El muro entre Estados Unidos y México se transforma en arte
Cientos de artistas se unen del lado mexicano para transformar un tramo de la valla fronteriza existente en un gran mural que transmita un mensaje de unidad y esperanza.
En Tijuana, ciudad mexicana ubicada en el extremo oeste de la frontera entre ambos países, artistas y ciudadanos han empezado a pintar los dos primeros kilómetros de la vieja barrera divisoria de tres metros de altura erigida en 1994.
Lo que comenzó como un proyecto artístico se ha convertido en una protesta social en contra de las políticas xenófobas de Trump, explica a dpa Enrique Chiu, fundador del Mural de la Hermandad.
"Lo que buscamos es mandar un mensaje de unión. Es una forma de utilizar el arte para expresar pacíficamente nuestro rechazo a las ideologías que buscan separarnos".
Chiu comenzó pintando un segmento en la frontera en 2013 con una obra dedicada a las madres mexicanas deportadas, que plasma el sentimiento de dolor provocado por la separación de sus hijos.
La idea para el Mural de la Hermandad comenzó a forjarse a finales de 2016. Su objetivo era transformar un espacio de separación física en un punto de convivencia artística e intercambio de ideas.
Con la llegada al poder de Trump, en enero, y la firma de la orden ejecutiva para la construcción de un nuevo muro fronterizo, el proyecto comenzó a tomar más fuerza entre la comunidad artística.
Cientos de pintores de otras partes de México, Estados Unidos y Centroamérica comenzaron a contactar a Chiu. Más de 600 personas solicitaron un espacio en el mural, desde pintores de lienzo y artistas del grafiti hasta estudiantes de primaria que querían pintar sus manos en el muro.
También han participado migrantes deportados que escriben mensajes melancólicos a sus familias que quedaron del otro lado del muro.
Lo único que tienen en común es su deseo de cambiar el mundo, explica Chiu. "Ha funcionado para que todo el mundo venga y exprese sus sentimientos, para que de alguna manera el mundo se entere de lo que está sucediendo en la frontera".
Originario de Guadalajara, una ciudad del centro de México, Chiu emigró hace varios años a Estados Unidos para trabajar, pero decidió regresar a México y continuar su carrera artística en Tijuana.
Ahora se encuentra de frente a la valla que separa a México de Estados Unidos. Con una lata de pintura azul celeste en la mano izquierda y una brocha en la derecha, el pintor recuerda el sentimiento que provocó la primera vez que estuvo ante la frontera metálica.
"Cuando vi este pedazo de lámina sucio y oxidado me llegó un sentimiento de miedo y de ansiedad. Me dieron ganas de tumbarlo pero sabía que no podría hacerlo, así que decidí que un día iba a transformarlo", cuenta.
El pintor dice que su intención no es maquillar o embellecer un muro que divide a familias y que ha provocado miles de muertes de migrantes, sino darle una carga simbólica del deseo colectivo de cambio entre ambos países.
La obra se inició en el extremo oeste del muro, en la playa donde la frontera metálica se interna más de 20 metros en el Océano Pacífico.
La zona es conocida como el Parque de la Amistad, un punto de encuentro binacional donde familias de ambos países pueden reunirse los fines de semana para conversar a través de los huecos de grandes rejas metálicas de seis metros de altura.
"Como migrante me da mucha tristeza ver a las familias divididas tocándose la punta de los dedos sin poderse abrazar", explica Chiu. "Es como si estuvieran en la cárcel".
La zona fue pintada con un fondo color azul claro, lo que a la distancia genera una ilusión de que la frontera no existiera, al confundirse con el color del cielo. Uno de los elementos gráficos más presentes en el mural son las mariposas y los pájaros, ya que representan la libertad.
Chiu espera que el mural de dos kilómetros esté listo en abril, antes de que se inicie la construcción del nuevo muro ordenado por el presidente Trump. Al ser preguntado qué pasará cuando se construya el nuevo muro, Chiu contesta: "Entonces nos juntaremos de nuevo y lo pintaremos".


