El jazz ya no es lo que era
El pop, el rock y las músicas étnicas copan los carteles de las grandes citas “jazzísticas”. No todos los puristas están de acuerdo, pero la cosa funciona. En Madrid, en su festival de jazz, se podrá ver a Antony & The Johnsons; en Zaragoza, a Van Morrison.
En Madrid, en su festival de jazz, se podrá ver a Antony & The Johnsons; en Zaragoza, a Van Morrison. En el de Cartagena abundan los nombres del rock independiente, como Willy DeVille, Dayna Kurtz o Joan as Police Woman, del soul como Tok Tok Tok, de la electrónica como Matthew Herbert o de la canción de autor como Jorge Drexler.“Ya me dirás qué tienen que ver con el jazz Drexler o Caetano Veloso”, se pregunta el veterano crítico Juan Claudio Cifuentes. Los grandes festivales europeos llevan desde los 70 programando artistas del rock como Chuck Berry o Fats Domino.“Pues mira, eso lo llevaba mejor”, reconoce Cifu durante la presentación del 25 Festival del Colegio Mayor San Juan Evangelista, universidad del jazz en Madrid, conocido como el Johnny, donde se han doctorado generaciones de aficionados y críticos. El Johnny mantiene un rigor en sus programaciones que le han convertido en referencia mundial.
El debate sobre lo que es o no es jazz viene desde los orígenes. Sin embargo, hoy se detecta una nueva corriente, encabezada por Diana Krall, que conecta el jazz con el pop, y que consiste en tomar del jazz las claves sonoras para hacerlo más accesible al gran público. En el caso de los artistas que ahora visitan España destaca Madeleine Peyroux, su voz suena como la de Billie Holiday, pero utiliza el repertorio de Tom Waits, Cohen, Joni Mitchell o Gainsburg, en lugar de las canciones de los años 30 y 40: ha vendido un millón de copias de sus dos primeros discos. Jamie Cullum ha llevado a la máxima expresión esa tendencia reinterpretando a la manera del jazz canciones de gente como Nirvana. No tiene reparo en reconocer: “Soy un artista pop”, pero toca en festivales de jazz sin bajar la tarifa del rock.
En Cartagena, la mitad de su programación es pop de indudable calidad. Por el lado del jazz están las cantantes Cassandra Wilson y Patricia Barber, y las de Jerry González y Libert Fortuny, las mezclas de Chano Domínguez con el flamenco y la bossa de João Bosco con el jazz del cubano Gonzalo Rubalcaba. El caso de Matthew Herbert, DJ y representante de la música electrónica, es significativo. Su vínculo con el jazz es tangencial. En directo presenta un grupo deudor de las vanguardias y su big band sólo puede sorprender a un público procedente de la electrónica que nunca ha escuchado a más de tres músicos a la vez. Las figuras con tirón mediático resultan ser lo menos apreciado para la crítica especializada: “Ocupan el lugar de músicos más interesantes, procedan o no del jazz”, dice Chema García Martínez, crítico de El País.
Vuelta al club
A veces es más importante el marco que el festival.“Me da mucho respeto tocar en el Palau en Barcelona”, dice Concha Buika, una cantante que rebasa cualquier estilo, que se arrebata más a menudo que la mayoría de los artistas que nos visitan y que cuando canta copla hace más jazz que la mayoría de la seguidoras de Diana Krall. Buika ha pasado años en el circuito de los clubes, que siguen siendo el lugar natural para el jazz.
En el festival de Madrid hay más de cien conciertos en los clubes con notables presencias, caso de Ben Sidran en el Café Central o Joshua Edelman en el Bugui, presentando su nuevo álbum, Calle del Rosario, con la colaboración del trombonista neoyorquino Steve Turre: jazz afrocubano que a ratos se convierte en son o en salsa. Para escudriñar las vanguardias históricas presentes y futuras, el lugar es el San Juan Evangelista, que ha titulado su festival La libertad y la improvisación en el jazz moderno, con Dave Douglas, Louis Sclavis y Marc Ribot. ¿No les suenan? Pues la guitarra de Ribot fue la columna vertebral sobre la que se construyeron los mejores discos de Tom Waits. Claro que eso puede que no sea jazz muy tradicional.



