El caso Porcel
Junto a algunas reediciones y ediciones especiales se anuncia una exposición dedicada al escritor Baltasar Porcel.
Se cumplen cinco años de la muerte de Baltasar Porcel y junto a algunas reediciones y ediciones especiales se anuncia una exposición a él dedicada, que está preparando Julià Guillemon; y además una biografía en la que viene trabajando Sergio Vila-Sanjuan, ambos garantía de solvencia, aunque Vila-Sanjuan va a tener sin duda problemas para seleccionar lo más significativo entre la ingente cantidad de documentos que dejó el autor de Cavalls cap a la fosca, que trató con todo el mundo político y cultural catalán. Porcel es un caso. A mí, que lo conocí aunque muy poco, me pareció siempre intrigante aquella obsesión suya, verdadera fascinación, que sentía por la gente adinerada y especialmente por la que había hecho fortuna desde la nada, como él mismo, que saliendo de la miseria en un pueblo mallorquín fue escalando posiciones, acercándose al poder literario y al político. Eso se llama arribismo, pero no “arriba” quien quiere, hay que tener algún talento sólido que ofrecer, de lo contrario no te escucha con atención gente como Josep Pla, que intercambió también con él una nutrida correspondencia también pendiente de publicación y que probablemente será suculenta para los muchos seguidores de Pla. Porcel tenía el talento literario, obvio por ejemplo en El corazón del jabalí y en Caballos hacia la oscuridad: basta con leer algunas páginas para constatar que se trata de un escritor de raza. Jordi Pujol, que gobernó en Cataluña durante una época que a algunos se les hizo interminable pero sin duda a él le pareció breve y que pasaba en un soplo, sostenía que Porcel era el mejor escritor en catalán y se propuso conseguirle el premio Nobel de Literatura. A tal fin creó para que él la dirigiera una institución Mediterránea, sinecura redoblada con un bien dotado premio internacional Catalonia con el que ir arrimando voluntades influyentes. Pero a menudo el mismo Porcel arruinaba sus esfuerzos dejando demasiado claro lo (mal) que pensaba de fulano y mengano, y en sus mismas barbas. En cuanto a su pregonada relación con el rey Juan Carlos I, ignoro si fue larga o corta, fértil o estéril, pero desde luego Porcel la tenía a gala.
Es notorio que, a pesar de esa proximidad ciertamente pegajosa al poder pujolista, varias de sus novelas se centran en describir con verdadero regodeo y desprecio los tejemanejes de una burguesía, y las miserias morales de una sociedad, podridas hasta el tuétano por la codicia y el materialismo. Fuera de ese fango social Porcel solo apostaba por un individualismo egotista, centrado en él mismo: esto no lo digo yo, lo subrayó él en numerosas ocasiones. Eso probablemente sea lo que hace antipática su figura, y reduce la atracción de su prosa, que era sin duda magnífica cuando se lo proponía. Eso, y el hecho de que no tiene las mismas dimensiones épicas la miseria moral, el arribismo y la corrupción en el París del siglo XIX según lo retrató, por ejemplo, Balzac, que el relato de esos males en Barcelona a finales del siglo XX.



