¿Teatro en crisis? ¿Qué crisis?

01 / 04 / 2015 Javier Memba
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Nacimos oyendo que el teatro se moría. Pero hoy se estrena tanto que es imposible verlo todo. El teatro ha cambiado el chip y vive una discutida edad de oro.

Desde 2008, cuando la asistencia a espectáculos teatrales tocó techo en nuestro país con 16.650.000 espectadores, la tendencia ha ido siempre a la baja. Así, según el anuario de la SGAE de 2014, en 2013 el número de butacas vendidas solo alcanzó los 11 millones. Pero todo indica que la oferta teatral asiste a un florecimiento inusitado. En mayor o menor medida, el fenómeno es común a toda España. Pero en Madrid es innegable. La profusión de salas pequeñas, de entre 50 y 150 butacas, y la adecuación de algunos coliseos clásicos -el Valle Inclán, el Español, el María Guerrero- en varios espacios más reducidos ha provocado un aumento de la oferta. Algo impensable porque aquello de que aquí no se iba al teatro era una cantinela semejante a la de que no se leía. Hemos nacido escuchando que el teatro agonizaba sin remedio. “No sé si podemos hablar de una superación de la crisis. El teatro siempre ha estado en crisis, porque siempre dependió de una economía muy limitada. Pero siempre ha renacido. Ha sobrevivido incluso a los momentos más duros de la censura. La proliferación de pequeñas salas alternativas es importantísima. Estos centros son verdaderos laboratorios de nuevas propuestas muy vitales y arriesgadas”, estima el prestigioso crítico Javier Villán. “Este circuito, con sus altibajos y con distintas formas, ha existido siempre. Pero no tan potente como ahora con sus nuevas maneras de hacer y de ver teatro, nuevas técnicas de interpretación, nuevos autores...”.

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