Versiones de la copla
Desde la ópera, el hip hop o el flamenco, artistas contemporáneos se acercan, con tino, a ese género musical tan genuinamente español.
El jazz, una rapera y el tenor operístico más famoso del mundo? No, no se trata de un chiste, los tres –Concha Buika, La Shica y Plácido Domingo– cantan, ahora, copla. La Shica y Plácido entonan La bien pagá y Buika hace lo propio con La falsa monea. Son los nuevos, e insólitos, aliados de la copla. La Shica, nacida Elsa en Ceuta hace 32 años, soñaba con ser bailaora flamenca y se presentó en Madrid con 15 años. De la academia de Amor de Dios, pasó a la ruta del tablao y a las fiestas privadas en domicilios de postín. “Estuve en un sarao en la casa de uno de Los Albertos –se refiere la cantante a Cortina o Alcocer, mitos del pelotazo de los años ochenta– y nos cambiábamos en un baño con la grifería de oro. Bailaba en fiestas de señoritos, en cacerías, me cambiaba y me iba pal tablao. Un día noté que los trajes de lunares, las peinetas y el moño me hacían rozaduras, en el alma, y me rapé la cabeza y le dije a todo el mundo ‘no me llaméis más para trabajar”. Así nació La Shica, como una necesidad curativa. Ahora, canta, baila y mezcla copla y rap.
Antes de grabar su primer y recién aparecido disco, Trabajito de chinos, La Shica grabó en DVD dos canciones, Zíngara rapera y La bien pagá, que le abrieron de par en par los escenarios de media Europa. La primera canción tiene un estribillo pegadizo: “Zíngara rapera, con jazmines en el pelo y sudadera. /Flamenca hip hopera, con vestido de volantes y unas playeras”. Su interpretación de La bien pagá está muy cerca de la versión original, pero llegando al final se arranca a rapear y bailar con un duende viejo y moderno. Concha Buika le ha dado varias vueltas al mundo mezclando copla y jazz. Se consagró con su segundo disco, Mi niña Lola, con el que ha triunfado en los festivales de jazz europeos. Ya ha cantado en Nueva York, México y Japón. En mayo lanza su tercer álbum, titulado La niña de fuego, como la canción que Manolo Caracol le cantaba a Lola Flores en aquella película de 1947.
Do de pecho.
El tenor Plácido Domingo acaba de lanzar al mercado internacional Pasión española, un disco dedicado a la copla con cinco arreglos de Emilio Aragón. “Son historias de tres minutos que yo considero minióperas”, explica el tenor, quien sospecha que su gesto discográfico tendrá el mismo efecto que cuando interpretó tangos argentinos: “Entonces todo el mundo se animó a grabarlos”. Plácido Domingo se confesó en la presentación madrileña: “Hace más de quince años que tengo una selección de cuarenta coplas sobre el piano. Siempre he pensado que es música con una fuerza enorme y unas melodías bellísimas. Cuando llegué a México veía películas de Imperio Argentina o de Concha Piquer, me recordaba mi niñez”. Pero el proceso no ha sido coser y cantar, el polifacético cantante de ópera defi ne el trabajo como “arduo. Cuanto más breve es lo que interpretas, más difícil se hace. Porque en la copla cada canción es un hecho completo”. El cantaor fl amenco originario de Barcelona Miguel Poveda ha confesado a sus allegados que quiere que su próximo disco esté íntegramente dedicado a este tipo de canciones, las que dominaron las ondas radiofónicas tras la Guerra Civil española. En algunos discos anteriores, jondos, Poveda ya había hecho sus pinitos copleros, con muy buenos resultados. La copla fue la indiscutible banda sonora de la posguerra. El escritor Manuel Vázquez Montalbán le dedicó uno de sus primeros poemas –es su faceta literaria menos conocida popularmente–, allá por 1963, a la Piquer. El autor de las famosas novelas de Carvalho estaba, entonces, preso en la cárcel de Lleida por haber participado en una manifestación contra el régimen de Franco. Sería uno de los primeros intelectuales de izquierdas que reivindicó públicamente la copla. Así, en su libro Crónica sentimental de España habla de Tatuaje, la canción de “era alto y rubio como la cerveza”. El escritor exclama: “¡Señores! En un momento en que la talla del Homo Hispanicus era de 1,58 centímetros y la brillantina abastecía el pequeño derecho a ser Clark Gable todos los domingos... Era una canción protesta no comercializada, su protesta contra la condición humana, contra su propia condición de Cármenes de España a la espera de maridos, demasiados condenados por la Historia, contra una vida ordenada como una cola ante el colmado, cartilla de Abastos en mano, y así uno y otro día, sin poder esperar al marino que llegó en un barco”.
Ropa limpia. La tarea de renovar la copla, de separarla de las folclóricas con su bata de cola, tiene sus notables precedentes. El cantautor Carlos Cano vivió sus últimos años obsesionado por el género –grabó algún disco– y más recientemente Martirio grabó, junto al pianista de jazz Chano Domínguez, el álbum Acoplados, donde igualan las partituras de Quintero, León y Quiroga con las de los hermanos Gershwin. “Si en los años cuarenta las fronteras españolas hubieran estado abiertas, músicos de todo el mundo habrían aprendido esas melodías”, explicaba Martirio a propósito del experimento. Pero en la España de los años cuarenta reinaban la autarquía y el “que inventen ellos” y la copla se quedó impregnada entre unos pucheros a los que, con suerte, le había caído un hueso de jamón. Ahora, en el globalizado siglo XXI, la copla vuelve remozada y sin complejos, cantando emociones universales, y sigue oliendo a ropa limpia tendida al sol por varias generaciones.



