El automóvil echa más gasolina
Un nuevo plan de ayuda para la compra de automóviles ha supuesto una nueva recarga para el sector, cuyas ventas de abril preocuparon a más de uno. Ahora la duda está en qué pasará después de las elecciones generales.
El Plan Pive 8 de ayuda a la compra de automóviles ya es una realidad, aunque con algo menos de generosidad que los anteriores. Cuenta con dos novedades que no son halagüeñas: la ayuda de 2.000 euros por vehículo nuevo se reducirá a 1.500 euros (750 los da el fabricante y 750 el Gobierno), y se dice desde el Ejecutivo que no está garantizada su continuidad en el futuro, por razones obvias ya que “hay muchas incógnitas políticas” a partir de 2016.
Lo bueno para el sector es que de momento el plan destinará 225 millones de euros con los que se espera que se vendan 300.000 vehículos que de otra manera no saldrían de los concesionarios. Las condiciones serán las de siempre: entregar para la chatarra vehículos de más de 10 años de vida, certificación demostrable de tenencia del vehículo en poder del beneficiario un año antes de acogerse a la ayuda y tener la ITV en regla.
Estos programas de ayuda nacieron ya con el Gobierno de Zapatero, bajo el nombre de planes Prever, para fomentar la compra de vehículos eficientes y ecológicos. El fin último era sostener la industria del automóvil, muy potente en España, con 10 fabricantes y 17 plantas que exportan el 87% de su producción. El automóvil emplea a 250.000 trabajadores y dos millones más de modo indirecto. Es el segundo sector exportador de España, tan importante o más que la industria agroalimentaria, en la que España es una potencia mundial.
Los sectores relacionados con el automóvil se felicitan por el anuncio de este Pive 8, que esperaban con ansiedad, ya que garantiza que el mercado nacional siga creciendo con cifras de dos dígitos. Esperan que con el nuevo plan se alcance la barrera del millón de vehículos vendidos en el mercado interior y se mantenga el empleo en el sector fabricante, en la industria auxiliar de componentes y en los concesionarios y vendedores.
Sin garantía de futuro. Tenían motivos para estar preocupados. En abril las ventas aumentaron solo un 3%, una cifra realmente pequeña comparada con la tendencia de los últimos meses. El efecto contractivo se debió a que el anterior Pive se acabó a los 10 días del mes, y todo el sector estaba nervioso, a la espera de la aprobación de un nuevo plan. De pronto Mariano Rajoy anunció el nuevo Pive el 8 de mayo, en la inauguración del Salón del Automóvil de Barcelona. La elección del lugar y el día no necesita muchas explicaciones. Sin embargo el presidente no dio garantías de futuro a los fabricantes de automóviles instalados en España, con los que tuvo un encuentro, muy prometedor en apariencia pero ligado a su continuidad en el Gobierno.
La patronal de los fabricantes Anfac, los vendedores de Ganvan y Faconauto, y la industria de componentes agrupada en Sernauto, se han felicitado de la respuesta rápida del Gobierno a sus demandas, pero temen que el ciclo político ralentice o frene estos planes, que pueden sufrir rebajas en sus objetivos y presupuestos dependiendo de cómo se conforme el Gobierno que salga de las elecciones generales. Cualquiera de estas opciones es mala para ellos. El argumento en el que coincide todo el sector es que “la renovación del parque de vehículos en España sigue siendo una necesidad si queremos tener un parque automovilístico como un país europeo de primer nivel, eficiente y seguro. Solo se ha renovado un tercio de los coches viejos que deberían desguazarse”. Y el segundo argumento incontestable para el sector: “Las subvenciones públicas se recuperan todas, cada euro de ayuda al comprador de vehículo nuevo en los Pive genera tres euros en forma de impuestos para la Hacienda pública, además de riqueza y empleo. El automóvil representa ya entre el 8% y el 9% del PIB de España”.
Medios de Anfac señalan que “el Pive 8, además de dejar prácticamente asegurada la venta de un millón de vehículos en el mercado interior, hará posible llegar a 2,6 millones de vehículos fabricados, casi el 90% para el mercado de la exportación”. Las dudas sobre los futuros Pive, señala un portavoz de Anfac, “no son dramáticas para los fabricantes, ya que cualquier Gobierno futuro sabe que este sector industrial es estratégico, para el empleo, el crecimiento del PIB y el comercio exterior y el equilibrio de nuestra balanza de pagos. Y si no lo sabe se lo haremos saber desde el primer día de su mandato”. Nunca han tenido problema de interlocución, ni con Gobiernos del PSOE ni con los del PP, señala este portavoz, que añade que generalmente “todos los problemas de estos planes son de dotación presupuestaria y los Gobiernos al final atienden las demandas del sector porque son buenas para el país, para fomentar y sostener el consumo, la confianza del consumidor y asegurar el crecimiento económico”. Y marca nuevas metas: “Vamos a seguir con el Plan tres millones, que es el objetivo de volumen de fabricación para 2017, e incluso con objetivos más ambiciosos para los años siguientes. España es una potencia constructora en Europa (segundo fabricante) y debe seguir ganando puestos”.
Para Ganvam, la patronal de vendedores de coches, “el nuevo plan Pive evitará el frenazo en seco del mercado después de 20 meses continuos de subida de las ventas. El mercado de nuevos subirá un 10%, cerca de los 940.000 vehículos vendidos y camino de la barrera psicológica del millón de unidades”.
Para Sernauto, la industria de componentes del automóvil, es una excelente noticia. José María Pujol, presidente de la patronal lo subraya, sobre todo tras dos años pasados muy duros, aunque ahora están recuperados. Hay incluso multinacionales españolas de componentes como Gestamp, Antolín y Cie Automotive, con 264 plantas en el mundo y peso en el mercado mundial. La industria de componentes facturó en 2014 29.723 millones, un 6% más que el año anterior, y emplea de forma directa a 196.582 personas, un 3% más que en 2013.
A pesar de que algunos economistas han puesto pegas a estas ayudas sectoriales y a pesar de que algunos socios de la Unión Europea miran con recelo estas subvenciones, lo cierto es que estos planes han tenido siempre un efecto revulsivo sobre las ventas, incluso en los peores años de la crisis.



