Inmigrantes altamente emprendedores

06 / 08 / 2013 10:04 Fernando Barciela
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Decenas de grandes empresas españolas, desde Jazztel a MásMóvil, Desigual o Vital Dent, han sido creadas por extranjeros, un fenómeno anómalo en Europa.

Ernesto Colman. Vital Dent

Chie Mihara, una diseñadora de zapatos brasileña de origen japonés que trabajaba en Nueva York, decidió un día que quería trabajar en la verdadera industria del calzado, la europea, y, ¿cómo no?, eligió Elda (Alicante) para hacerlo. Entró a trabajar en Charles Jourdan y al cabo de unos años fundaba su propia empresa, Chie Mihara, que vende ya 200.000 pares de zapatos al año y factura en torno a los 20 millones de euros.

El caso de esta brasileña menuda, que no alberga la menor intención de regresar a su país y recorrió otros posibles emplazamientos antes de decantarse por España, no es, ni mucho menos, una rareza. Es posible que, después del Reino Unido (con empresarios inmigrantes como Stelios Haji-Ioannou, el fundador de EasyJet) España sea el país de Europa en el que los inmigrantes hayan creado más empresas de gran dimensión y muchas de ellas de notable éxito.

No hay que olvidar que en España, la segunda gran empresa de moda, Mango, fue creada por un inmigrante, un joven de origen turco llamado Isak Andic, y que otra de las grandes, Desigual, fue idea de un suizo que responde al nombre de Thomas Meyer. Telepizza, la sensación bursátil de los años 90, fue fundada por un cubano afincado en Estados Unidos llamado Leopoldo Fernández Pujals, y Jazztel, la operadora mediana de telefonía más exitosa, fue creada en su día por el argentino Martín Varsavsky. Esto, sin olvidar a Vips, creada por la familia mexicana Arango, o que SOS, empresa que hoy pasa por momentos difíciles bajo el nombre de Deoleo, fue creación de otros mexicanos, los Salazar, ahora caídos en desgracia e investigados incluso por la Audiencia Nacional por presuntos delitos societarios.

Es tal el nivel de las empresas creadas por estos inmigrantes que posiblemente ni siquiera se vería superado en Estados Unidos, donde hay inmigrantes de postín como el joven sudafricano Elon Musk, fundador de Tesla (la empresa de coches eléctricos que está arrasando en bolsa) o Andrew Grove, el húngaro que fundó Intel. Las dimensiones son distintas, pero la historia demuestra que dentro de su tamaño como país, España destaca en la acogida de inmigrantes emprendedores.

Cada uno de ellos tiene su historia. En algunos casos vinieron a trabajar y después decidieron emprender sus propios negocios. Otros, sin embargo, tenían claro desde el principio que emigraban para comenzar montando su propia empresa, como es el caso de la fabricante de zapatos Mihara. La joven brasileña lo hizo en un sector, el calzado, en el que España tiene la mayor infraestructura industrial de Europa. Cuando decidió dar el salto y cruzar el océano en busca de un lugar en Europa, ella creía que debía buscar en otros sitios: “Pensaba que el lugar con mayor infraestructura industrial de calzado era Italia y me quedé asombrada cuando me dijeron que era España, por eso me vine aquí”.

Sectores fuertes.

Muchos de los inmigrantes que han venido a montar su empresa se han decantado por sectores en los que España es fuerte. De ahí que haya tantos hoteleros o restauradores. O tantos otros en la industria agroalimentaria, en la que España es también una de las primeras potencias occidentales. Uno de ellos es el alemán Stefan Rötzer, que en su día, consciente de que muchos de los productos que tenía en su mesa llegaban de España, decidió venir y montar su propia empresa, Sanlucar Fruit, un pequeño gigante de la exportación y distribución de frutas y verduras.

Algunos dirán que España fracasó en su intento de convertirse en la California de Europa. Pero no parece que sea cierto. El litoral mediterráneo, las islas, Barcelona, y hasta Madrid, se han convertido en auténticos imanes de atracción para miles de profesionales y trabajadores del norte de Europa, atraídos por la combinación de potencial industrial o turístico y buen clima. Esa fue la razón que trajo a España a la sueca Cristina Szekely, propietaria de la que es posiblemente la agencia inmobiliaria de mansiones y villas de lujo más famosa de España. Szekely, que es hoy toda una personalidad en Marbella, donde tiene en cartera decenas de espectaculares propiedades, algunas a precios mareantes de millones de euros, nunca había trabajado antes de venir a España, hace ya dos décadas. “Vinieron mi madre y mi hermana, dijeron que el mar era tan azul y el tiempo tan maravilloso, que me sumé a ellas y ya me quedé aquí”, dice.

