La peste no muere ni en la tumba en Madagascar
Todavía hoy no puede creer que tuviese que luchar por el cadáver de su hija. Bernadette Kasoarimanana, de 56 años, perdió la batalla. Hace un año y medio llegaron los soldados al lugar donde vive, una infravivienda con techo de hojalata en Antananarivo, y le amenazaron con sus armas. La razón de su sufrimiento es una pandemia que muchos sólo conocen de los libros de historia: la peste.
"Ella sólo tenía una hemorragia nasal", recuerda Bernadette Kasoarimanana al hablar de la dolencia de su hija de 21 años. "Luego se le hinchó el cuello y se le inflamaron los ganglios linfáticos". La peste fue más rápida que toda ayuda que pudiese recibir y la joven murió. Entre los vecinos en este humilde barrio de la capital cundió el pánico.
Los militares acudieron para hacerse con el cadáver. Su objetivo era evitar que la peste se propagase. "Nosotros nos negamos", recuerda la madre. "Nunca podré olvidar cómo apuntaron hacia mí con el arma para que entregase a mi hija". Y a pesar de las pruebas contundentes de laboratorio, a día de hoy no cree que su hija muriese de esa enfermedad.
Ninguna otra epidema causó tanto pánico y temor en la historia como la peste. Entre 1347 y 1353, la también conocida como "la muerte negra" acabó con la vida de millones de personas en Europa. Entonces murió un tercio, algunos incluso apuntan a la mitad, de la población.
Se le denominaba "muerte negra" posiblemente porque en la última fase de la enfermedad los dedos toman un color negro porque están muertos. Pero en la actualidad la peste está causando estragos en Madagascar, un estado insular en el océano Índico. Este país ubicado en el sur del continente africano es el más afectado del mundo.
¿Y por qué la enfermedad es allí tan pertinaz? Una vuelta por la zona afectada por la peste deja de manifiesto que son muchos los factores que favorecen su arraigo. La pobreza está ampliamente extendida en el país y muchas personas viven en cabañas con escasa higiene. Las ratas no suelen estar lejos, y con esos roedores llega la bacteria de la peste, Yersinia pestis. El sistema de asistencia sanitaria es precario y muchos enfermos suelen recurrir más a pócimas de curanderos que a antibióticos.
"Erradicar la peste es difícil", asegura la directora de investigación de la peste del Instituto Pasteur en Antananarivo, Minoarisoa Rajerison. "Pero podemos reducir los casos de enfermedad", señala confiada la investigadora, a la que todos llaman doctora Mino.
La región donde más arraigada está la enfermedad se encuentra entre colinas verdes y campos de arroz. Allí mueren todos los años decenas de mujeres, hombres y niños debido a la peste. Desde 2010 la Organización Mundial de la Salud ha contabilizado casi 500 muertos por la epidemia.
Para llegar desde la capital a Ambatofotsy Est se necesitan seis horas y las últimas tres con un jeep por caminos que, cuando llueve son intransitables. Ambatofotsy Est es uno de los lugares afectados. Allí no llega la corriente eléctrica y las viviendas, en su mayoría de barro, no hay agua corriente. El médico más cercano se encuentra a tres horas a pie.
Aquí trabajaba Jullienne Rasolonirina en las tierras de la familia, donde cultivan mandioca y maíz. En noviembre pasado sintió de repente un fuerte dolor de cabeza. "Su brazo izquierdo estaba como paralizado", recuerda su marido Jean Claude Andrianaivofenomanana, que no supo reconocer una señal de alarma, como el bulto que tenía su esposa bajo la axila.
Llevó a su mujer al médico tres días después, pero ella murió. Desde entonces, este hombre de 38 años trabaja los campos solo para poder alimentar a sus cinco hijos. "No he entendido cómo identifica uno la peste", relata.
De forma sencilla se puede decir que la enfermedad llega con las ratas infectadas y los parásitos que anidan en ellas. Estos insectos pueden ser portadores de la bacteria de la peste, que mata más pronto o más tarde a los roedores y los parásitos buscan nuevo lugar donde anidar. Si una persona está cerca, entonces saltan y con su picadura transmiten el bacilo, que posteriormente causa la infección en la persona.
