José Antonio Marina

23 / 12 / 2015 luis Calvo
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Su libro blanco de la profesión docente ha hecho temblar las paredes de la educación española. Encargado por el Ministerio de Educación poco antes de las elecciones, Marina aspira a que se convierta en la primera piedra para la construcción de un nuevo pacto educativo

Foto: David García-Amaya

Mrina tiene al hablar los ademanes del viejo profesor. La voz tranquila, mirando a los ojos. Explica su visión del mundo educativo con paciencia, lentamente, y se le ilumina la mirada hablando de cómo fomentar el gusto por la lectura o crear complicidades con los alumnos. La escuela debe ser, en su opinión, un refugio para los estudiantes, y los profesores, una profesión vital para construir la sociedad.

¿Cuál es el mayor déficit de la educación española?

Siempre ha sido la gestión: una mala organización y confusión en las prioridades. Nos hemos centrado en lo administrativo, pensando que con el BOE se podía cambiar la educación, pero sin afrontar los problemas que ocurrían dentro del aula.

¿No hay problema político? No somos capaces de un pacto de Estado.

Es cierto que la escuela ha estado ideologizada desde el siglo XIX. Primero por la religión, luego por razones políticas y ahora también económicas. Muchos creen que si dominan la educación pueden cambiar la sociedad. Y cuando se enfrentan distintos modelos de sociedad, se enfrentan también de educación. Hay que sacar a la escuela del debate político en cuestiones que son universales: muchos procedimientos, gran parte de los temarios y, a grandes rasgos, el tipo de valores en los que hay que formar a los ciudadanos. Hay una parte técnica muy importante en la que no caben ideologías. Igual que en el sistema sanitario. Nadie va a discutir cómo se opera una apendicitis.

Sin embargo, hay debates en los que siempre se encalla.

Se puede discutir si se quiere un modelo concertado o no, qué tipo de servicios y quién accede a ellos, pero no otras cuestiones. La religión, por ejemplo, hay que sacarla de la escuela. Respetar la religión, e incluso albergarla, pero fuera del currículo de la escuela pública. Si algo es importante debería darse para todos, ser de aprendizaje universal: la ciencia, las humanidades y la ética. Educación para la Ciudadanía debería ser para todos los alumnos, no se suple con la religión.

¿Su libro blanco de la profesión docente puede ayudar al pacto?

Sí. Yo creo que intenta cambiar el foco. No fijarnos tanto en las leyes sino en los que sucede en el aula. Los docentes son quienes pueden iniciar el cambio en el aula. El libro blanco lo que refleja es otro concepto del profesor y otro concepto de la escuela. Es convertirla en un elemento mucho más activo, que pueda formar a los alumnos, pero también defender a los alumnos. ¿Por qué los docentes y no los padres? Por que tenemos más responsabilidad y más conocimiento.

La falta de conciliación laboral tampoco facilita que se ocupen.

Y eso lo conocemos muy bien. Nosotros debemos abanderar las funciones educativas de la familia, otras no, pero sí las educativas. Sabemos hasta qué punto es importante organizar horarios para que los niños no estén solos cuando sus padres trabajan. Quizá media hora más de apertura antes o después facilite mucho a los padres para organizarse. O un sistema de voluntariado que abra los centros en fin de semana. Tenemos grandes instalaciones, aprovechémoslas. Si conseguimos que los chicos celebren sus cumpleaños en el centro, por ejemplo, los mantenemos en un entorno protegido. Eso da protagonismo a la escuela. O solucionar la desconexión entre familias y docentes respecto a los deberes.

¿Cuántos deberes deben tener?

Yo creo que hay que empezar en primero con 15 minutos diarios solo entre semana e ir subiendo 15 minutos cada curso. En el último curso antes de secundaria ya tendrían una hora y media. Y la van a necesitar.

¿Siente que se ha perdido la cultura del esfuerzo?

Sí, pero es una cuestión cultural, de toda la sociedad, que también arrastra la escuela. Yo siempre digo que debemos edificar sobre cuatro pilares: el sentido del deber, de la obediencia (a padres, profesores...), los derechos y las libertades. La sociedad autoritaria conservó los dos primeros, que no son malos, funcionan de cine, pero dejó fuera los otros dos. Y cuando el sistema autoritario entró en crisis se sustituyeron por los que se habían quedado fuera, pero dejando fuera el principio del deber y el esfuerzo. Se sustituye la educación autoritaria por la permisiva. Y parece que el esfuerzo o la disciplina es parte de ese antiguo régimen, patrimonio de los valores conservadores. Pues no, hay veces que hay que hacer un esfuerzo aunque no apetezca. Lo que debemos encontrar es el equilibrio. Para ello hay que recuperar el pacto social que había y se ha roto: si tú te formas y te esfuerzas, tendrás un buen futuro, oportunidades. Igualdad de oportunidades, mismo punto de partida, pero reconocimiento del esfuerzo y el mérito.

