Playa, sol, mar y marihuana
La vida de los reyes de las olas
Poco después de la salida del sol, aficionados al surf en la costa atlántica francesa beben la primera cerveza del día, mientras el agridulce olor de la marihuana comienza a sentirse. De pronto aparece Kelly Slater para revolucionar la pintoresca playa de Culs Nus.
Cuando la superestrella se dirige hacia al mar, los fanáticos tardan segundos en buscar cámaras, teléfonos celulares y gritar de manera frenética: "Kelly, te queremos". Protegido por solo un guardia de seguridad, Slater atraviesa a la alborotada multitud hasta que se lanza sobre su tabla y se sumerge en el agua.
Se puede decir que es una leyenda del deporte. En Estados Unidos, casi todos conocen el nombre del mejor surfista de la historia y Slater se encuentra a la altura de ídolos de la talla del jugador de baloncesto Michael Jordan o del tenista Pete Sampras. En las costas del país, el surf es un deporte muy popular y, con sus 11 títulos mundiales, Slater es un ícono para millones de personas.
Durante mucho tiempo, el surf estuvo reducido a estadounidenses, australianos y brasileños, todos países con playas recónditasy olas altas. Gracias a sus costas, Francia tiene cómo competir y, por lo tanto, también cuenta con su lugar en el calendario de la Liga Mundial de Surf (WSL).
En el departamento de Landes, en el sudoeste del país, se lleva a cabo la tercera etapa de la temporada. Bien temprano a la mañana, miles de espectadores se sientan en sus sillas de camping, dejan rodar sus toallas, comen patatas fritas, toman cervezas y vinos espumosos, se colocan sus gafas de sol y disfrutan de las acrobacias de los surfistas en busca de la ola perfecta.
Incluso el suave olor a marihuana en el aire es parte del paisaje habitual desde hace décadas en las competencias de surf. El estilo de vida alternativo, de libertad, informalidad y rebeldía siempre formaron parte de la vida del surfista. Incluso, el consumo de drogas entre los profesionales es impactante.
Sólo la muerte en 2010 del tres veces campeón del mundo Andy Irons motivó que los funcionarios de la asociación de surfistas profesionales (ASP) introdujeran los controles. "Es un gran problema que nuestro deporte siempre sea asociado con las drogas", aseguró el vicepresidente de la federación alemana de surf, Philipp Kuretzky.
El paisaje en Soorts-Hossegor tiene algo de un autocine desde la última fila, cuando el sonido es demasiado bajo y la imagen es demasiado pequeña. La playa y el surfista en el océano por lo general están separados por varios cientos de metros. Cualquier persona que quiera tener un registro de todo en detalle deberá llevar binoculares o una cámara que incluya un buen teleobjetivo. Y esperar mucho tiempo. Entre un movimiento y otro transcurren por lo menos 25 minutos, y a veces más. La mayor parte del tiempo, Slater y compañía están en el agua, a la espera de una gran ola.
Ellos deben estudiar el mar para elegir sin margen de error qué ola surfear y cuál dejar de lado. Los espectadores cuentan con mucho tiempo libre. "Ahora hacemos una pequeña pausa de 25 minutos. Disfruten de la maravillosa puesta de sol", grita el locutor a los aficionados en la playa. Si bien se escucha un fondo musical, a diferencia de los espectáculos americanos, no hay un show intermedio. "Una contra que tiene el surf es que en los intervalos no hay nada para hacer", reconoce Kuretzky.
Su biografía es la típica para un trabajador del deporte. Su padre lo llevó a Francia a surfear. A Kuretzky le fascinó la sensación, creció practicando sobre la tabla, se involucró durante muchos años en la asociación, sin recibir nada a cambio. "Ni un centavo", afirmó Kuretzky, que estudió ciencias sociales en el deporte. "El entusiasmo es un requisito indispensable para seguir, porque las recompensas son demasiado bajas", remarcó el dirigente de 27 años. "Se necesita entusiasmo y la necesidad de invertir dinero para poder recorrer largas distancias".
Ganar buen dinero sólo está reservado para los mejores en la Liga Mundial. El líder de la general, el australiano Mick Fanning, ya tiene acumulados más de 330.000 dólares en premios sólo en esta temporada. También existen acuerdos de patrocinio exuberantes que han logrado casi todas las estrellas del tour. Slater, al igual que otros multicampeones, ya ganó millones y desde hace mucho tiempo su motivación pasa por otros incentivos.
A los 43 años, Slater es considerado un anciano en el mundo del surf. Durante décadas dominó la competencia casi en soledad, pero poco a poco su edad comienza a sentirse en diferentes partes del cuerpo. Su mejor resultado de la temporada fue un tercer lugar. Ya lo ganó todo, pero no quiere mencionar el retiro. "No he decidido aún definitivamente qué es lo que voy a hacer. Pienso mucho en eso, pero todavía no estoy seguro. El surf es mi vida y lo sigo amando", dijo a la agencia dpa Slater.
Multimillonario y considerado una celebridad en Estados Unidos, donde alguna vez actuó en la famosa serie "Baywatch", Slater asegura que a veces le gustaría tener una vida más sencilla.
"Tengo una vida genial. Aunque, siendo sincero, a veces pienso que una vida más sencilla sería más fácil para mí", afirmó Slater, que es un héroe para muchos de sus actuales rivales. "Es uno de los mejores de nuestro tiempo, una verdadera superestrella," dice su compatriota Kolohe Andino.
Pero a la par de la historia de Hollywood, Slater también tiene un costado oscuro. Su padre murió muy joven de cáncer. Su amigo Irons falleció con apenas 32 años por un paro cardíaco producto de un cóctel cocaína y metadona. Por eso tal vez sea militante antidrogas, tanto para las utilizadas para mejorar el rendimiento como las sociales.
"Es un auténtico problema, porque se han usado demasiado", afirmó Slater. Desde 2012, la ASP introdujo un programa antidrogas más estricto aunque no parece haber sido una gran solución.