Durante el periodo de incubación, una fase de hasta siete días, se pueden presentar síntomas similares a la gripe como la fiebre, escalofríos, dolor de cabeza y de articulaciones y náuseas. Una picadura puede generar una inflamación de los ganglios.
Sin un tratamiento de antibióticos mueren seis de cada diez pacientes. Pero en Madagascar muchos enfermos acuden antes al curandero que al médico. "El curandero suele masajear los ganglios inflamados y así extiende la enfermedad por todo el cuerpo", señala el doctor Solofo Charles Alain Andrianiaina, en la ciudad de Tsiroanomandidy. Cuando los pacientes acuden al médico, suele ser demasiado tarde.
Si en un pueblo se reporta un caso de peste, se alerta a las autoridades, que desinfectan la vivienda y suministran antibióticos a los parientes más próximos. Los cadáveres son lavados con un cloro especial y se les aplica también cal, pues los muertos también pueden transmitir la infección.
Los rituales funerarios, en los que durante varios días se vela al muerto, han sido prohibidos por la peste. El cadáver no puede ser enterrado en el cementario, lo que para los familiares supone un dolor adicional, pues el honrar a los fallecidos sigue teniendo una gran relevancia en el país. Cada siete años se exhuman los restos y en una fiesta familiar se envuelven esos restos en una tela y se entierran de nuevo.
"En torno a estas ceremonias suelen aparecer nuevos brotes de peste", asegura Eric Bertherat, especialista en peste de la OMS en Ginebra. Todavía no se ha esclarecido cómo pueden sobrevivir las bacterias después de tanto tiempo enterradas. "Pero estas ceremonias juegan un papel en la cuestión de por qué la peste resiste tanto en Madagascar", agrega el médico. Y esa es una de las varias incógnitas. "La peste, señala, es una enfermedad rara".
Para poder atajar la enfermedad se necesitan varias medidas, explica el doctor Mino: habría que suministrar más información a las personas, a las víctimas de la peste habría que enterrarlas mejor y, sobre todo, si se consigue acabar con las ratas, se podría interrumpir la transmisión de la enfermedad".
Es por ello que el instituto Pasteur envía tropas para las campañas de desratización, también en Ambatofotsy Est. Colocan una trampa para ratas hecha de madera con veneno para ratas y esparcen un insecticida alrededor de la trampa para acabar con las pulgas.
Uno de los principales temores es que la enfermedad se propague en la capital, sobre todo en su versión más contagiosa y letal, la pulmonar. "Una peste pulmonar en Antananarivo sería muy difícil de controlar si el brote no se detecta tiempo", advierte Minoarisoa Rajerison, del Instituto Pasteur.
La capital, donde se estima que viven unos 2,2 millones de personas, es una de las 12 de las 22 provincias del país en las que se han registrado casos de peste. Las autoridades sanitarias podrían darse cuenta rápidamente de una verdadera epidemia si hubiesen muchas ratas muertas, señala Rajerison.
Eric Bertherat, de la OMS en Ginebra, se muestra sin embargo más escéptico. "Hasta en los grandes mercados de la ciudad hay ratas infectadas", dijo. La experiencia de la epidema del ébola en África Occidental ha puesto de manifiesto lo difícil que resulta controlar un brote epidémico en un barrio muy poblado.
Lo que los investigadores en Madagascar descubran sobre la enfermedad puede ser relevante en todo el mundo, pues la peste sigue siendo una amenaza, pero no en su forma natural, sino como armas biológica en manos de terroristas.
"Un arma biológica con la Yersinia pestis es posible, porque la bacteria está en la naturaleza", se afirma desde el centro estadounidense de control de enfermedades contagiosas CDC. "Se podría aislar y criar en un laboratorio", se agrega. Pero para fabricar un arma biológica efectiva se necesita avanzar en el conocimiento y la tecnología.