Szekely se vino de vacaciones y se instaló en España, una historia igual a la del suizo Thomas Meyer, que con poco más de 20 años se vino a Ibiza y empezó a vender camisetas en la playa. Arrasó después de estamparlas con sus particulares diseños. Luego crearía Desigual, un gigante en ciernes, del que algunos analistas dicen que está llamado a ocupar el tercer puesto del sector español de moda, tras Inditex y Mango.

El clima influye.

El buen clima atrae a turistas que luego se quedan, pero también les pasa a algunos ejecutivos. El espectacular crecimiento de la economía española en los años 90 y parte de la década del 2000, sumado a la liberalización de una serie de sectores, como el de las telecomunicaciones, sembró Madrid y Barcelona de una población de empresarios internacionales similar a la que había tradicionalmente en ciudades como París, Zurich, Bruselas o Frankfurt. La ventaja con la que jugaba España es que, a igualdad de condiciones económicas, el clima es mejor, y eso cuenta.

Muchos han decidido quedarse aquí por esas razones. Es el caso del alemán Christopher Pommeroning que, atraído por Barcelona, optó por fundar en España su empresa de capital riesgo Active Capital Partners (ACP), o el del austriaco Maini Spenger, que fundó MásMóvil, uno de los más exitosos operadores virtuales de teléfonos móviles (utilizan la red de otros más grandes, en este caso la de Orange), con su amigo el noruego Chris Nyborg.

Otro ejecutivo que se quedó en España fue el cubano afincado inicialmente en Estados Unidos Leopoldo Fernández Pujals, un ex marine que trabajaba como profesional de marketing para Procter and Gamble, una de las grandes compañías de bienes de consumo de su país. Estaba muy bien situado y tenía un buen sueldo, igual que Spenger, pero decidió que tenía que explotar un vacío: “Había visto en Estados Unidos el éxito de las pizzas a domicilio que se repartían en coche, y pensé que sería interesante montar algo así en España”.

Para hacerlo vendió su piso y su coche y montó la primera tienda en el madrileño barrio del Pilar. Llegaría a tener centenares de locales, a pagar sueldos asombrosos a sus motoristas distribuidores. Y una vez que sacó a cotización Telepizza, fue uno de los éxitos bursátiles de la época, una empresa que creció de la nada a más de mil millones de euros en unos pocos años. Luego la vendió a Pedro Ballvé, de Campofrío, estuvo unos años esperando otra oportunidad y acabaría entrando en Jazztel. Ahora pasa el tiempo entre su finca de Segovia (con caballos) y una isla del Caribe, en espera de que Jazztel alcance su valor óptimo para volver a vender. Las escuelas de negocios han tenido también mucho que ver en esta nueva pléyade de emprendedores. España cuenta con tres de las mejores del mundo: IESE, IE Business School y Esade. Estos centros tienen ya muchos más alumnos extranjeros que españoles. Y parte de los que acuden a hacer sus MBA lo hacen con la intención de emprender. Y se quedan aquí.

Nuevas tecnologías.

Fue el caso del argentino Gustavo García Brusilovsky. Después de trabajar en empresas como IBM, vino a hacer un curso en IESE y preparó el business plan de una empresa de venta de moda de lujo por Internet. De ahí nacería BuyVip, el mayor éxito del segmento, una empresa que llegó a facturar 300 millones de euros y que Brusilovsky y sus socios vendieron a Amazon por 70 millones de euros.

El sector de las nuevas tecnologías, en el que pululan miles de profesionales y ejecutivos llegados de fuera (en algunas empresas españolas son el 30% o el 40% de la plantilla), también han sido un buen semillero. El retraso que hace años tuvo España en algunos segmentos fue la tentación perfecta para muchos de ellos, que decidieran quedarse.

