La primera batalla de la Guerra Fría
Berlín, 24 de junio de 1948. Los soviéticos imponen el bloqueo al sector occidental. Estados Unidos responde con un puente aéreo sin precedentes.
Berlín fue el ombligo del mundo en la segunda mitad del siglo XX. El planeta estaba dividido en dos bloques antagónicos salidos de la Guerra Mundial, el comunista, capitaneado por la Unión Soviética, y el capitalista, con Estados Unidos al frente. Ambos tenían poder suficiente para destruir no sólo al otro, sino la vida sobre la Tierra. Por eso no podían enfrentarse militarmente y buscaron una nueva forma de hacerse la guerra, llamada “fría”. La Guerra Fría comenzó en Berlín hace justo sesenta años, y terminaría también en Berlín, con la derrota comunista visualizada en la caída del Muro en 1989. El 26 de junio de 1948 tuvo lugar el primer combate, incruento. Una flota de 32 aviones Dakota se lanzó sobre Berlín, pero no iban a bombardearla, como tantas veces había hecho la aviación aliada durante la Guerra Mundial. Ni siquiera iban armados con ametralladoras, lo que llevaba cada uno eran seis toneladas de alimentos para la población berlinesa, para romper el asedio por hambre que habían iniciado los rusos. Al terminar la guerra contra los nazis, en los territorios liberados por el Ejército Rojo se fueron imponiendo regímenes exclusivamente comunistas. Inglaterra y Francia habían ido a la guerra para defender la libertad de Polonia, pero al final se había implantado en Varsovia un sistema totalitario: “Un telón de acero” había caído sobre Europa, en palabras de Churchill. Estados Unidos, que había confi ado en Stalin más de lo aconsejable, según Churchill, dio un giro en marzo de 1947, cuando el presidente americano expuso al Congreso la llamada doctrina Truman. Anunciaba que sostendrían a “los pueblos libres” esencialmente con “apoyo económico y fi nanciero”. De ahí salió el plan Marshall de reconstrucción de Europa, pero un senador norteamericano definió el auténtico alcance de la doctrina Truman: “Esto es una declaración de guerra a Rusia”. Las medidas materiales y fi nancieras puestas en marcha por el poderío económico de Estados Unidos resultaron una formidable respuesta a la presencia del ejército soviético en media Europa. Los dólares iban a frenar el avance comunista.
La Guerra Fría resultaría un extraño confl icto, donde el bloque comunista parecía triunfante en el campo militar, pero los éxitos económicos occidentales iban echando a la URSS a la cuneta. La primera batalla de esta nueva fórmula bélica fue, precisamente, la del bloqueo y puente aéreo de Berlín. La antigua capital alemana se había convertido en una isla occidental tras el Telón de Acero. Americanos, ingleses y franceses tenían sus sectores junto a los rusos, que habían conquistado Berlín. A principios de 1948, los occidentales unifi caron sus tres zonas en Alemania y crearon una moneda única para ella, el deutsche mark, lo que perjudicaba a la economía de la zona oriental.
A capricho de los soviéticos
La respuesta soviética fue difi cultar las comunicaciones del Berlín aliado con Alemania occidental. Durante meses hubo una escalada. El 18 de junio entró en circulación el nuevo marco occidental y el 24 los rusos cortaron el tráfi co terrestre. Tanto las tropas aliadas como la población de sus sectores podían ser matadas de hambre, inmovilizadas, dejadas a obscuras... a capricho de los soviéticos. Quedaba un tenue cordón umbilical, los tres pasillos aéreos que llevaban a los tres campos de aviación de Berlín oeste. Un avión no se detiene en el aire como un camión, hay que derribarlo. Si los rusos lo hacían sería la guerra, pero el general Clay, gobernador militar americano en Alemania, le aseguró a Truman que Stalin iba de farol, que no quería la guerra. Y se puso en marcha el puente aéreo más célebre de la Historia. Stalin, en efecto, no pensaba derribar aviones aliados, no creía que sirviesen de nada. Berlín necesitaba un suministro de alimento y carburante de 2.400 toneladas diarias. Los 32 Dakotas pioneros no llevaban ni 200. Era misión imposible... Dos días después, sin embargo, los aliados hicieron 150 vuelos en una jornada, con 400 toneladas. Todavía era ridícula la carga, pero mostraba una progresión sorprendente. Toda la población berlinesa se movilizó, dirigida por su alcalde Ernst Reuter, antiguo comunista y fundador del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Lograron ampliar los campos de aterrizaje de Tempelhof y Tegel, y a fi nales de julio los transportes aéreos alcanzaban las 2.400 toneladas diarias. Sin embargo no era sufi ciente; eso suponía vivir al día, pero cuando llegara el mal tiempo muchos días no se podría volar. El general Invierno siempre ayudaba a Rusia. El jefe de la Aviación norteamericana, general Vandemberg, lanzó entonces un órdago. Si concentraba prácticamente toda su aviación de transporte en Alemania, prometía trasladar 4.500 toneladas al día. En Moscú se rieron, ese americano estaba loco... Sin embargo, a finales de septiembre, Vandemberg estaba poniendo en Berlín ¡7.000 toneladas diarias! Para el mes de abril de 1949, una flota de 1.400 aviones transportaba todos los días 8.200 toneladas de mercancías a Berlín, donde no solamente se sobrevivía, sino que se podía mantener la actividad comercial y económica normal. El 12 de mayo, los rusos tiraron la toalla y se terminó el bloqueo terrestre de Berlín. Stalin había perdido la primera batalla de la Guerra Fría.



