Los Falcon Crest españoles
Las bodegas Freixenet, Vega Sicilia, Faustino, Chivite y Matarromera han vivido y viven sus particulares intrigas familiares al más puro estilo Falcon Crest.
Cinco grandes bodegas españolas mantienen vivas intrigas familiares, al más puro estilo de una serie televisiva. Todas estas guerras mantienen ahora una tregua, con vencedores momentáneos, pero nada garantiza todavía que no vuelvan a recrudecerse las hostilidades.
Por tamaño, la mayor bodega española es Freixenet. Vende 529 millones de euros al año en 140 países, con más de 1.400 empleados, bodegas en varias denominaciones de origen (Rioja, Ribera del Duero o Albariño ), comercializa sus cavas y vinos en lugares tan distantes como Australia, Estados Unidos y Francia. Tiene siglo y medio de antigüedad y cuatro generaciones de bodegueros a sus espaldas. Sin embargo, está en el aire su futuro como empresa familiar si siguen las desavenencias entre las ramas de herederos. Casi nadie descarta que termine en manos de una multinacional extranjera o con la propiedad dividida, en una guerra larvada que Dios sabe cómo puede acabar. La firma catalana es el primer exportador de cava de España y de lejos la de mayor notoriedad gracias a sus “burbujas de Fin de Año” y sus espectaculares spots televisivos.
Una parte de la familia, los Ferrer Hevia, pretende vender su parte del capital a un tercero y montar sus propios negocios de vino, mientras que los Ferrer Noguer, con el patriarca Josep Ferrer al frente, tratan de conservar el control del patrimonio familiar. Josep Ferrer, de 92 años, presidente honorífico, sin poderes ejecutivos, que tiene el 42% del capital y derecho de tanteo sobre cualquier acción a la venta, ha logrado una tregua hasta el próximo 30 de junio para intentar comprar la parte de los Hevia Ferrer y asegurar la mayoría de control de la bodega. El patriarca quiere evitar que un tercero, como la multinacional alemana Henkell, compre el 51%, tras hacerse con las acciones de los Hevia, algo que estos intentan desde hace un año, sin éxito hasta ahora.
Josep Ferrer Sala necesita 150 millones de euros para comprar la parte de los Hevia, pero tiene 30 millones en caja y necesitaría 120 millones de financiación. Banco Santander ha estado dispuesto a darle la financiación, pero a cambio de que se acabe la gestión familiar y se profesionalice para mejorar los magros resultados de los últimos años. Parece que el banco y otras entidades financieras han abierto un compás de espera para ver si se resuelve el conflicto familiar. Tampoco parece gustarle a los bancos el alto endeudamiento de la firma (más de 300 millones de euros) ni los bajos ratios de rentabilidad (no llega al 1% sobre recursos propios).
En este momento la familia guarda un espeso silencio sobre el futuro de la empresa. Pere Bonet Ferrer, director comercial de Freixenet y presidente del Consejo Regulador del Cava, señala a TIEMPO telegráficamente que “no hay ninguna novedad”.
Pere Bonet (izquierda) y Pere Ferrer. Foto: Miquel Monfort Subirana
Los Hevia se rebelan
El conflicto saltó hace un año, al menos es cuando trascendió, aunque se venía fraguando desde 2010, cuando 12 primos varones accedieron al consejo de administración y la sangre Ferrer ya estaba muy mezclada con otros apellidos. El desencadenante fue la decisión de Enrique Hevia Ferrer, director financiero de la empresa, de vender la parte de su familia a un tercero, un socio industrial, que inicialmente estaba sin identificar y que ha resultado ser el grupo alemán Henkell, de la firma de alimentación Dr. Oetcker, uno de los mayores grupos de bebidas y alimentación del mundo. La división en las familias es total, los Ferrer Noguer rechazan de plano que se venda un 51% del capital a un tercero y perder así el control de la bodega, los Bonet Ferrer están divididos y los Hevia Ferrer estarían dispuestos a vender su parte y abandonar la empresa familiar para dedicarse a otros negocios o hacer caja.
En el origen de esta disputa estarían los malos resultados de los últimos ejercicios, singularmente desde la crisis de 2008, y la pretensión de los Hevia Ferrer de volar solos en los negocios. Curiosamente, aquí las responsabilidades se comparten, ya que las tres familias tienen representantes en el nivel ejecutivo: el consejero delegado es Pere Ferrer Noguer, el presidente ejecutivo es José Luis Bonet Ferrer, el director financiero es Hevia Ferrer, y el director comercial es Pere Bonet Ferrer, que es también presidente del Consejo Regulador del Cava, la patronal del sector. Las tres familias gestionan y son responsables de la marcha de la bodega. La sombra de una división y una ruptura familiar, al estilo de las familias del competidor Codorniú, que ya vivieron esa crisis, sigue en el aire.
