencias y nos hace recordar cómo éramos cuando se emitía La casa de la pradera o seguíamos el Un, dos, tres.
¿Dejamos de ser unos ingenuos cuando aquella ventana al universo empezó a parecernos la caja tonta?
No me gusta lo de la caja tonta. También podríamos hablar de los periódicos tontos y las revistas tontas. Si a la televisión le echas basura, sale basura; si le echas talento, talento. La televisión está muy maltratada y es un gran invento. Fue un milagro suyo que, desde nuestras casas, pudiéramos ver la llegada del hombre a la Luna.
Lo de telebasura parece que remite. Ahora solo puede aplicarse a ciertos espacios de algunas cadenas.
Sí. Al decir telebasura quiero referirme a esos programas que pisan la raya del buen gusto, de la estética y la educación. No se puede hablar a base de expresiones soeces, tacos y blasfemias. Pero tampoco hay que enfadarse demasiado, porque tenemos la libertad de poder cambiar de canal.
¿Hasta cuándo se prolongó esa edad de oro que, a su juicio, dio comienzo en 1966, coincidiendo con la primera década del medio en nuestro país?
Hasta finales de los 70. Entonces se nos permitía poner en marcha ideas y probar cosas. A muchas de ellas les costaba cuatro, cinco o seis semanas empezar a funcionar. Ahora es imposible. Un programa que no vaya bien, a la tercera semana te lo quitan.
Un día vino a Madrid y dejó de ser “el de Bilbao” para ser “el de Londres”...
Esa es la clave. Cuando llegué aquí
por primera vez me mandaron fuera, me dijeron que de provincias no se podía venir a Madrid. Así que decidí irme a Londres. Cuando volví era el mismo, pero con el marchamo de Londres. El pelo largo, bigote a lo John Lennon...
¿Al gusto de Carnaby Street?
Exactamente. Aquí me miraban raro, pero empezaron a pensar que era mejor. Y todo porque venía de Londres.
¿Y las regañinas que le echaba con el micrófono abierto Pilar Miró cuando trabajaban juntos en Ritmo 70? ¿No le preocupaban?
Me maltrataba mucho, pero era íntimo amigo de ella. Pilar Miró constituye uno de los capítulos más importantes en la historia de la televisión. Antes de ser directora general había sido regidora, realizadora y directora. Conocía la casa muy bien, como hay que conocerla para poder navegar con ese barco tan complicado. Su gestión mereció muchos aplausos aunque al final, como pasa siempre, le buscaron las cosquillas y le complicaron la vida por una tontería que no tenía ninguna importancia.
¿Toda gloria es efímera?
La televisión es un empleo efímero, nunca sabes cuánto tiempo vas a estar. El éxito puede durar un día, una semana o veinte años. Por eso nunca he dejado la prensa escrita. Siempre he tenido revistas de viajes, de turismo. Lo que sucede es que, cuando estás en la tele, el resto no cuenta nada.
¿Por qué se suspendió la emisión de Directísimo el 19 de noviembre de 1975?
Pues no lo sé. Realmente no lo sé. El día anterior me habían felicitado, muy efusivamente, por la audiencia que veníamos teniendo. Me anunciaron que continuábamos toda la temporada. Pero el 20 de noviembre me dijeron que Directísimo se acababa ese mismo día y nunca he llegado a saber por qué.
¿Es cierto que en aquellos días la señora de un ministro podía llamar y parar una emisión?
Eso dicen. Yo no creo que fuera para tanto. Sí que es cierto que los ministros y la gente del Gobierno tenían mucho poder. En más de una ocasión me han telefoneado para recomendar a un sobrino que cantaba y cosas así. Si yo me oponía llamaban al director y aquello se ponía en marcha.
¿Qué pasó cuando Joan Baez dedicó una canción a la Pasionaria en un directo?
Afortunadamente, nada. Pero podía haber pasado muchísimo porque, en una época tan complicada como aquella, dedicar una canción a la Pasionaria en un programa de máxima audiencia era casi como jugarse la vida. Yo me vi en la calle. Por fortuna no lo vio nadie o quien lo vio no hizo nada.
Vaya borrachera la de Rita Hayworth...
Muy triste. Se dio a la bebida después de que le anunciaran una enfermedad degenerativa. Cuando llegó a Madrid no es que estuviera borracha, era una alcohólica. Antes de destrozar al mito, decidí cortar la entrevista. Realmente estaba muy mal.
¿Qué le supuso el cambio a la antena autonómica vasca?
Al final todo es lo mismo. La única diferencia es que en la televisión autonómica tienen más importancia las noticias locales.
¿Cree que Arzalluz decidió que Íñigo en directo continuara cuando usted le comentó que la entrevista que iba a hacerle en aquel espacio sería la última?
Estoy convencido. A mí ya me habían anunciado que se acababa el programa cuando Arzalluz me anunció que el director se había equivocado. Y, a las pocas horas, la misma persona que me comunicó que el programa había acabado me llamó para decirme que iba a continuar porque el programa estaba teniendo éxito.



