Juntas de accionistas sin oposición
Las juntas de accionistas de los grandes bancos españoles apenas tienen oposición a los acuerdos que someten a aprobación unos consejos que controlan porcentajes ínfimos del capital.
Cuando aparecen en escena, toman posición ante el atril y ordenan los papeles para pronunciar su discurso, algunos presidentes de grandes bancos españoles cotizados parecen auténticamente propietarios de las sociedades que presiden. Nada más lejos de la realidad. No tienen apenas acciones de los bancos cuyos destinos pasan por sus despachos, aunque año tras año los accionistas vuelven a elegirlos para el cargo. Es una dinámica a la que todos parecen acostumbrados desde tiempos en los que los consejos de administración sí tenían participaciones importantes en las entidades que dirigían.
Mientras en las grandes corporaciones industriales sí suele haber participaciones significativas de miembros del consejo o de inversores afines (véase por ejemplo el caso de las constructoras con familias como los Del Pino, Villar Mir o Florentino Pérez detrás), los grandes bancos cotizados no tienen detrás de sí, como norma general, grandes inversores institucionales con participaciones de control. Los accionistas minoritarios son mayoría pero realmente no mandan mucho, seguramente, como señalan algunos analistas, porque no están organizados y porque es difícil organizarse.
Los tiempos cambian y las juntas generales también. Atrás, muy atrás, quedan ya aquellas reuniones anuales de accionistas en las que señoras muy peripuestas llegaban, por ejemplo, a la junta de Banesto, en Madrid, a bordo de un coche de alta gama de la época, con un chófer que les abría la puerta y que esperaba unos minutos fuera. Y eran solo unos minutos porque aquellas propietarias de acciones del banco, de buena familia de toda la vida, iban a la junta únicamente a sellar su papeleta de asistencia y recoger el obsequio (en muchas ocasiones una gran caja de bombones), que seguramente acababa en manos de los nietos. Las cuentas del banco, su presente y su futuro, no les importaban mucho. Daban por hecho que eran buenos y a otra cosa. Ahora las nuevas tecnologías han introducido novedades importantes en las relaciones entre las entidades cotizadas y los accionistas, que reciben avisos a través de las páginas web de las sociedades y a veces de forma personalizada a través del correo electrónico. Se puede votar telemáticamente y también se puede delegar el voto, como toda la vida, aunque también a través del ordenador. Pero veamos cómo es la situación en los bancos cotizados españoles. Para empezar, hay que hacer notar que la afluencia de accionistas a las juntas no es todo lo masiva que cabría esperar, ni siquiera en tiempos convulsos para las finanzas como los actuales.
Los nuevos bancos.
Tomando como referencia las juntas generales ordinarias de 2014 de las entidades financieras cotizadas, se observa cómo únicamente los bancos de nueva creación, los que han nacido por las necesarias fusiones de las cajas de ahorros o su conversión en bancos cotizados, mantienen asistencias más altas. Y no es porque los accionistas de estas nuevas entidades financieras sean más conscientes o más diligentes. El secreto es muy simple: los consejos de administración controlan grandes paquetes de capital en manos bien de las antiguas cajas, bien de inversores nuevos que han llegado, entre los que en el caso de Bankia se encuentra el Estado a través de BFA.
Incluso en este último caso, el de Bankia, con unos accionistas que habían perdido prácticamente toda la inversión inicial de su salida a bolsa, la junta general pasó sin pena ni gloria. Se celebró en Valencia, sede social fiscal de la entidad, y aunque algunos pequeños accionistas acudieron a la cita, fundamentalmente a protestar, lo cierto es que el acta de constitución de aquella junta muestra una escasa participación de los minoritarios. Era 21 de marzo y tres semanas antes BFA (controlado al cien por cien por el Estado a través del FROB) había colocado un 7,5% de Bankia en el mercado. La participación del FROB había descendido hasta el 60,9% y el acta de la junta señala que la reunión comenzó con un 69,75% del capital presente o representado. Si se suman el 60,9% del FROB y el 7,5% vendido a inversores institucionales, que sí suelen ir aunque sea por representación, tenemos un 68,4%, lo cual deja la asistencia de minoritarios en el 1,35% del capital. Liberbank, otro banco nacido al calor de la crisis de las cajas, y concretamente de la fusión de las cajas de Asturias, Santander y Cantabria y de la de Extremadura, tiene un consejo de administración formado por doce personas que entre todas suman un 0,04% del capital. Pero las acciones de este banco están mayoritariamente en manos de las fundaciones en las que se han convertido las antiguas cajas, así como de algunos fondos y empresarios como la familia Masaveu. En total, estos inversores institucionales y estables suman el 75,69% del capital de la entidad. Según el acta de la junta, a la reunión ordinaria de 2014, celebrada el 29 de abril, asistieron accionistas que representaban al 76,88% del capital. Es decir, que aparte de los significativos, solo un 1,19% del capital estaba representando a los accionistas minoritarios.