Enrique Hevia, cuya pretensión de vender sus propios vinos ha desencadenado la batalla familiar en Freixenet. Foto: Danny Caminal
Vega Sicilia: batalla de vino
Vega Sicilia, la renombrada bodega de Valladolid, es algo más que vino. Pone nombre a una guerra empresarial de ocho años de duración, con dos frentes en los que los protagonistas son sus propietarios: la familia Álvarez Mezquiriz, dividida en dos bandos irreconciliables. Ni siquiera la muerte del patriarca David Álvarez (“don David”, como era conocido), hace apenas año y medio, ha conseguido que se firme la paz entre hermanos enfrentados. De un lado, María José, la hermana mayor, de otro, los cinco hermanos pequeños, Emilio, Juan Carlos, Pablo, Marta y Elvira. El mayor, Jesús David, que apoyó a su padre en vida, se ha quitado de en medio y ha vendido sus acciones de las empresas.
El 26 de noviembre de 2015, a los 88 años, murió David Álvarez, fundador del imperio empresarial Eulen (84.000 empleados en 15 países) y el grupo empresarial El Enebro, firma propietaria de las bodegas Vega Sicilia. En ese momento muchos amigos y familiares pensaban que acabaría una guerra iniciada en 2010. En aquel ya lejano año, David Álvarez echó de la empresa Eulen a los cinco hijos pequeños, por estar descontento con su gestión. Los cinco hijos díscolos se refugiaron en la firma familiar El Enebro, propietaria de Vega Sicilia, abriendo una guerra que no ha terminado. El patriarca hizo piña con su hija mayor, María José, se aseguró el control de un 60% de Eulen a través de una sociedad patrimonial y la nombró heredera. Lejos de arreglarse el conflicto, se avivó y en su transcurso el hijo mayor, Jesús David, primero hizo piña con el padre y finalmente se ha quitado de en medio y tiene sus propios negocios. De hecho, la guerra continúa ya que María José es hoy la presidenta de la compañía y desde ahí resiste las pretensiones de sus hermanos de desalojarla del cargo.
Esta guerra tiene un origen extraño pero que es frecuente en las familias millonarias: una mala sucesión y un peor traspaso de poderes. Personas cercanas a la familia señalan que “los hijos tenían mucha prisa por jubilarlo, y el padre, con mucho carácter, retomó sus funciones y los echó de Eulen”. David Álvarez entregó el poder a sus hijos en Eulen durante los años 2009 y 2010, pero luego rebobinó porque no le gustaba su gestión ni los nombramientos de directivos.
Entre los años 2010 y 2015 se han producido numerosas escaramuzas, entre ellas tres pleitos en los tribunales ganados siempre por el patriarca, que logró recuperar el poder en Eulen y sus derechos en el grupo El Enebro, pero nunca llegó a ejercerlos en esta última empresa. La sentencia del Tribunal Supremo de julio de 2015 le dio la razón, incluso le devolvió los derechos de usufructo en El Enebro. Sin embargo, ni el difunto David Álvarez ni su hija María José, que tiene el 17% de El Enebro, por tanto es copropietaria de Vega Sicilia, recuperaron nunca nada en esta empresa. Los hijos siempre alegaron que la Justicia le había dado el usufructo de la empresa propietaria de Vega Sicilia, por tanto le daba derecho a cobrar dividendos pero no a mandar en la empresa.
La penúltima escaramuza fue una junta extraordinaria de Eulen celebrada en mayo de 2016 en la que María José Álvarez se ratificó como presidenta de la compañía, haciendo valer su mayoría del capital, con el 60% de las acciones de su propiedad, frente a las pretensiones de sus cinco hermanos de desalojarla del cargo. Con pleito de por medio, la junta se volvió a celebrar en enero de 2017 y ratificó de nuevo su presidencia. Fuentes cercanas a María José Álvarez aseguran que “sus hermanos menores tienen cero posibilidades de quitarle la presidencia de Eulen”. Es más, niegan que los hermanos disidentes tengan en propiedad acciones de Eulen, ya que las vendieron a El Enebro, la empresa donde están instalados, en una operación de autoventa por 100 millones de euros, en la que han descapitalizado a la firma propietaria de Vega Sicilia. En cambio, María José Álvarez no va a dar batalla por el control de Vega Sicilia, ya que con el 17% de las acciones de El Enebro tiene pocas o nulas posibilidades de hacerse con la empresa. Todo muy confuso, terreno abonado a que sigan los pleitos judiciales interminables.
