El cortesano

18 / 06 / 2012 17:23 Luis Reyes
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Venecia, abril de 1528 · Aparece la primera edición de Il Cortigiano de Baltasar de Castiglione, uno de los libros más importantes del Renacimiento, mientras su autor es nuncio papal en España.

Hay libros que ya son famosos antes de ser publicados. La indiscreción de Victoria Colonna logró esto con El cortesano, de Baltasar de Castiglione, que compite con El príncipe como libro más célebre del Renacimiento italiano, y del que solamente en el siglo XVI se hicieron 50 ediciones. Pero situemos primero a los personajes de esta aventura intelectual.

Baltasar de Castiglione nació en 1478 en el seno de una noble familia mantuana que estaba al servicio de los Gonzaga, los señores de Mantua. De joven recibió una excelente formación de hombre de armas y letras en Milán, a la vez que su educación social tenía lugar en la magnífica corte del duque Ludovico, el Moro, donde las fiestas eran diseñadas por Leonardo de Vinci.

Siguiendo la vinculación familiar, estuvo primero al servicio del marqués de Mantua, con el que fue a la guerra contra los españoles, sufriendo la derrota de Garellano frente al Gran Capitán. Luego pasó al servicio de los duques de Urbino, pequeña ciudad-estado donde había una exquisita corte en la que se respiraban las esencias del Renacimiento. Allí participó en guerras y en importantes misiones diplomáticas, como embajador ante los reyes de Inglaterra y Francia, pero sobre todo frecuentó a la gente más brillante del Renacimiento, humanistas como Pietro Bembo y Bibiena, poetas como el Último Aretino, nobles mecenas como Julián de Medici, protector de Leonardo, o “perfectos caballeros” como Ludovico de Canosa.

La década de Urbino sería para siempre la edad dorada de Castiglione, que precisamente para evocarla escribió El cortesano; además fue en Urbino donde comenzó su carrera literaria y recibió el título de conde otorgado por el duque Francisco della Rovere, que lo envió de embajador a Roma. En Roma conoció a Rafael, quien pintó su famoso retrato, ahora recién llegado a Madrid en el marco de la exposición del Prado (véase recuadro). El ducado de Urbino fue anexionado por los Estados papales, y Castiglione regresó al servicio de los Gonzaga de Mantua, donde se casó con Hipólita Torelli, dama muy noble y bella de 16 años (él frisaba los 40) que murió pronto, al dar a luz su tercer hijo. Pasó a servir al papa Clemente VII de Medici y, como estaba viudo, abrazó el estado eclesiástico; hizo carrera en la Iglesia, el Papa lo elevó al rango de cardenal y lo envió como nuncio a España.

Manual de civiltà.

Antes de abandonar Roma le reclamó el manuscrito de El cortesano a su amiga Victoria Colonna, a quien se lo había prestado para que le diese su autorizada opinión. Victoria Colonna fue una prima donna del Renacimiento: pertenecía a una de la principales familias de Italia; se casó con un famoso noble español, el marqués de Pescara, héroe de la batalla de Pavía; era cultísima, una reconocida poetisa; y una gran belleza, como se ve en Las bodas de Caná, donde Veronés la retrata sentada a la mesa entre Carlos V y Solimán el Magnífico, y como atestiguan los poemas eróticos que le dedicó Molza. Se le atribuyen amores con grandes personajes, incluido Miguel Ángel, cuya mano estrechó la suya en el lecho de muerte.

Victoria no le devolvió el manuscrito a Castiglione, en vez de eso hizo copias y las repartió entre sus cultos amigos. Si no hubiera actuado con esa falta de discreción es posible que nunca se hubiera conocido El cortesano, pues Castiglione llevaba ya 12 años trabajando en él sin darlo nunca por acabado, rescribiendo sus vivencias de la corte de Urbino una y otra vez. Era una de esas típicas situaciones en que una obra es tan importante para su autor que a este le da miedo terminarla, siente que cuando acabe con ella será como perder lo que da sentido a su vida.

Pero el hecho consumado de Victoria Colonna obligó a Castiglione a autorizar, desde España, su publicación, para impedir que otros hicieran una edición pirata que al parecer ya se preparaba en Nápoles, según explica el autor en la dedicatoria del libro al obispo de Viseo, donde también se queja de la desatención de Colonna, cuya virtud, no obstante “yo siempre he tenido en grande veneración, como a cosa divina”.

Los cuatro libros del cortesano fue por fin editado en Venecia en 1528, e inmediatamente alcanzó un éxito universal. La obra se presenta en forma de conversación, al estilo de los Diálogos de Platón, entre gente de una esplendorosa brillantez intelectual y social, personajes reales que fueron amigos de Castiglione, los cuales debaten en la corte de Urbino las virtudes que debe tener un perfecto cortesano. Castiglione fija así un arquetipo de caballero cultivado, galante con las damas, de interesante conversación y amable trato, que sabe tanto de manejar las armas como de bailar, que lo hace todo sin ostentación, con naturalidad, y que será el modelo social durante todo el Antiguo Régimen y aún hasta el siglo XX en ciertos ambientes. Todo ello escrito en una elegante lengua italiana y con un estilo ameno, como corresponde a los personajes que intervienen en el debate.

La perfecta dama.

El cortesano es un auténtico manual de civiltà del Renacimiento, una ruptura con los toscos modelos medievales, pero también tiene un contenido moral, político y filosófico. El perfecto cortesano, además de buenas maneras, ha de poseer virtudes éticas como moderación, templanza, modestia, autodominio y audacia disciplinada. En su IV Libro trata de las relaciones del cortesano con el príncipe, y culmina con un exaltado canto al amor platónico a cargo de Pietro Bembo, que tendría gran influencia para la difusión en su época del neoplatonismo.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es el papel que se da a la mujer en este nuevo orden socio-cultural. Para empezar son dos mujeres, la duquesa de Urbino y su cuñada Emilia Pía, las que plantean la cuestión del “cortesano perfecto” y convocan el debate, que se desarrolla a los largo de cuatro veladas. Pero además, el III Libro se dedica a “la perfecta dama”, planteando la querella entre los que consideran a la mujer inferior al hombre y los que la consideran su igual, entre los que se encuentra Castiglione.

La defensa de la mujer en El cortesano la asume el Magnífico, Julián de Medici, que desarbola todos los argumentos sexistas de Gaspar Pallavicino, como cuando este evoca que casi todas las mujeres querrían ser hombres “por un cierto instinto natural que las lleva a desear su perfección”. A lo que sencillamente responde el Magnífico Julián: “no desean ser hombres por ser más perfectas, sino por alcanzar alguna libertad y huir de aquel señorío que los hombres malamente se han usurpado contra ellas”.

El mejor poeta castellano de la época, Garcilaso de la Vega, conoció El cortesano durante un viaje a Italia. Consciente de su importancia, Garcilaso temió que cayese en manos de un mal traductor, por lo que inmediatamente le envió un ejemplar a Juan Boscán y le animó a traducirlo. Hay que decir que su versión de la obra italiana es en sí una maravilla de la literatura castellana, de la que Menéndez Pelayo opinaba que era “el mejor libro en prosa escrito en España durante el reinado de Carlos V”.

El cortesano se convirtió en un éxito en España, donde curiosamente estaba afincado Castiglione con el cargo oficial de embajador papal, pero trabajando en realidad por el entendimiento del Papado con el Imperio de una forma que estaba más de acuerdo con los intereses de Carlos V que con los del papa Clemente VII. No es de extrañar que cuando falleció en Toledo en 1529, Carlos V dijera de él: “Es muerto uno de los mejores caballeros del mundo”.

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