Río 2016, una caja de sorpresas
Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro cada vez están más cerca y tras recibir muchas críticas parece que nos podrían sorprender a todos convirtiéndose en un espectáculo único que consiga entretener a todos el mundo durante el mes de agosto.
"Líneas rectas son aburridas", dijo el arquitecto Oscar Niemeyer. Y parece que esa frase describe a la perfección la ciudad brasileña. Río es una ciudad impredecible, tanto te puedes despertar por la mañana con un cielo rojo como el fuego, o encontrarte un cielo azul y blanco lleno de nubes.
No obstante, los Juegos se acercan y por lo tanto la ciudad empieza a transformarse. En una playa en la que normalmente a primera hora de la mañana sólo se ve a algún turista o a gente haciendo ejercicio, nos encontramos una gran construcción en proceso.
El ruido no cesa y vemos a los trabajadores construir uno de los nuevos estadios para una de las competiciones olímpicas: el estadio para el voley playa.
Parece que los habitantes de Río están ilusionados con la llegada de los Juegos a su ciudad. "Los Juegos son una gran oportunidad turística para Río. Pero me preocupo por la seguridad, esto es peligroso", dijo Junior Neto, un trabajador de la playa al que le apasiona el maratón.
Willians Araujo se gana su sueldo creando esculturas de arena en la playa. El brasileño, de 37 años, puede ganar algo más de 20 dólares al día, pero con la llegada de los turistas en agosto, espera poder ampliar la cifra. "Creo que estos Juegos vienen en el momento perfecto para nosotros", dijo Araujo.
El alcalde de la ciudad, Eduardo Paes, ve como ejemplo los Juegos de Barcelona en 1992. En Río quieren que pase lo mismo que en España, después de unos Juegos exitosos, un "boom" en el turismo de la ciudad.
Hace tan sólo dos años, el país vivió una situación parecida cuando fueron los anfitriones del Mundial de fútbol. En ese caso no sólo fue en Río, también en el resto del país. Pese a recibir muchas críticas también en 2014, en el Mundial al final fue "tudo bem".
Para el Comité Olímpico Internacional (COI) es una oportunidad para mostrar al mundo que estos Juegos no serán conocidos por el derroche y la magnitud por la que tanto se criticaron los de Sochi.
Pese a esto, lo que más preocupa en el COI es la incertidumbre sobre la línea de metro nueva. Falta casi un kilómetro para terminar el medio de transporte al barrio de Barra, donde se encuentran la mayor parte de las instalaciones olímpicas. Sin el metro, amenazan llegadas caóticas en autobuses.
Para muchos, la decepción viene a raíz de todos los deportistas que han decidido no asistir a los Juegos por el virus del Zika. La amenaza por el virus ya no es tan grande como lo es en otras partes del país. Las cifras de infección han disminuido casi un 90 por ciento en Río.
La preocupación principal en las semanas previas es la seguridad. El asalto al competidor de vela español Fernando Echevarri causó mucho revuelo.
También se temen posibles ataques terroristas como los que está viviendo Europa en la actualidad. No obstante, el gobierno asegura que se movilizarán 85.000 agentes de seguridad con cámaras, drones y helicópteros.
"Estamos totalmente tranquilos con la seguridad de los Juegos", aseguró Andrei Rodrigues, uno de los principales responsables de seguridad para el acontecimiento deportivo. Se trabajará en colaboración con otros 55 países para tener la máxima seguridad posible.
Para Río, los Juegos pueden significar muchos aspectos positivos. Cuando fue elegida para ser la anfitriona, Brasil era uno de los países con mejor evolución del mundo. A día de hoy, corre el peligro de caer del "top 10" de naciones con mejor economía mundial. Se encuentra en una de las peores recesiones de su historia.
La presidenta, Dilma Rousseff, fue suspendida en mayo y el gabinete del sucesor, Michel Temer, ya ha perdido a tres ministros por casos de corrupción.
La ciudad olímpica se ve constantemente envuelta en huelgas en hospitales o universidades por falta de dinero, pero en Brasil creen que durante los Juegos, los habitantes se olvidaran de la crisis y celebrarán la llegada del deporte y el turismo a su ciudad.
Los Juegos de Río entrarán pase lo que pase en la historia. Durante la inauguración en el mítico estadio de Maracaná, desfilará por primera vez en la historia un equipo de refugiados. Estará formado, entre otros, por la nadadora que vive en Berlín Yusra Mardini.
El equipo desfilará bajo la bandera olímpica y entrará en el estadio por delante del conjunto anfitrión. "Puede ser un símbolo de esperanza para todos los refugiados", dijo el presidente del COI, Thomas Bach.
Seguro que no todo irá perfecto, pero Río puede realizar unos grandes Juegos que signifiquen esperanza para el país sudamericano.



