Carmen Alborch
Reflexiona sobre el paso del tiempo, el cumplir años en armonía, envejecer en santa paz. Senadora valenciana, exministra de Cultura con Felipe González, escritora, disfruta con el cine, la lectura, la charla, la jardinería, actividad que, dice, le relaja mucho. Le encanta bañarse en el mar –“soy mediterránea”– y viajar “para ver lo bello de las cosas”.
“No he visto el poder tan excitante”
“No sabría decir cuál es el amor de mi vida”. Me temo que se olvida de Francisco Camps o de Carlos Fabra.
Tengo la fortuna de que no sean personas muy próximas a mí, y no han sido amores de mi vida. A Camps lo he conocido más, como presidente, y cuando estaba en la Mesa del Congreso.
No siga. Va a ser Zaplana.
Tampoco, tampoco. Están ahí, no les deseo ningún mal, pero no son ni mis referentes ni personas con las que tengo afinidades.
Escribir sobre Los placeres de la edad.¿De cuántos años se siente?
Es una pregunta complicada, porque una cosa es la vejez cronológica –has cumplido 66– y otra la edad sentida. No me sabría ubicar. Tengo claro que no soy una jovencita, sino una señora.
Digamos que ya ha hecho la primera comunión.
Y la segunda, incluso. Pero para mí el cumplir años no ha sido nunca dramático.
Siempre ha sido muy trending topic vistiendo. ¿Con los años se va quitando una perifollos?
Creo que, con los años, vas eligiendo más cómo quieres ser. Y unos días puedes ser más barroca, y otros, más austera, dependiendo de tu estado de ánimo. Lo que te sientes es más libre.
¿Ve en el PSOE mucha seducción ahora mismo?
Creo que sí. Hay que seducir a 200.000 militantes como mínimo. Hay que aplicarse. Un líder socialdemócrata europeo decía que la ciudadanía se había olvidado de nosotros porque antes nos habíamos olvidado nosotros de la ciudadanía. Es una frase muy dura, pero hay esa percepción.
¿Qué le ha reportado más placer: el poder, la sexualidad, la cultura?
Yo creo que combinado, ¿no? Depende de las épocas. La cultura es de los placeres más estables, permanentes y autónomos, aunque cada día se habla más de la sexualidad autónoma, del autoplacer. Siempre se ha hablado de la erótica del poder, pero yo no lo he visto tan excitante.
¿Algún político que le haya excitado o producido mayor placer?
Excitarme, excitarme, ninguno. Placer, en el sentido de escuchar un discurso atractivo y coherente, desde luego Felipe González. El presidente de Asturias, Javier Fernández, en la conferencia política tuvo una intervención brillantísima, muy poética y atractiva. Y Susana Díaz.
¿De qué disfruta sobre todo?
De la amistad.
¿Más que de ver cómo está el patio en su partido?
Mucho más. Lo de ver cómo está el patio en el PSOE me interesa, porque me interesan mucho la política y mi partido, y me parece la mejor opción que tiene este país. A pesar de momentos tan complicados, me siento a gusto, y es un partido que sintoniza mucho con el feminismo.
¿En qué nota el paso del tiempo?
Aparte de las arrugas, en que tengo más serenidad y más libertad. Y priorizo mi tiempo de otra manera. Me interesa mi familia, ver a mis sobrinos nietos. Siempre he sido muy afectuosa, pero ahora el mundo de los afectos lo valoro muchísimo. Quizá ahora sea menos pasional y más afectiva, más sensual. Somos poliplacenteras.
¿Estar en el Senado es un placer?
Mujer, tiene su lado placentero. Es un hermoso palacio con una biblioteca fantástica. Hay a veces intervenciones muy interesantes y tiene un lado reflexivo. Al no ser la primera cámara, es más relajada, tiene menos tensión. Y hay que cambiarla.
No siga. Se aburre soberanamente.
No [ríe], yo es difícil que me aburra. Es una cuestión de actitud, como lo de envejecer. Ya que voy a estar aquí, voy a intentar hacerlo lo mejor posible. Y hay debates muy interesantes.



