Oficios de antaño que siguen vivos

28 / 03 / 2016 Lucía Martín
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Sastres, fabricantes de escobas de mijo, artesanos de la lana o del cuero… Oficios de siempre que siguen teniendo su espacio en los tiempos actuales.

Cuando ya pensábamos que las barberías de toda la vida, esos viejos saloncitos que parecen salidos de la serie Cuéntame, estaban abocadas al cierre, llegaron los hipsters con sus barbas y les dieron una segunda vida a las tijeras y toallas calientes. Hay negocios que han tenido un revivir, gracias a modas y tribus urbanas. Y hay otros que siguen existiendo, a pesar de que el ritmo de los tiempos les hace parecer de otra época; y sin embargo, ahí están: lecheros a domicilio (en la Comunidad de Madrid quedan dos), boteros (que venden o hacen botas de vino), fabricantes de escobas de mijo, relojeros... El amor por el oficio y la tradición son algunas de las razones que les mantienen al pie de cañón.

Es el caso de Miguel Mendi, al frente de Escobas Mendi, el negocio que inició su tatarabuelo. De la venta ambulante de alpargatas, sogas y escobas, pasaron a fundar la compañía a finales de los 70, que sigue funcionando hoy, a pesar de la aparición de la escoba de plástico: “Barrer con esta escoba es diferente, se trata de una fibra natural [mijo], dura muchos años”, explica. Afirma que la forma de mantenerse en estos tiempos es, precisamente, el mantener un proceso artesanal y hacer cada escoba con cariño.

Procesos artesanales. Otro tanto sucede al otro lado de la península, en Cádiz. Allí sobrevive, en Grazalema, la última fábrica de mantas de lana de la zona (hacia mediados del siglo XIX hubo hasta diez), que vende sus productos por toda España y también en el extranjero. La mayor parte de los procesos que siguen son artesanales: “El urdido y el tejido se hace en máquinas, ya que tejer a mano es inviable si se quiere producir un mínimo de cantidades. El atado sin embargo es a mano: consiste en atar una pieza de urdimbre a su antecesora en el telar, se hace entre dos operarios y en total son unos 2.000 hilos, tardan unas tres horas. Se hace igual que hace cien años”. Y es que hay cosas que se siguen haciendo a mano a pesar del desarrollo tecnológico. Si algo tienen en común estas empresas, que parecen sacadas de un álbum de fotos color sepia, es que se trata en la mayoría de los casos de negocios familiares. Hay cosas que no cambian, aunque pasen muchos años.  

Mantas de lana artesanales

Confeccionadas con lana en un pueblecito de Cádiz, la fábrica Mantas de Grazalema, se construyó a principios del siglo XX: diez personas trabajan con unos 8.000 kilos de lana al año, adquirida en España. Un 15% de su producción se vende en el extranjero. “En el pasado nos afectó la aparición de los tejidos sintéticos, pero siempre hay un sitio en el mercado para la lana”, comenta Mario Sánchez, director ejecutivo de la compañía.

Sastrería

Es el ejemplo del sastre 2.0 y de cómo Internet y una inteligente estrategia en redes sociales puede dar alas a un negocio tradicional, en su caso, la confección de trajes de ceremonia para hombre. La crisis casi cortó las alas a Bere Casillas, en Granada, pero en 2009 la compañía resplandecía de nuevo gracias a la Red y sin gastar en publicidad.

Cuero

Nueve personas trabajan el cuero, como siempre se ha hecho, en este establecimiento de Madrid.
 La línea para Bellas Artes (plumieres, cuadernos, delantales...), las carpetas y los bolsos son los artículos más vendidos por Taller Puntera: “También impartimos talleres, porque es algo que el público nos demandaba desde el principio”, explica Luis Alonso, al frente del negocio.

Cuchillería

Filos de acero carbono o inoxidable de la marca Bellota, originaria del País Vasco. Empuñaduras de madera, encina o formica. Y todo a mano, desde 1923, año de creación de la cuchillería Teodomiro, en Zalamea de la Serena (Badajoz). Fabrica puñales, tijeras, machetes... “La navaja es lo que más se vende”, aclara Teodomiro, nieto del fundador y tercera generación al frente del negocio.

Relojería

Con más de un siglo de tradición, y varias generaciones de relojeros después, la relojería Santaolaya, en Madrid, sigue abierta, hoy capitaneada por padre e hija. Arreglan todo tipo de relojes: de mesa, de pulsera, carillones. “Tenemos mucho cliente particular, también anticuarios, coleccionistas...”, explican. Entre sus clientes también hay ministerios y la Fundación Casa de Alba, por ejemplo, cuyos relojes hay que revisar y dar cuerda semanalmente.

Alfombras

Algunas de sus creaciones adornan ministerios y hoteles como el Ritz. Sus orígenes se remontan a 1918, cuando un pintor granadino reunió varios talleres textiles y fundó la fábrica de alfombras, localizada en La Zubia, cerca de Granada.

Escobas de mijo

El tatarabuelo era vendedor ambulante de alpargatas y sogas. Años después, la abuela, Carmen Jiménez, recorría los pueblos de Navarra y La Rioja: “Señores, señoras, escobas que barren solas”. Hoy, a pesar de la escoba de plástico, sigue viva la empresa Escobas Mendi en Valtierra (Navarra). 

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