La piratería se traslada a las aguas del Sudeste Asiático

27 / 07 / 2016 dpa
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28 de junio de 2016, isla de Mangkai, Indonesia: "Diez piratas saqueando un buque cisterna", informa el centro antipiratería del IMB. "Mantienen a la tripulación como rehenes y los están golpeando". 

Ese mismo día, al este de Borneo, también en aguas indonesias, otro petrolero consigue librarse de otros dos asaltantes. "Tripulación a salvo". Siete días antes, en Dumai (Sumatra): "Tres hombres armados con cuchillos asaltan carguero". Roban componentes de maquinaria y huyen.
Somalia, en el este de África, condensó durante mucho tiempo los titulares sobre piratería, pero un simple vistazo al mapamundi de la IMB (International Maritime Bureau), que informa cada hora de los nuevos ataques perpetrados por piratas, revela que la mayoría tienen lugar en aguas indonesias y el estrecho de Malaca, entre Indonesia, Malasia y Singapur. 
En las pantallas del centro de control del IMB ondean virtualmente este mes más de una docena de banderitas y dos barcos figuran como "secuestrados". "Las aguas del sudeste asiático han vuelto a convertirse en una de las mayores amenazas para el transporte marítimo internacional", escribe Karsten von Hoesslin en un informe para la red Global Initiative contra la criminalidad transnacional.
Hace un siglo los filibusteros de la región eran temidos por su brutalidad. Atacaban a los buques comerciales a lo largo de los 800 kilómetros del estrecho de Malaca, que une el océano Pacífico y el Índico y en algunos de sus tramos sólo mide unos 20 kilómetros de ancho. Hace 20 años la ruta era considerada todavía como una de las más peligrosas del mundo, pues en ella se registraban cientos de ataques al año. 
Desde entonces, las patrullas han mejorado la situación, pero no han logrado aplacar a las bandas criminales. Y es que el negocio en esta súper autopista del transporte marítimo internacional es demasiado lucrativo: anualmente cruzan el estrecho unos 120.000 barcos. Y "como la costa está tan cerca, los piratas pueden atacar usando botes bastante pequeños", escribe Hoesslin.
Malasia colabora ahora con Singapur e Indonesia poniendo a disposición toda su artillería. Los tres países vecinos han dejado a un lado su tradicional rivalidad y cooperan estrechamente en la batalla contra la piratería, por ejemplo, enviando soldados armados para proteger los buques cisterna más vulnerables. Las fuerzas aéreas patrullan con los últimos aviones de reconocimiento estadounidenses e intercambian de inmediato información sobre actividades sospechosas. 
"Vamos pisando los talones de los piratas y no les quitamos ojo allá donde planean ataques", afirma a dpa uno de los agentes indonesios que participa en la lucha contra la piratería. "Gracias a la estrecha cooperación hemos logrado cerrar algunas grietas en nuestro sistema de vigilancia", añade por su parte el director general de las autoridades de seguridad malasias (MMEA), Ahmad Puzi bin Abdul Kahar.
La concentración de poder militar es un factor, opina el experto en seguridad Ian Storey, del Instituto para el Estudio del Sudeste Asiático de Singapur. "Pero la piratería jamás podrá erradicarse por completo debido, por un lado, a la geografía y, por otro, a las condiciones de vida de la gente en la región y a la corrupción". 
Las áreas costeras del sudeste asiático seguirán siendo caldo de cultivo para la piratería hasta que no se combatan la pobreza y el desempleo crónico, afirma el experto. Según Hoessling, además, los bajos salarios de la Policía y la Marina espolean la corrupción. "Y eso hace factible el crimen organizado", añade. 
Un poco más al este, en el mar de Célebes, acechan los terroristas de Abu-Sayyaf. Estos martirizan a la población con la excusa de una mayor autonomía para los musulmanes del sur de Filipinas y financian sus sucios negocios con secuestros, cada vez más en el mar. Por estas aguas entre Malasia, Indonesia y Filipinas navegan anualmente unos 100.000 barcos, 18 millones de pasajeros y cargamentos por valor de 40.000 millones de dólares. 
Entre marzo y abril, los extremistas secuestraron en el mar de Célebes tres embarcaciones y exigieron un rescate por la liberación de la tripulación.

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