La reina de Inglaterra ¿un ancla en plena tormenta del Brexit?
La reina de Inglaterra sabe lo que es una crisis. Ha tenido que vivir la pérdida de colonias, la separación de los Beatles, la tensión social en la era Thatcher y la conmoción que causó la muerte de Diana. Ahora, sus súbditos han decidido marcharse de la Unión Europea y, además, muchos dirigentes políticos dejan el cargo.
La reina de Inglaterra sabe lo que es una crisis. Ha tenido que vivir la pérdida de colonias, la separación de los Beatles, la tensión social en la era Thatcher y la conmoción que causó la muerte de Diana. Ahora, sus súbditos han decidido marcharse de la Unión Europea y, además, muchos dirigentes políticos dejan el cargo.
Esta sociedad profundamente dividida no sabe lo que se avecina en los próximos años. ¿Y cómo afronta la monarca británica de 90 años esta situación?
Haciendo su trabajo. La reina Isabel II está de viaje en Escocia, donde ha saludado y ha pronunciado sabias palabras que dejan margen a amplias interpretaciones.
En su primer acto público tras la votación del Brexit, cuyo resultado impactó a millones de británicos y a muchos más millones de europeos, la monarca viajó a Irlanda del Norte. Justo allí donde la tensión es palpable.
Los republicanos proirlandeses no quieren quedar fuera de la Unión Europea y no se callan a la hora de hablar sobre una reunificación con Irlanda. Martin McGuinness, uno de los líderes republicanos, se reunió con la reina y la conversación llegó a los titulares:
McGuinness: Hola ¿Cómo está?
La reina: Gracias, sigo con vida.
McGuinness: Me alegro de verla.
La reina: Hemos estado bastante ocupados. Han pasado muchas cosas.
McGuinness: Es verdad, están pasando muchas cosas, desde luego.
La reina: He tenido dos fiestas de cumpleaños, tuvimos mucho trabajo.
Si más tarde se habló del Brexit, no se ha sabido. La reina se marchó después a Escocia, otro punto caliente también, ya que los escoceses quieren permanecer en la Unión Europea y prefieren hablar de su escisión de Reino Unido.
El discurso más notable durante su viaje a Escocia, que concluye el viernes, ya lo dio ante el Parlamento regional de Edimburgo y, por supuesto, ni habló de la Unión Europea ni del "Brexit", ya que ella tiene que ser neutral. Pero su mensaje fue claro: Es necesario "preservar la calma y la contención". En estos tiempos acelerados se necesita "suficiente espacio para pensar y reflexionar con tranquilidad".
La monarca podría haber dicho la frase propagandística de la época de la Segunda Guerra Mundial, que ahora se ve escrita en todo tipo de artículos, desde una taza hasta una funda de móvil, pasando por una bicicleta o un cuadro: "Keep Calm And Carry On" (conserva la calma y sigue adelante). Pero los que escribieron el discurso al parecer no quisieron recurrir a ella. Y aunque no fue un discurso como el que se escuchó en 1997, tras la muerte de la entonces princesa Diana, que para muchos fue un consuelo, al menos no decepcionó.
La monarca hizo un llamamiento sobre todo a los escoceses que estuvieron a punto de llevar al abismo al Reino Unido hace dos años con un referéndum independentista. Aquella votación no iba dirigida contra la monarca. En Escocia nadie cuestiona que ella sea la jefa de Estado, como lo es de Canadá y Australia.
Entonces, en 2014, la reina Isabel II habló poco antes de la votación y pidió a los escoceses que lo "pensasen muy bien" antes de tomar una decisión. Pero en esta ocasión, a la monarca no se la escuchó antes del referéndum sobre la permanencia del país en la Unión Europea. Al menos no en público. Y eso no gustó a la columnista Catherine Bennett, quien señala en el diario "The Observer": "Tal vez ha llegado el momento de reconocer su contribución a la victoria del 'Brexit'".
Pero son pocos los que se han atrevido a ir tan lejos como Bennett. En lugar de ello, en muchos diarios se contentan con poder seguir escribiendo sobre el color del abrigo y el sombrero a juego de la reina. Y en los comentarios del "Daily Mail", los lectores expresan su preocupación por los tobillos inflados de la monarca. ("Ser reina no lo hace a uno menos propenso a padecer los problemas de la vejez", se lee).
Junto con su marido, el príncipe Felipe, de 95 años, la reina ha generado estos días en Escocia las mismas imágenes que los británicos vienen viendo desde hace décadas. En los próximos días honrará a los ciudadanos distinguidos, acudirá a celebraciones religiosos, dará una fiesta de verano en el jardín, visitará una fábrica de ruedas y descubrirá una placa. Su trabajo habitual, que en los tiempos que corren también es bueno.
Su hijo y heredero, el príncipe Carlos (de 67 años), cumple con labores similares algo más al sur acompañado por su esposa Camilla (de 68 años). Ambos están viajando por Gales y, según ha dejado saber el heredero, le alegra el ambiente futbolístico que se respira. Después de todo, el de Gales es la único equipo británico que ha llegado a las semifinales de la Eurocopa.
Y por si acaso alguien no lo sabe todavía, la reina no votó en el referéndum sobre la Unión Europea. En teoría tiene derecho a votar, pero como la monarquía británica hace gala de neutralidad política, ella no lo ejerce, ni tampoco su círculo más estrecho de familiares. A partir de qué grado de parentesco se puede votar en elecciones y referendos es algo que ningún portavoz de palacio responde, pues sobre la materia no hay legislación alguna. Todo se basa en la tradición.



