La maldición de los gemelos ‘Titanic’

10 / 10 / 2008 0:00 Luis Reyes
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Tres gigantes de los mares encarnaron la soberbia humana en el mar, el ‘Olympic’, el ‘Titanic’ y el ‘Britannic’. Los tres tuvieron una suerte trágica.

La belle époque, a principios del siglo XX, era realmente bella para las clases altas. Los avances técnicos y científi cos permitían una vida mucho más agradable, pero todavía no se habían extendido los benefi cios a las masas, de modo que la exclusividad aumentaba el disfrute de las cosas. Para que los privilegiados viajasen por mar, las navieras construyeron auténticos palacios fl otantes, barcos enormes que ofrecían los placeres del gran hotel, el casino y el club aristocrático. La compañía británica White Star quiso batir todas las marcas del lujo naval, y botó entre 1910 y 1914 la serie Olympic, popularmente llamados los gemelos del Titanic, tres gigantes de los mares, el Olympic, el Titanic y el Gigantic, cuyos nombres ya eran una declaración de intenciones. Su soberbia sería castigada por los dioses del mar. Ninguno de los gemelos sería tan famoso como el Titanic, por supuesto, pero los tres tuvieron una historia dramática. Por un extraordinario azar, las tres historias se pueden contar a través de la peripecia personal de una mujer, Violet Jessop, la camarera del Titanic. Violet inició su carrera en el mar con 23 años, cuando se botó el Olympic, en 1910. El Olympic era no sólo el barco más grande del mundo, sino el más lujoso. Tenía hasta baños turcos y su mobiliario, ebanistería y decoración eran exquisitos. Sus paneles de madera todavía se exhiben, como si fueran obras de arte, en el hotel White Sand y en el crucero de placer Millenium. Complemento necesario del lujo era una gran servidumbre. En primera clase había más servicio que pasajeros, aunque la proporción se invertía según se bajaban niveles. La tercera, para los emigrantes, era otro mundo, pero el sistema de separación era tan rígido que ninguno tenía atisbos del otro. En el quinto de sus viajes, el Olympic fue embestido por un barco de guerra inglés, aunque no hubo víctimas. A Violet no le asustó el accidente, y siguió en su trabajo. Al año siguiente fue seleccionada para la nueva criatura de la White Star, el Titanic. Cuando en su viaje inaugural, el Titanic fue hundido por un iceberg, Violet fue una de las 700 personas que sobrevivió, un tercio del pasaje y tripulación. Ya estaba en un bote salvavidas cuando un ofi cial le entregó un bebé que había sido abandonado en cubierta. Violet tuvo abrazada a la criatura durante toda la gélida noche. Al día siguiente les recogió el Carpathia. Tan pronto subieron a bordo, una mujer se abalanzó a coger el bebé. Era su madre, pero ni siquiera le dio las gracias a la camarera. En la confusión, Violet no volvió a verlos ni supo quiénes eran. El segundo accidente de Violet era como para no volver a embarcarse, y sin embargo lo hizo. Como desafi ando al destino se embarcó en el tercer gemelo de la White Star, el Gigantic, al que le habían cambiado el nombre porque recordaba demasiado a Titanic. Le rebautizaron Britannic, y además iba a tener un destino bien diferente de crucero de lujo: barco hospital en la I Guerra Mundial. El Britannic era aún mayor que el Titanic, 48.000 toneladas, lo que permitió instalar en él 3.300 camas hospitalarias. En diciembre de 1915 fue enviado al Mediterráneo Oriental, una zona típica de cruceros turísticos, aunque el Britannic fue allí para atender heridos de Gallipoli. En su dotación de servicio iba Violet Jessop. El desembarco británico en la península turca de Gallipoli, a la entrada de los Dardanelos, pretendía llegar a Estambul por tierra para apoderarse de la entrada del Mar Negro, pero fue un fi asco. Los soldados australianos y neozelandeses se vieron encajonados en las playas y aquello se convirtió en un matadero. El Britannic embarcaba a los numerosos heridos y los llevaba a hospitales de tierra en Grecia; luego volvía por otra carga de dolor. Las leyes de la guerra exigían que los submarinos respetasen a los barcos-hospital si cumplían determinadas normas. No podían aprovechar el viaje a recoger heridos para llevar ningún tipo de refuerzos o suministros, ni siquiera personal sanitario para las unidades militares. En octubre de 1916 un austriaco contó que había visto al Britannic embarcando tropas en Egipto. Un mes después, el 21 de noviembre “de repente, oímos un ruido ensordecedor. Todo el salón se levantó de sus asientos... Me trajo recuerdos no tan distantes de la noche aciaga del Titanic”, cuenta Violet en sus Memorias.

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