Abengoa busca dinero fresco

10 / 12 / 2015 José María Vals
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Mientras llega o no un acuerdo con los acreedores que clarifique el futuro a medio plazo, Abengoa necesita dinero ya para sobrevivir y poder pagar a los proveedores. La banca no se lo da y la cuerda se tensa

José Domínguez Abascal, presidente ejecutivo de Abengoa, tiene ante sí una difícil negociación con la banca.

Abengoa no va a poder permitirse este año ni el descanso navideño. El tiempo corre en su contra y tiene que sentar las bases de una solución para evitar la quiebra del grupo. Los problemas más acuciantes en este momento son la gran cantidad de acreedores con los que hay que negociar (tiene créditos concedidos por 200 bancos de casi todo el mundo), así como la necesidad de dinero para mantener la actividad. Los bancos son reacios a dar más liquidez a las empresas del grupo, pero si cierran definitivamente el grifo, la cosa puede acabar peor.

Resolver estos dos grandes problemas requiere imaginación, interlocutores con plenos poderes y la intención clara de encontrar una solución. Desde la parte de Abengoa ya han movido ficha, la familia Benjumea, que aún controla un 57,5% del capital, se ha retirado y un ejecutivo, José Domínguez Abascal, ha tomado las riendas del grupo como presidente ejecutivo con plenos poderes.

Desde la parte contraria, los bancos también han movido ficha. El 30 de noviembre se reunían con la consultora KPMG para nombrar un comité director que dirija las negociaciones con la empresa. El comité estará presidido por el Santander, a pesar de que el mayor acreedor de Abengoa es el banco público de EEUU Federal Financing Bank, al que la empresa debe 2.200 millones de euros comprometidos en la financiación de proyectos.

La reunión de los bancos fue aprovechada por Abengoa para solicitar una línea de crédito de 600 millones de euros que le ayude a capear el temporal y poder cumplir con sus obligaciones de pago a los proveedores. La cifra es muy parecida a los 650 millones de euros que la empresa confiaba en ingresar mediante las ampliaciones de capital pactadas con Gestamp y que finalmente no se van a realizar.

Fuentes financieras consultadas por TIEMPO aseguran que los bancos van a mantener cerrado el grifo del dinero “al menos de momento”, por lo que será necesario buscar alguna solución alternativa. En el mercado se hablaba ya esta semana de la posibilidad de retomar la solución de la ampliación de capital y buscar para ello algún inversor que pudiera poner dinero a cambio de acciones y que sirviera además de socio tecnológico. La actividad de Abengoa necesita de una importante dosis de tecnología punta y eso no lo puede aportar un socio que sea únicamente un inversor financiero.

Esta solución de la ampliación de capital tropieza, sin embargo, con los niveles de cotización de la empresa. Las acciones de clase B, que eran las que cotizaban con mayor liquidez en el Ibex 35 y han sido expulsadas al mercado continuo, no alcanzan ni de lejos las cifras que estaban previstas en los acuerdos previos que Abengoa firmó con Gestamp en septiembre y cuya ruptura ha provocado la crisis actual.

El estallido de la crisis provocó varios desplomes seguidos de Abengoa en bolsa, hasta el extremo de perder casi el 85% del valor con el que comenzó el año 2015. En los días posteriores, la empresa presentó el preconcurso de acreedores en los juzgados y se desató un clamor casi unánime entre políticos y sindicatos animando a las partes a buscar una solución que garantice el futuro de esta pequeña multinacional española.

Rebote. Quizás haya sido ese clamor favorable al mantenimiento de la empresa el que haya animado a algunos inversores a volver su mirada hacia unas acciones de Abengoa que en sus peores momentos llegaron a valer 25 céntimos pero que después cogieron algo de fuelle y volvieron a superar los 30 céntimos, dejando la pérdida anual por debajo ya del 80%.

Aun así, la ampliación que en su día había sido pactada con Gestamp preveía un precio de 76 céntimos por acción, una cifra que supone más del doble del valor con el que Abengoa inició el mes de noviembre en bolsa. Con ese precio para las acciones B y el de 99 céntimos para las de clase A, que tienen cien derechos de voto cada una, los Benjumea se comprometieron además a poner 120 millones de euros y perder claramente su posición de control en el grupo al quedar reducida su participación al 20% del capital aproximadamente.

Aquella operación preveía la entrada de 650 millones de euros de dinero fresco en el balance de Abengoa, necesarios para mantener su actividad a corto plazo mientras el grupo buscaba compradores para un conjunto de proyectos que mantiene catalogados como “activos puestos a la venta”. Cuanto más bajo sea el precio de las acciones mayor será el número de títulos que hay que vender para alcanzar la cifra mágica de los 600 millones de euros. Eso podría acabar con la familia Benjumea perdiendo toda su participación actual en la sociedad y aun así podría no ser suficiente para llegar a la cantidad requerida.

Ahora todo está abierto. Si no aparece un salvador rápido, la cuerda se va a ir tensando porque ambas partes se juegan mucho. La postura de cerrarse en banda a la concesión de nuevos créditos “es una postura lógica en cualquier negociación de este tipo”, señalan las fuentes consultadas por este semanario, que añaden que “cuando se está hablando de sondear un acuerdo de acreedores con quitas de deuda y posibles conversiones de préstamos en capital, lo normal es no engordar aún más el problema con nuevos créditos”.

Otra posible solución sería la venta de su filial Abengoa Yield, una sociedad creada en 2014 y que cotiza en el índice Nasdaq de Nueva York, cuyo único objetivo es aglutinar activos que generan caja suficiente para dar a los accionistas un jugoso dividendo. De hecho, y según relata en la documentación periódica remitida a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Abengoa ya ha ido colocando paquetes de acciones de esta filial, en la que a mediados de noviembre no controlaba ya más allá del 46% del capital.

Abengoa Yield tiene un valor en bolsa de unos 1.350 millones de euros (con la cotización del 1 de noviembre). La participación de Abengoa en su filial sí podría insuflar el dinero que pide a los bancos y que estos se niegan a prestarle, pero esta venta la tenía programada Abengoa para un plazo más largo, sin las prisas que puedan derivarse de su falta de liquidez, aunque las fuentes consultadas señalan que el nuevo equipo gestor del grupo podría estar ya buscando activamente un comprador.

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