En busca de los restos de Cervantes
El cadáver del más grande escritor de la Historia podría estar, mezclado con otros, en un convento de monjas del centro de Madrid.
En algún rincón de un convento de monjas de Madrid podrían encontrarse los restos del escritor Miguel de Cervantes, cuya tumba lleva desaparecida desde el siglo XVII. Ahora, con ayuda de georradares, tecnología forense y análisis de ADN, expertos españoles intentan arrojar luz sobre tanta oscuridad. Según ha confirmado el historiador Fernando Prado, que dirige el proyecto, se encuentran ante una buena oportunidad de hallar e identificar los huesos del autor del Quijote, incluso si estos están mezclados con otros. El descubrimiento contribuiría a cosechar información sobre el propio Cervantes y su vida, desde cuál era su aspecto a cuánto comió durante su infancia o cuál fue la causa de su muerte.
No existe ningún retrato fiable del novelista, poeta y dramaturgo que escribió las aventuras de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. El libro se considera la primera novela moderna y una de las más grandes obras de ficción jamás escritas. Sin embargo, los admiradores de Cervantes no pueden visitar su tumba.
Según Prado, Cervantes falleció el 22 de abril de 1616, a la edad de 69 años, aunque en muchos lugares aparece como fecha un día después. Fue enterrado en un ataúd bajo el suelo del convento de las Trinitarias Descalzas, una orden con la que el escritor mantenía una relación especial, ya que ayudó a pagar el rescate para liberarlo de su cautiverio en Argel en 1580, cuando ejercía como soldado de la Marina española.
Más tarde, ya en el siglo XVII, tuvieron lugar varias remodelaciones en el convento. En una ocasión, las monjas incluso debieron abandonar el edificio temporalmente, y la información sobre el lugar donde se encontraba la tumba de Cervantes se perdió. Frente a la creencia popular, Prado sostiene que los huesos del escritor nunca salieron del convento, y para demostrarlo ha reunido varios documentos. Sin embargo, es posible que durante las obras los restos de Cervantes acabaran mezclados con los de otras personas enterradas en la iglesia.
Prado, cuyo proyecto está respaldado por la Real Academia Española, el arzobispado de Madrid y las propias monjas del convento, está buscando la financiación de las autoridades regionales y el Ministerio de Defensa para localizar la osamenta con ayuda de georradares. Después, expertos forenses se encargarían de identificar los restos. Uno de los hermanos de Cervantes tiene descendientes vivos, pero los análisis de ADN no bastarían para identificar los huesos después de cuatro siglos, señala Prado. Sin embargo, existen otros métodos.
El brazo y la cirrosis.
Cervantes perdió su brazo izquierdo y fue herido en el pecho en la batalla de Lepanto (1571) contra las tropas otomanas. Si una persona no puede usar su brazo durante más de cuatro décadas, como le ocurrió al escritor, quedaría reflejado en la forma de todo su esqueleto, dice Darío Villanueva, de la Real Academia Española.
Se cree que Cervantes sufría cirrosis hepática cuando murió, aunque no es probable que fuera bebedor, sostiene Prado. Y también parece que pudo padecer hidropesía (acumulación de líquidos en los tejidos). Además, “podríamos lograr reconstruir su rostro y su aspecto físico”, afirma el director del proyecto.
Hay dudas sobre la veracidad de un famoso retrato del escritor, atribuido a Juan de Jáuregui, en el que aparece con la cara alargada y barba. Así, el hallazgo de los restos de Cervantes tendría “un impacto tan tremendo en la cultura mundial” que vale la pena intentarlo.