Los cinco hermanos que controlan el capital de la bodega Vega Sicilia posaron en julio de 2014 con la vicepresidenta del Gobierno; Soraya Sáenz de Santamaría, la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina (tercera y cuarta por la izquierda); y el entonces presidente de Castilla y León, Juan José Lucas (derecha), en la celebración de su 150 aniversario. Foto: Nacho Gallego/ EFE
Matarromera en los tribunales
También en los tribunales anda Matarromera, una afamada bodega en la que tuvieron participación accionarial la cantante Rocío Jurado, el torero José Ortega Cano y el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán. El escándalo viene de una muy reciente demanda judicial de Bodegas Emilio Moro, de Pesquera de Duero, contra Matarromera, por confusión de marca. La demanda tiene su origen en que Carlos Moro, presidente y fundador de grupo Matarromera, haría uso indebido de marcas que contienen el apellido Moro. La demanda ha sido admitida a trámite y trata de evitar que Bodegas Carlos Moro confunda a los consumidores y preservar la reputación de la marca Emilio Moro.
El conflicto estalló cuando Carlos Moro inauguró una bodega en el corazón de La Rioja con su nombre y embotelló vinos también con su nombre. Se trata de un caso típico de confusión de marcas que tendrá que solventar la Justicia con la Ley de Marcas en la mano.
Bodegas Emilio Moro es una firma de Pesquera de Duero (Valladolid) con 120 años de antigüedad, que hoy está regentada por los nietos de fundador, Javier y José. En cambio Matarromera es una bodega creada en 1988 por Carlos Moro, en Valbuena de Duero (Valladolid).
Faustino y Chivite, dos líos de familia
Los líos de familias bodegueras alcanzan también a Rioja. Esta vez el protagonista es la bodega Faustino, una de las más emblemáticas de esta denominación de origen. Es tan emblemática que una de sus bodegas está diseñada por el arquitecto Norman Foster y es todo un símbolo de la nueva arquitectura bodeguera. El actual presidente, Julio Faustino Martínez, hijo del fundador, sacó en 2011 del consejo de administración a varios hijos, entre ellos Lourdes Martínez Zabala, directora financiera, y su hermana Carmen Martínez Zabala. Parece que hay tregua en la familia y en el negocio, lo que no se sabe es por cuánto tiempo. Faustino son palabras mayores en Rioja ya que vende 116 millones de euros en 65 países, es el mayor propietario de viñedos de Rioja y el mayor exportador de reservas y grandes reservas de esta denominación de origen con la marca Faustino.
El quinto conflicto bodeguero lo protagoniza la familia navarra de Chivite, que se remonta en su origen vinatero a 1647. Esta bodega es más que famosa ya que es la dueña de vinos tan afamados como Viña Salceda y Gran Feudo. El conflicto surgió en una familia bien avenida hasta la muerte de Carlos Chivite, el último presidente de la firma, un hecho acaecido en marzo de 2006. Los contendientes son los hermanos Fernando Chivite, presidente desde 2007, y Julián Chivite, vicepresidente, y la viuda de Carlos, Cristina Iturrioz.
Fernando Chivite fue destituido como presidente de la bodega en 2011 en una junta de accionistas y sustituido por Cristina Iturrioz, su cuñada y viuda de su hermano Carlos. Paralelamente, volvió a la empresa Julián Chivite, el otro hermano que había abandonado la vicepresidencia y la gestión de la firma por desavenencias con Fernando. En este lío bodeguero los problemas, al parecer, tuvieron y tienen más que ver con la gestión y la visión de los negocios y las deudas bancarias. Los problemas no se acabaron con el cambio de personas en el consejo de administración, en 2014 los bancos salvaron a Chivite y refinanciaron su deuda de 45 millones de euros, cuando estaban a punto de vender su bodega Señorío de Arínzano. Aquí también hay paz, pero no se sabe por cuánto tiempo.
Fernando Chivite, presidente del grupo del mismo nombre, en el centro, acompañado por Íñigo de Prado (izquierda), director general, y Eduardo Ruiz, gerente de Exportación. Foto: Jairo Mejía/EFE
Algo más que unos muy buenos vinos
“Una estrella de tres puntas en el corazón de Ribera del Duero”. Así definió el arquitecto Norman Foster el edificio de Bodegas Portia, del grupo Faustino. Algunas grandes bodegas de Ribera del Duero y Rioja han encargado sus edificios a importantes arquitectos, convirtiéndolas en auténticos museos. Más que bodegas son obras de arte.







