El circo griego huele a gasolina
Jugar con fuego es peligroso. La negociación de Grecia con la UE ha llegado a ese punto en el que las llamas pueden desbocarse definitivamente.
“No soy de los que creen que los males del país son culpa de extranjeros. Hemos llegado casi a la quiebra porque los Gobiernos anteriores han creado un Estado clientelar, han permitido la corrupción y que hubiera un conflicto de intereses entre el poder económico y el político. No tomaron ninguna medida para frenar la evasión fiscal”. La frase es de Alexis Tsipras, primer ministro griego, pronunciada con toda solemnidad ante el Parlamento Europeo.El tira y afloja de Grecia y los acreedores (FMI y Unión Europea) tras el referéndum del 5 de julio ha ido subiendo de tono hasta llegar a un auténtico ultimátum de los jefes de Gobierno de la Eurozona. O hay acuerdo o se acabó. Y para que haya acuerdo tiene que haber reformas en la economía griega. Pero, ¿dónde están las posturas antes de comenzar a negociar un auténtico pacto tras el posible (o no) principio de acuerdo que desbloquee la situación?Angela Merkel, a quien el propio Tsipras deja de culpar de todos los males de su país, y François Hollande, uno de los pocos aliados que ha tenido el Gobierno griego durante toda la crisis, han hecho causa común: es necesario que Grecia tome medidas creíbles y precisas que equilibren la solidaridad europea con la responsabilidad de los propios griegos.Tras el referéndum y el triunfo del No a las medidas de los acreedores, Tsipras se reunió con el resto de fuerzas políticas de su país y entre todos acordaron que el primer ministro pusiera como centro de cualquiera de sus propuestas cuatro puntos básicos: liquidez para el sistema financiero griego, reformas creíbles, un programa de crecimiento y un principio de acuerdo para iniciar la discusión sobre la sostenibilidad de la deuda. De acuerdo, pues, entre las fuerzas vivas europeas (Alemania y Francia) y las fuerzas políticas griegas en que son necesarias “reformas creíbles”, a lo que Tsipras añade que también deben ser sostenibles, por lo que incluye la renegociación de la deuda como garantía de que el plan no es pan para hoy y hambre para mañana. “En la propuesta del Gobierno griego para sus necesidades financieras y la reestructuración de la deuda no queremos que haya carga adicional para otros países”, ha añadido el primer ministro griego, que también ha echado mano estos días de un informe del FMI en el que este organismo internacional reconoce también que los niveles de deuda griegos son insostenibles.Ante este escenario, el periódico griego Ekathimerini, editado en inglés, reconocía que las instituciones europeas han contemplado durante todos estos días de tensión tres escenarios posibles: un nuevo programa de asistencia financiera que incluya reformas estructurales, una divisa en paralelo al euro o una quiebra controlada y salida posterior de Grecia del euro. Y aquí entran en juego todas las instituciones, porque las medidas a tomar no dependen siempre del mismo actor.
Dinero para la banca. Por ejemplo, la liquidez del sistema financiero griego depende de que el Banco Central Europeo (BCE) inyecte dinero a los bancos helenos para que soporten la operativa diaria, ya que la economía del país se ha quedado literalmente seca (sin dinero en efectivo) durante las últimas semanas. A pesar del cierre de los bancos decretado una semana antes del referéndum por el propio Gobierno griego, el colapso de la banca ha planeado estos últimos días como una amenaza real.A este respecto, el mismísimo gobernador del Banco Nacional de Austria, Ewald Nowotny, que figura por su cargo entre los consejeros del BCE, ha llegado a decir que otorgar liquidez es posible mientras se avanza en la negociación. Esto, dicho por un austriaco, cuyos compatriotas están mayoritariamente a favor de expulsar a Grecia del euro, tiene su mérito, pero el problema está en que la negociación se acabó rompiendo tras la celebración del referéndum y los viajes de Alexis Tsipras a Bruselas sin propuestas concretas bajo el brazo. El BCE no ha cerrado el grifo, pero tampoco ha aumentado el volumen de liquidez de emergencia, aunque esto también tiene fecha de caducidad: el 20 de julio vence un préstamo del BCE que si no se paga impedirá nuevos préstamos de emergencia, porque se lo impide su propio estatuto.Desde la Comisión Europea, su presidente, Jean Claude Juncker, ha pasado muchas horas cruzando mensajes con Tsipras y apoyando abiertamente la negociación, hasta que el pasado martes (7 de julio), con todos los jefes de Gobierno de la Eurozona reunidos con Tsipras sin poder avanzar ante la falta de propuestas griegas, perdió los nervios y dijo de forma tajante que la UE tiene un plan B para mandar ayuda humanitaria a Grecia y dejarle quebrar para que salga del euro.Palabras gruesas para encarar la recta final de un proceso que no puede seguir enquistado, porque una salida del euro, aunque sea de un país pequeño como Grecia, resta credibilidad a la divisa común europea. Hasta el Gobierno de EEUU, con Barack Obama llamando a Angela Merkel y Alexis Tsipras, ha dicho oficialmente que es necesario un acuerdo que conjure para Grecia “la sostenibilidad de la deuda con las reformas que vuelvan a la senda del crecimiento”.
El FMI. Entre medias está el FMI, que en mayo de 2010 aprobó una ayuda de 30.000 millones de euros y en marzo de 2012 otra de 28.000 millones. En estos momentos, la deuda griega con este organismo asciende a 21.200 millones y desde su consejo directivo se dice que la solución al problema pasa por que Grecia tome medidas para reformar la economía al mismo tiempo que los acreedores europeos proporcionen financiación y alivio en la deuda. Es decir, que a mí me paguen lo mío y que los europeos apechuguen con la renegociación de la deuda.“Ninguna de las reformas [de los anteriores Gobiernos] han ayudado a eliminar las desigualdades. Ninguna reforma ha mejorado la recaudación de impuestos o la Administración pública”, decía Tsipras cuando prometía ante el Parlamento Europeo una propuesta concreta, creíble y sostenible, “para cambiar realmente Grecia” antes de que sea demasiado tarde.


