Relax en plena naturaleza

03 / 08 / 2016 Celia Lorente
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En el hotel Viñas de Lárrede, con vistas espectaculares al Pirineo, se puede disfrutar de un entorno privilegiado. Además, es un estupendo punto de partida de excursiones y de multitud de actividades.

En la puerta del Pirineo aragonés, a 24 kilómetros de la estación de esquí más grande de España, Formigal-Panticosa, a dos minutos de Biescas y a cinco de Las Margas Golf Club, en un pueblo encantador junto al Gállego, Lárrede, se encuentra el hotel Viñas de Lárrede, bajo un precioso torreón vigía y frente a la joya del románico, la iglesia de San Pedro. Su bella fachada de amplios ventanales, sobre una construcción donde predominan los materiales nobles como la madera y la piedra de recuperación, ofrece unas vistas espectaculares al Pirineo y al valle, en un espacio de paz y tranquilidad en plena naturaleza. En el jardín, su huerto, su piscina y sus rincones para detenerse en el tiempo con un buen libro y disfrutar de las puestas de sol.

Enclave único

 Cuando uno llega a Lárrede, pueblo del siglo X, junto al Gállego, en la puerta del Pirineo aragonés, se queda prendado del lugar.  En este enclave único, rodeado por su Torraza, precioso torreón vigía en lo alto del cerro, y la iglesia románica de San Pedro de Lárrede (siglo X), se encuentra el hotel Viñas de Lárrede, con vistas espectaculares al Pirineo, punto de partida de excursiones y de multitud de actividades. A 24 kilómetros de la estación de esquí Formigal-Panticosa y de gran interés cultural por su conjunto histórico, Lárrede, es uno de esos rincones del mundo que tienen algo mágico, por su enclave, su luz, su olor a campo, y sus casas del siglo X, que nos transportan fácilmente al pasado.

En este bello paraje, que antaño era una plantación de viñedos, se levanta el hotel Viñas de Lárrede, una casa construida con nobles materiales y una fachada de piedra recuperada de una antigua casona derruida, donde se aprecian las huellas que la meteorología ha ido labrando y la madera de alerce proveniente de Siberia, un árbol muy tolerante al frío, capaz de sobrevivir a temperaturas invernales por debajo de los -50º C. Una construcción con amplios ventanales por los que disfrutar de las vistas del Valle y de sus picos de más de 3.000 metros de altitud.

Uno de los aspectos que resultan más agradables de las residencias rurales es esa dualidad vida exterior-vida interior. Disfrutar del aire libre estando en casa es un lujo. En el exterior, más allá de la tranquilidad que se respira en el medio natural, nos invade el espectáculo visual de la naturaleza que se transforma día a día y estación tras estación, esos instantes de vida contemplativa que resultan tan placenteros alejados del estrés de las ciudades, del ruido y de las prisas.

Un lugar acogedor

Dentro, la casa, se convierte en un lugar acogedor, una fuente de hospitalidad para todo aquel que la visita, creando atmósferas de serenidad y calidez, abiertas a la contemplación o a la comunicación, donde poder reunirse con la familia y los amigos, compartiendo mesa y vivencias, donde sentirse cómodo y que los huéspedes se sientan como en su casa, pero sin las preocupaciones de la misma. Un aspecto en el que el hotel Viñas de Lárrede pone todo su cuidado y su cariño, construyendo un lugar en el mundo, y un hogar. Una tarea reconfortante que define lo que este establecimiento pretende transmitir. 

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