Es parecido a lo que propone para evaluar e incentivar docentes.

Es que el rechazo que ha habido en los sindicatos a esa evaluación es algo rarísimo. Todos saben que hay profesores extraordinarios y otros que son un desastre. ¿Por qué no evaluar?

¿Piensa que hay corporativismo?

Sí, clarísimo.

Alegan que no hay criterios claros de evaluación.

Decir eso es de una enorme ignorancia. Claro que hay métodos. Son complicados, pero existen. Tenemos que introducir el portfolio del docente, con todo su historial, hasta el máximo detalle: conferencias, cursos, trabajos, cómo da la clase, incluso con vídeos...

¿Hay que contemplar el despido de funcionarios que no cumplan?

Por supuesto, es que eso está previsto en el estatuto de la función pública.

Pero en España rara vez se utiliza.

Pues habrá que empezar a hacerlo. Siempre después de todo un proceso. En Cataluña, si se tiene conciencia de que alguien da mal las clases se le aparta de la docencia un tiempo a otras funciones y se le insta a que mejore. Luego se le reintegra a la docencia. Pero si sigue sin funcionar, se abre un expediente. Hay que dar todas las posibilidades, pero si no, habrá que tomar medidas. Conozco un colegio donde una profesora tiene problemas psicológicos y no se atreven a dejarla sola con los niños. No parece lógico. Son casos excepcionales, pero tienen que estar previstos. Pero vamos con el otro lado: hay que dar premios a los mejores.

Eso también ha sido muy polémico.

Todo el mundo necesita reconocimiento. Puede ser un aumento de sueldo, pero también otros incentivos: oportunidades de formación, meses sabáticos para aprender nuevas técnicas, becas, una carrera que te permita ascender... Ahora un funcionario entra con el nivel 21 y sale 40 años después igual. El único mérito que se reconoce es la antigüedad. No motiva mucho.

¿Están los profesores mal formados?

Sí. Pero no por su culpa. Es porque los buenos profesores que hay son autodidactas. Nunca hemos tenido un buen sistema de formación del profesorado, ni antes ni durante la democracia.

¿Cómo funciona el MIR educativo?

Hace unos años Newsweek examinó distintos servicios de varios países. En educación, Finlandia estaba el primero, y España, en el puesto 26. En sanidad, España estaba el tercero, y Finlandia, el 18. Es fundamental formar al profesorado. Yo propongo el mismo sistema que los médicos porque ambas profesiones tienen algo en común: son muy prácticas. No basta con el conocimiento teórico. Una vez conseguido cualquier título de grado, el aspirante haría una prueba común, con numerus clausus para acceder a la formación. Allí reciben un máster teórico-práctico. Eso son los estudios. Luego llegan las prácticas de dos años.

Una especie de residencia, ¿no?

Eso es. Son prácticas remuneradas en algunos centros de excelencia docente capaces de formar nuevos profesores, vigilados y tutelados. Y quienes se encarguen de ello tengan un reconocimiento por ese trabajo extra. Hay que convertir la docencia en una profesión de élite. Cuando terminen tendrán el título de habilitación para la docencia tanto para la privada como, si quieren opositar, para la pública.

¿Una profesión de élite significa cobrar más?

Los docentes en España no están mal pagados si los comparas con el resto de Europa. No cobran menos que uno finlandés y sin embargo allí, sí se le considera de élite. Es una cuestión de estatus y de posibilidad de ascender.

¿En cuánto tiempo se puede cambiar la educación por completo?

Cinco años. No es necesario ni un pacto de Estado. Basta con un compromiso que yo llamo 5+5+5. En cinco años el 5% del presupuesto para cambiar cinco objetivos: reducir la tasa de abandono al 10%, subir 35 puntos en PISA, cambiar la estructura del alumnado reduciendo la diferencia entre mejores y peores, atender a los niños con necesidades especiales y, por último, adaptar contenidos al siglo XXI.

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