El tabaco ilegal es más barato, pero muy peligroso

23 / 09 / 2015 José María Vals
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El ahorro que se puede lograr al comprar tabaco de contrabando es más peligroso de lo que parece

Corría la primavera de 2002. Hacía poco más de tres meses que los cajeros automáticos españoles habían comenzado a dar euros en lugar de pesetas y muchos españoles intentaban acostumbrarse a contar en euros sin traducir previamente a pesetas cuando iban a comprar algo. Por aquel entonces (era abril) el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó nuevos precios de varias marcas de tabaco. La cajetilla de Winston pasaba a costar 2,50 euros y la de Camel, 2,15 euros. Pocos días antes Marlboro había subido también hasta los 2,50 euros.

El tabaco en España comenzaba a ser más caro que antes debido a la progresiva adecuación de la carga de impuestos mínimos exigidos por la Unión Europea para los cigarrillos. Pero aún era considerablemente más barato que en otros países europeos. Entonces, como dice una fuente conocedora del sector, “España era un país de paso para el tabaco de contrabando”, las cajas recorrían literalmente nuestro país en busca de otros destinos donde entraba en las redes de venta al por menor. Sin embargo, las subidas de impuestos han encarecido notablemente los precios y ahora España es también un país de consumo de tabaco ilegal.

Aquí, como señala esa misma fuente, la palabra ilegal no se refiere a que el tabaco haya sido fabricado de forma clandestina. Se trata de cajetillas que contienen cigarrillos que han salido de fábricas de las grandes multinacionales del sector, pero que cuando se venden en España no han pasado por los canales legales ni han pagado los correspondientes impuestos. Y esto se sabe porque no llevan el precinto fiscal. Las cajetillas son genuinas, pero están vendidas de forma irregular.

Esta actividad de venta ilegal de tabaco ha llegado a sumar en España en 2015 un 10,6% de las cajetillas que llegan a los consumidores, según un estudio que la consultora internacional Ipsos realiza dos veces al año. Para ello, eligen 58 ciudades de más de 100.000 habitantes y se recogen sistemáticamente las cajetillas que tiran los fumadores a las papeleras, para comparar las que no llevan precinto con las sí lo llevan y estudiar su origen.

Aunque la cifra del 10,6% es menor que las de los dos informes anteriores (12,5% y 11,3%), la realidad es que en el sector tabaquero, Hacienda y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se ven con preocupación unas cifras que no muestran una tendencia clara a la baja.

Otros delitos. Los cálculos que manejan los técnicos de Hacienda señalan que por cada punto porcentual de consumo de tabaco ilegal el Estado deja de ingresar unos 90 millones de euros al año. Con el nivel actual, esto supone mil millones menos de recaudación.
 Pero además hay dinero que se queda por el camino.

Por ejemplo, un paquete que en el estanco cueste cuatro euros, se vende habitualmente en las redes de contrabando por 3,25 euros. El consumidor final solo se habrá ahorrado pues 75 céntimos por cajetilla, aunque el distribuidor ilegal habrá adquirido el paquete original por tan solo dos euros. El resto del dinero (1,25 euros por cajetilla) se queda en las manos de estas redes y puede servir para financiar otras actividades delictivas.

En España, las marcas de tabaco con mayor presencia de cajetillas ilegales son Ducal (18,1%) y American Legend (14,9%), seguidas de Marlboro (14,3%), Winston (12,9%), Chesterfield (8,2%), Camel (4%) y Fortuna (3,7%).

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