Una película sobre los calvitos

21 / 02 / 2017 Luis Algorri
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Paco Arango escribe, produce y dirige Lo que de verdad importa, filme sobre el cáncer infantil.

Paco Arango

Así les llama Arancha, una amiga mía implicada hasta las cejas en lograr la mayor felicidad posible para estos críos. Les dice los calvitos, y que nadie vea el menor rastro burlón o peyorativo en ese término porque no lo hay. Habla de los niños con cáncer a los que la medicación, quimio o radioterapia, deja sin cabello. Y le pone tal ternura a la palabra que uno la hace suya inmediatamente.

De los niños con cáncer, los calvitos, se ocupa un número apreciable de personas, fundaciones, asociaciones que siempre necesitan y reclaman más recursos porque la investigación es cara y la felicidad de estos niños también, más cara  seguramente que la de ustedes o la mía.

Yo tengo una implicación personal de la que estoy muy orgulloso con la Fundación Luis Olivares, y echo una mano en lo que puedo (que suele ser escribir) a otras iniciativas como las de José Carreras o la Fundación Enriqueta Villavecchia, pero lo que quiero contarles hoy es un prodigio que procede de una de las más grandes, eficaces y emprendedoras iniciativas para pelear contra el cáncer infantil: la Fundación Aladina, que preside Paco Arango. Lo que pasa es que Arango no es solo un señor famoso con mucho dinero. Es una máquina incansable de generar ideas, y la última es una película que se llama Lo que de verdad importa.

No es el primer filme de Arango; también está Maktub (2011), que trataba el mismo asunto pero con menos experiencia. Y es que hace falta estar muy convencido de lo que uno hace para escribir el guion, producir y dirigir un peliculazo como el que ahora presenta Arango, Lo que de verdad importa.

El curandero

El asunto consiste en que la vida de Alec (un cuarentón británico, Oliver Jackson Cohen) está en plena crisis. Nada funciona, y menos que nada su tienda de reparaciones de cacharros eléctricos, que se llama El curandero. Hasta que aparece su supuesto tío (Jonathan Pryce, el clon del papa Francisco) y le dice que le paga todas sus deudas a condición de que se vaya a vivir a un pequeño idílico pueblo de Canadá durante un año. El pobre Alec accede y, como no sabe hacer otra cosa, abre allí su tienda de reparaciones de tostadoras, El curandero. Pero le entienden mal: la gente del pueblo piensa que es un señor que tiene (o finge) poderes mágicos para curar a la gente.

¿Y saben ustedes lo que pasa? Pues que es verdad. Que Alec tiene el don de curar y no lo sabe. Que el abuelo sordo le pide a su mujer que deje de gritarle. Que Alec resucita sin querer al párroco, uno gordo que salía en Perdidos.

Y de repente aparece Abigail, una cría maravillosa que tiene cáncer terminal, y Alec termina de entender qué hace allí, para qué está en este mundo, cuál es su función en el engranaje universal. Y lo que sucede es que, si nos lo proponemos, todos somos Alec, todos tenemos poderes mágicos, todos podemos curar... porque todos podemos ayudar a los calvitos.

Y una de las maneras de hacerlo es sencillamente ir al cine. La recaudación íntegra de la película irá destinada a los campamentos especiales para niños con enfermedades graves Serious Fun Children’s Network (https://www.se riousfunnetwork.org), que fundó Paul Newman; hace diez años que el gran actor, ya fallecido, pidió a Arango que formase parte de la dirección de Serious Fun, y el creador de la Fundación Aladina accedió inmediatamente: ahí sigue.

Pero no se equivoquen: esta película no es un archibondadoso pestiño humanitario en el que salen monjitas cantando Un pueblo es con la guitarra. Es una buena película con espléndidos actores en la que piensas y te ríes. Como se ríen los adorables calvitos en los campamentos a los que van para ser felices y reunir fuerzas para la pelea.

Grupo Zeta Nexica