Desastres y PIB
Existe un consenso generalizado en considerar el crecimiento del PIB como la variable macroeconómica adecuada para medir la solidez del crecimiento de una economía.
El PIB expresa el conjunto de productos y servicios producidos en un país en un periodo determinado de tiempo. Es una variable de flujo, que no tiene en cuenta el stock de riqueza.
Así, con los desastres naturales se da la paradoja de un efecto inicial negativo en la variable PIB y un posterior efecto muy positivo para el PIB. Los actuales huracanes en EEUU generan primero una reducción del PIB por la imposibilidad de producir durante los días en los que los fenómenos meteorológicos lo impiden. Curiosamente, cuanto mayor haya sido la destrucción ocasionada, mayor será la inversión pública realizada, que hará aumentar el PIB. Lógicamente esto se aplica a los países con capacidad para aumentar su inversión pública, como es el caso de EEUU.
El PIB, al ser una variable de flujo, no recoge la destrucción causada por los desastres naturales o incluso las guerras. Sin embargo, la reconstrucción de lo destruido, aunque sea para que todo quede como antes del desastre, sí aporta al PIB. Las pérdidas materiales ocasionadas por los huracanes son cuantiosas, pero al margen del agujero ocasionado a numerosas compañías de seguros y al patrimonio de muchas familias, el efecto sobre el PIB estadounidense será positivo. El PIB no recoge la destrucción pero sí la reconstrucción.