Algo más alto es el porcentaje de minoritarios representado en la junta de CaixaBank, celebrada en Barcelona el 24 de abril de 2014. En aquella reunión estaban presentes en el acto mismo de celebración accionistas que poseían el 61,76% del capital del banco. La cifra no era difícil de lograr si se tiene en cuenta que la Fundación Bancaria La Caixa, heredera de La Caixa, tiene el 58,91% de las acciones del banco y que el consejo, que estaba sentado al completo en la junta controla un 1,88% más. En total, pues, el 60,79% estaba presente sin salir de la mesa presidencial. Es cierto que en la junta estaba representado o presente el 75,11% del capital, lo que deja en manos de minoritarios hasta poco más del 14% del banco, y de ellos, un 13,36% no estaban físicamente en la reunión, sino que habían delegado el voto.
Los clásicos.
Y aquí es donde se llega al auténtico quid de la cuestión de los grandes bancos cotizados tradicionales. En ellos no hay fundaciones ni inversores institucionales con paquetes de acciones que sumen más de la mitad del capital. Los consejos de administración tampoco controlan volúmenes de acciones que podrían considerarse significativas, ni mucho menos, pero los acuerdos se aprueban por aplastantes mayorías de los accionistas presentes o representados. El secreto está en las delegaciones de voto a favor unas veces del propio consejo de administración y otras a otras entidades que votan sin grandes discrepancias. La asistencia telemática (a través de Internet) ha abierto muchas posibilidades entre los minoritarios y parece que a juzgar por el nuevo código ético de la CNMV van a aumentar.
En el caso de los dos mayores bancos españoles, Santander y BBVA, y a pesar de que pudiera pensarse otra cosa, los consejos de administración de ambas entidades poseen solo el 0,84% y el 0,071% de su capital, respectivamente. En el Santander, la familia Botín, según el pacto de sindicación registrado en la CNMV, tiene 73,7 millones de acciones del banco (un 0,524% del capital), aunque la presidenta, Ana Botín, declara tener el 0,124% del banco y su hermano Francisco Javier otro 0,525% más. Eso es porque algunas de las acciones no están incluidas en el pacto. Sea como fuere, con menos del 0,6% del capital, los Botín copan el mando en plaza del banco desde hace décadas y han mantenido la tradición tras el trágico fallecimiento de Emilio Botín el pasado año y el nombramiento de su hija.
La junta de 2014 del Santander se celebró con un quórum del 58,82% del capital y todos los puntos del orden del día de la reunión salían adelante con una abrumadora mayoría de votos a favor (menos del 3% en contra en casi todos los casos) hasta que llegaron algunas decisiones más contestadas por los accionistas. En concreto, las renovaciones como consejeros de la propia Ana Botín, de Rodrigo Echenique y de Vittorio Corbo se saldaron con un 14,3% en contra de la renovación de Ana Botín y un 15,6% y un 17,8% también en contra de los otros dos consejeros, respectivamente. También se apartó de la media la aprobación de la autorización al consejo para que amplíe capital incluso excluyendo la suscripción preferente de los accionistas, que fue votada en contra por el 12,19% de los presentes y representados. Un porcentaje similar de votos en contra (el 12,37% concretamente) registró el punto de emisión de títulos convertibles en acciones.
En el caso del BBVA, a cuya junta del 14 de marzo de 2014 asistieron personalmente o representados accionistas que sumaban un 63,18% del capital, de los nueve puntos que se sometían a la aprobación de los presentes, solo dos obtuvieron cerca del 6% de votos en contra. Fueron los de retribución variable de los directivos y la retribución de consejeros. En el resto apenas hubo oposición notable, ni siquiera en las ampliaciones de capital.



