¿Puede Francia crear un Islam republicano?
La majestuosa catedral gótica de Ruan, que acogió la semana pasada el multitudinario funeral del sacerdote Jacques Hamel, asesinado por dos presuntos islamistas en la cercana iglesia de Sainte Theresa, ya era un lugar de oración cristiana hace nada menos que 1.700 años.
Pero la catedral y las iglesias cercanas en el norte de Francia no suelen estar tan llenas normalmente como aquel día, ante la pérdida de adeptos del catolicismo en la Francia moderna. Por ejemplo, cuando el sacerdote fue asesinado por dos jóvenes de 19 años en nombre del Estado Islámico (EI) el 26 de julio, estaba ofreciendo la misa de la mañana a tres monjas y a dos feligreses.
El ataque, menos sangriento que otros de mayor envergadura que se cobraron más de 230 vidas en suelo francés en el último año y medio, fue el primero de este tipo dentro de una iglesia y conmocionó al país, ante el miedo de que los símbolos de la sociedad francesa puedan ser atacados cada vez con mayor frecuencia, en una especie de lucha de civilizaciones.
Pero el ataque reabrió también el debate sobre el papel de la religión en la sociedad francesa, haciendo que el primer ministro, Manuel Valls, llamara a cerrar un pacto entre el islam y Francia.
"Nuestro país debe mostrar rotundamente al mundo que el islam es compatible con la democracia", escribió Valls en un editorial publicado por el "Journal du Dimanche" días después del ataque.
"Muchos musulmanes franceses son rehenes del fundamentalismo, el salafismo, los Hermanos Musulmanes, que ponen un estandarte a su religión, un arma contra otros", explicó. "Es urgente ayudar al islam de Francia a deshacerse de quienes podrían minarlo desde dentro".
Con unas 20 mezquitas cerradas desde el final del año pasado por su radicalización y 80 expulsiones de personas acusadas de difundir la ideología extremista, Valls hizo un llamamiento para que Francia se convierta en sede de la excelencia europea para enseñar la teología musulmana. El primer ministro dijo que sólo los imanes formados en Francia deberían predicar en el país y pidió que se prohíba a extranjeros financiar mezquitas y a imanes en el país.
No es la primera vez que se produce este tipo de llamamiento: aunque la mayoría de la financiación de las mezquitas en el país procede directamente de los fieles, han aumentado los temores de que un islam financiado por el extranjero fomente la radicalización.
Un estudio del Senado publicado en julio señalaba que seis millones de euros (unos 6,7 millones de dólares) procedentes del Gobierno de Marruecos y dos millones de Algeria financiaron este año la religión musulmana en Francia. Arabia Saudí también ha contribuido con 3,8 millones de euros desde 2011 y Turquía proporciona financiación indirecta apoyando a los clérigos.
Pero mientras la historia y el papel de Francia como uno de los mayores países católicos del mundo ha dejado una marca indeleble, el país es oficialmente secular y está muy orgulloso de ese laicismo tan duramente ganado, es decir, de la separación Iglesia-Estado. Una ley que regula esta separación, aprobada en 1905, prohíbe a la república el reconocimiento, financiación o las ayudas a cualquier religión.
"El Estado no puede financiar la construcción de mezquitas por la ley de 1905 y los fieles no pueden hacerlo por sí solos", señaló la senadora Nathalie Goulet, que supervisó el estudio, en declaraciones a France 24. "Por un lado existe el deseo de organizar el islam en Francia para tener un mayor control, pero por otro no puede tocarse debido a la ley. Es una ecuación sin solución".
Valls reconoció la contradicción, pero sus comentarios también desataron mordaces críticas: el político Florian Philippot, del ultraderechista Frente Nacional, fue citado por "Le Monde" señalando que el primer ministro estaba "jugando un juego peligroso". También la candidata de derecha Herve Mariton dijo a la emisora de radio Europe 1 que eso suponía abandonar el ideal de integración.
Y es que es difícil reconciliar los ideales de igualdad y secularidad de la Francia moderna con el legado de su historia. Durante la revolución de 1789, el Estado tomó lugares de oración y tras numerosas turbulencias históricas, muchas iglesias han permanecido en gran parte en manos públicas.
El mantenimiento de numerosos lugares religiosos construidos antes de la ley secular de 1905 sigue por ello en manos del Estado. Sin embargo, los migrantes musulmanes que llegaron en su mayor parte a Francia durante el siglo XX después de la aprobación de la ley no tienen espacios o financiación suficientes para levantar nuevas mezquitas.
Cientos de líderes musulmanes pidieron en un editorial público tras el ataque a la iglesia que se hagan mayores esfuerzos para impulsar el islam moderado, incluyendo una financiación transparente y sostenible para librar una batalla cultural contra el islam radical.
"Antes de que sea demasiado tarde, antes de que la violencia enfrente a los franceses entre sí, que es lo que pretende el autoproclamado Estado Islámico, debemos actuar y asumir nuestras responsabilidades", escribieron decenas de líderes en el "Journal du Dimanche" el 31 de julio.
En busca de encontrar una vía a medio camino, el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, anunció la semana pasada el relanzamiento de una fundación para apoyar a la cultura islámica, tras mantener un encuentro con el líder del Consejo de Musulmanes en Francia, Anouar Kbibech.
No está claro si esos actos impedirán que los jóvenes que con frecuencia se radicalizan por Internet dejen de hacerlo. El atacante de Niza Mohamed Lahouaiej Bouhlel comía cerdo, bebía alcohol y al parecer nunca pisó una mezquita. En muchos casos, el terrorismo yihadista tiene poco que ver con el islam religioso.
En la catedral de Ruan, sin embargo, cientos de musulmanes acompañaron a sus compatriotas cristianos en el duelo por el sacerdote asesinado.
Francia, un país considerado la encarnación del Estado secular, lucha ahora por impulsar un islam que encaje en su imagen y por crear un lugar para los fieles de todas las religiones.