Spenger, que vio con su MásMóvil una oportunidad de competir con Telefónica ofreciendo una calidad aceptable a precios bajos, no fue el único. El estadounidense Joshua Novik fundó Antevenio, una empresa de publicidad y marketing on line, líder de su sector en España y que cotiza en bolsa. Esa fue precisamente la idea de Varsavsky, un argentino educado en universidades de EEUU, considerado un visionario de las nuevas tecnologías, que en su día decidió aprovechar las insuficiencias de un sector de las empresas de telecomunicaciones, en pleno proceso de apertura, para fundar Jazztel. Varsavsky, que había fundado antes algunas compañías de cierto postín, que vendió luego a buen precio, no tuvo, sin embargo, el éxito esperado. Tuvo que hacer enormes inversiones, que generaron una deuda gigantesca, lo que le obligó a vender la empresa. Nunca se ha ido de España. Tiene un pie aquí y otro en Argentina y ha puesto en marcha otras iniciativas tecnológicas.

Latinoamérica ha sido un filón casi infinito de empresarios. Al margen de una enorme representación de ecuatorianos o colombianos, España se ha beneficiado de los problemas políticos en países como Argentina o Venezuela, que han aportado miles de profesionales altamente formados que han huido literalmente de sus países debido a los conflictos internos.

Uno de ellos ha sido el uruguayo residente en Argentina Ernesto Colman, que decidió en su momento cambiar aquel país por España. Llegó casi sin dinero y tuvo que ponerse a fabricar prótesis en casa de unos amigos. Poco después fundaba su primer centro y luego crearía la primera cadena de centros dentales baratos de España, toda una innovación en un sector en el que los precios eran prohibitivos, lo que le permitió crear un gigante que hoy vale centenares de millones de euros. Había nacido Vital Dent.

Luego están los hijos de los emigrantes a América, que han vuelto. El caso de Plácido Arango, de una familia de asturianos que emigraron a México y que se cuentan entre las diez más ricas de aquel país. Los Arango crearon una red de hipermercados, los Aurrerá, que luego venderían a la multinacional de grandes superficies Walmart. Uno de los vástagos de la familia decidiría tentar su suerte en España, donde empezó también montando tiendas Aurrerá, que no fueron muy bien. Como las tiendas de México tenían restaurante y venta de libros y otras cosas, cambiaron de fórmula y fundaron la cadena Vips, que hoy es uno de los dos grandes grupos españoles de restauración low cost.

Otros que volvieron fueron los hermanos Salazar Bello. Algunos se quedaron en México y otros optaron por España. Jesús empezó su carrera comprando una pequeña empresa en bolsa, desactivada, a la que empezó rellenando con activos que iba comprando. Una de sus primeras adquisiciones fue la de aceites Koipe, una iniciativa muy celebrada, ya que supuso recuperar la empresa aceitera vasca de manos de los italianos. Más tarde adquiriría SOS y le sumaría Cuétara. Todas, marcas muy conocidas.

Durante unos años todos estaban contentísimos con Jesús (se le alababa como un emprendedor singular) hasta que, ya en plena crisis, se descubrieron irregularidades en las cuentas y se le desplazó –a él y a su familia– de la presidencia de la compañía, entonces al borde de la quiebra. Desde entonces, ya con el nombre de Deoleo, este grupo alimentario ha ido desinvirtiendo y centrándose nuevamente en su negocio primigenio, el aceite. Los Salazar siguen siendo accionistas, pero ahora se enfrentan a una investigación judicial.

Inversores.

También están esos inmigrantes como Rham Bhavnani a quien, aunque no se le pueda considerar un emprendedor, hay que incluir en la lista, ya que es, sin duda, el inversor bursátil particular más famoso de España, que llegó hace años a manejar más de mil millones de euros en títulos. De origen hindú, su historia de éxito empezó en su tienda de Canarias, que aún hoy existe, aunque la regentan sus familiares. “Recibí un cheque de 20.000 euros y decidí invertirlos en el Banco Popular”, dice. A partir de esa inversión, y utilizando el apalancamiento como tónica, llegaría a convertirse en uno de los grandes accionistas del Popular primero, y de Bankinter después, llegando a estar incluso en el consejo.

Pero todo esto tampoco es totalmente nuevo. Desde hace décadas, o incluso siglos, los extranjeros han venido a España a montar empresas. Loewe, posiblemente la marca española de lujo con más proyección internacional, hoy integrada en LVMH, fue creada en el siglo XIX por Enrich Loewe, un alemán. Y Pronovias, una de las mayores firmas mundiales de moda nupcial, con sede en Barcelona, tuvo sus inicios en los años 20 del pasado siglo, cuando un suizo de apellido Palatchi abrió su tienda en una de las calles principales de la Ciudad Condal. Lo importante es que el movimiento continúa, cada vez a mayor velocidad, lo que demuestra que España sigue teniendo bastante tirón.

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