La iniciación política de Fidel

17 / 05 / 2016 Luis Reyes
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La Habana, 15 de mayo de 1947. Eduardo Chibás funda el Partido Ortodoxo, donde tendría comienzo la carrera política del joven abogado Fidel Castro.

La despedida de Fidel Castro del VII Congreso del Partido Comunista Cubano se entendería en otro como la aceptación de una muerte cercana, pero dado el carácter de Fidel era más bien el anuncio de su entrada definitiva en la Historia, pues pocos protagonistas de ella han tenido tanta convicción de serlo como Fidel. Con solo 27 años ya dijo “la Historia me absolverá” en el juicio por el asalto al Cuartel de Moncada.

Si es o no absuelto por el veredicto de los siglos futuros ya se verá, pero desde luego hablará de Fidel Castro, pues ha dejado su impronta en el mundo durante medio siglo. Desafió a Estados Unidos, creó una ideología política llamada “castrismo”, escuela de subversión en toda Latinoamérica, y logró que el pez grande no se comiera al chico, hasta que finalmente el presidente Obama ha tirado la toalla y ha reconocido al régimen castrista tras 55 años de bloqueo económico, invasiones frustradas e intentos de asesinato.

¿De dónde salió este Houdini de la geopolítica? Su padre era un emigrante gallego analfabeto que huyendo de la pobreza amasó fortuna en Cuba y mandó a su hijo Fidel al colegio de los jesuitas, dato capital para entender su capacidad de ponerse el mundo por montera, pues a lo largo de siglos la Compañía de Jesús ha sido la mejor escuela de dirigentes. Luego estudió en la Facultad de Derecho, donde inició su carrera política. Es típico de los hijos de la burguesía del siglo XX que en la universidad pagada por sus padres ricos se hicieran comunistas, pero lo que atrajo al Fidel estudiante no fue la ideología marxista, sino el carisma de un líder típicamente latinoamericano, Eduardo Chibás.

Chibás era un animal político, cofundador en los años 30 del Partido Auténtico, de ideología nacionalista y reformista. En 1947 Chibás lo abandonó por la escandalosa corrupción que reinaba en él, y fundó el Partido Ortodoxo. Mantenía la ideología nacionalista pero hacía sobre todo bandera de la lucha contra la corrupción, encarnada en el Partido Auténtico en el poder.

Los programas de denuncia embaucan fácilmente a los jóvenes, y Fidel se dejó seducir por Chibás, “fogoso polemista que encabezaba el movimiento de recuperación cívica y moral de gran arraigo entre las masas”, según la pensadora marxista Marta Harnecker. Eduardo Chibás utilizaba un arma política novedosa, la radio. Su programa semanal Al aire era el vehículo ideal de sus acusaciones de corrupción y para difundir un mensaje tan simplista como el de su eslogan electoral: “Prometemos no robar” y “Vergüenza contra dinero”.

Con la orientación de Chibás Fidel se convirtió en un activista del movimiento estudiantil cubano. A los 18 años participó en el levantamiento popular colombiano del Bogotazo, y a los 21 años se alistó en la Expedición de Cayo Confites, la invasión de la República Dominicana organizada por los opositores demócratas del dictador Trujillo, un tirano casi de novela sostenido por Washington. Cuando la expedición fracasó, para no ser apresado, Fidel, en quien los jesuitas habían estimulado la afición al deporte hasta ser “mejor deportista del colegio”, se lanzó al mar y escapó nadando.

Candidato

Una década después Fidel Castro repetiría esa empresa demencial “invadiendo” Cuba con el yate Granma, aunque esta vez lograría empezar una guerra civil que finalmente ganó. Pero en 1951, tras licenciarse en la universidad, Fidel pasó a otro tipo de militancia más convencional, presentándose a diputado en las listas del Partido Ortodoxo. Se daba por sentado que los ortodoxos ganarían las elecciones de 1952, encabezados por su candidato a la presidencia, Eduardo Chibás, pero en el Caribe de García Márquez la Historia hace piruetas mágicas.

Chibás había prometido presentar pruebas de los robos del ministro de Educación, pero no las consiguió. Algo se rompió en el interior de su cabeza y el favorito de las elecciones entró en un delirio caribeño. Para su programa Al aire del 5 de agosto de 1951, Chibás redactó un apasionado discurso titulado “El último aldabonazo”, y preparó la parafernalia para que fuese sonoro: pegarse un tiro en directo.

Los que buscan sentido común en las decisiones humanas piensan que no quería suicidarse, solo herirse para salir del programa como mártir de la decencia –recuerden su lema, “Vergüenza contra dinero”–. Vaya usted a saber, habría que convocar a su fantasma en un ritual de santería afrocubana para que lo aclarase, porque aunque el tiro que se disparó no fuera mortal, al final se lo llevó por delante. Lo más esperpéntico es que Chibás apuró el tiempo con su discurso, y cuando le puso el colofón del disparo había entrado la publicidad. ¡Sus seguidores no escucharon su magnífico adiós, sino el anuncio de café Pilón!

La tragedia de Chibás fue augurio de la catástrofe. Fidel no salió diputado porque el coronel Batista dio un golpe de Estado antes de los comicios, e instauró una dictadura gangsteril. El abogado Castro intentó llevar al golpista a los tribunales por violar la Constitución, pero cuando no admitieron su demanda preparó su fusil. Era la tradición de los demócratas latinoamericanos, frente a opresión, revolución.

El 26 de julio de 1953 los jóvenes ortodoxos capitaneados por Fidel, conocidos como la Generación del Centenario, asaltaron el Cuartel de Moncada, en Santiago, para apoderarse de su arsenal. El Partido Comunista Cubano condenó el plan como “aventurerismo”, y en el Moncada solamente hubo un comunista junto a Fidel, su hermano Raúl, porque la sangre es más espesa que el partido.

El asalto al Moncada fue un fracaso y Fidel terminó preso y sometido a un proceso donde se arriesgaba a la pena de muerte. Fue entonces cuando dijo “la Historia me absolverá” en una intervención ante el tribunal de cuatro horas, aunque lo que le salvó del paredón fue la intervención del obispo de Santiago. A partir de ahí comenzó otro capítulo de la Historia de Cuba, con Fidel como caudillo del Movimiento 26 de Julio, nombre que haría olvidar el del Partido Ortodoxo. Había pasado el momento histórico de Chibás, suplantado por una organización guerrillera cuya prima donna indiscutible sería Fidel Castro.  

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