El honor profesional de los Coburgo
En los panteones reales de varias monarquías europeas se han estremecido los huesos de los Coburgo. ¡Uno de su estirpe ante los tribunales por un vulgar choriceo!
19/01/07
La familia Sajonia-Coburgo-Gotha, soberana de un insignificante principado alemán, ha reinado en Inglaterra, Bélgica, Portugal, Bulgaria, y casi, casi en España. Lo logró gracias a la merecida fama de los príncipes Coburgo de honestos, serios y trabajadores. Justo lo contrario que Lorenzo de Bélgica, llamado a declarar ahora por un desfalco de dos millones en la Marina belga.
La hazaña histórica de los Coburgo fue posible gracias a que, hasta hace una generación, las personas reales sólo se casaban con sus iguales, o perdían sus derechos. Para evitar la endogamia entre las pocas dinastías europeas se consideraba de sangre real a los príncipes o duques soberanos de los pequeños Estados alemanes, el complicado mosaico que en tiempos formó el Sacro Imperio Romano-Germánico.
Así, a principios del siglo XX, la zarina Alejandra de Todas las Rusias era una princesa del pequeño Hesse, la reina Mary de Inglaterra era una Teck-Wurtemberg, y Victoria Eugenia de España una Battenberg-Hesse.
Empresa
Pero ninguno de esos miniestados igualaba al Ducado de Sajonia- Coburgo, no sólo minúsculo en territorio, sino pobre, que no obstante se convirtió en una próspera empresa de exportación de reyes.
El artífice de este negocio fue Leopoldo, cuarto hijo del duque Francisco de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. El joven príncipe sin fortuna había buscado trabajo como militar con el zar de Rusia, y así conoció en Londres a la princesa Charlotte, única hija y heredera de Jorge IV de Inglaterra.
Los padres de Charlotte, cada uno por su lado, provocaban grandes escándalos, y la niña salió a ellos. A los 19 años tenía un historial de compromisos rotos, amantes, fugas y encierros. Leopoldo, por su parte, tenía fama de ser el príncipe más apuesto de Europa, por lo que no fue extraño que Charlotte se encaprichara con él y accediese, por fin, a casarse.
Pero además de guapo, inteligente y trabajador, Leopoldo era todo un carácter capaz de enderezar a la escandalosa princesa. Al poco de casados había hecho de ella una señora respetable, que acompañaba a su marido en la lectura, el estudio y la práctica religiosa.
La transformación de Charlotte convirtió a Leopoldo en un héroe para la opinión pública inglesa. Desgraciadamente el matrimonio duró sólo un año, pues ella falleció al dar a luz un hijo, que también nació muerto.
Leopoldo perdió la expectativa de ser soberano consorte de la primera potencia mundial, pero su buena fama se había extendido por Europa, hasta el punto de que le ofrecieron no una corona, sino dos. Con buen tino rechazó la de Grecia, pero aceptó la de Bélgica, independizada de Holanda en 1830.
Ya tenían los Coburgo un trono, pero Leopoldo no se conformaba con la pe queña Bélgica. Había estado a punto de ser rey consorte de Inglaterra, y siguió manejando los asuntos de Estado de ese país, donde era respetadísimo. Casó a su hermana con un hermano del rey de Inglaterra, y cuando éste murió sin heredero, fue la sobrina de Leopoldo, Victoria, quien heredó la corona británica. La reina Victoria era, pues, Coburgo de segundo apellido, pero además tío Leopoldo movió los hilos para que se casara con otro sobrino suyo, Alberto, segundón del entonces duque de Sajonia-Coburgo. La Casa Real británica llevaría por tanto el apellido Sajonia-Coburgo, aunque durante la Gran Guerra cambiaría un nombre tan alemán por el de Windsor.
La relación entre Victoria y Alberto fue en cierto modo paralela a la de Leopoldo y Charlotte. Reina casi adolescente, Victoria había dado ya algún escándalo por su carácter frívolo y enamoradizo, pero se sintió fascinada por Alberto, y él la educó en la seriedad, la compostura y el sentido del deber.
España
La marca Coburgo parecía garantizada, y cuando en España se planteó casar a la joven reina Isabel II, uno de los candidatos fue otro sobrino del rey de Bélgica, llamado también Leopoldo de Sajonia-Coburgo. Quizá si se hubiese casado con él, Isabel II no se habría entregado a la vida escandalosa que incluso le costó ser destronada.
En Portugal, en cambio, María II, que subió al trono tras una guerra dinástica, eligió un Coburgo para que compartiese el inestable trono, el rey Fernando.
Y en la agitada Bulgaria de finales de siglo, en una situación crítica, no fue una reina en busca de consorte, sino la Asamblea Nacional la que ofreció la corona a otro Fernando Coburgo, que logró estabilizar la situación.
Muchos años después, caída la monarquía búlgara, el exilado rey Simeón, teniendo que ganarse la vida en el mundo de los negocios internacionales, no ponía en las tarjetas de visita Simeón de Bulgaria, sino Simeón de Sajonia-Coburgo. Un apellido que sugería seriedad y honradez.
Otra mancha en la familia
Lorenzo de bélgica no es en realidad el primer coburgo que pasa por la vergüenza de ser convocado ante un tribunal. ya lo hizo el rey eduardo Vii cuando era príncipe de gales. el primogénito de la reina Victoria y alberto de sajoniacoburgo no había salido precisamente a su padre. obligado a una interminable espera por la longevidad de su madre, era un “bon vivant” y un conquistador. uno de sus amoríos terminó en un escandaloso juicio por adulterio, en el que el marido ofendido obligó a que el príncipe fuese a declarar. Luego, sin embargo, fue un buen rey.



