Semillas en peligro de extinción
En los últimos cien años, España ha perdido hasta el 75% de su diversidad agrícola.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que de las 80.000 especies comestibles identificadas en todo el mundo sólo se han cultivado unas 7.000 a lo largo de los 10.000 años de existencia de la agricultura. Y no sólo eso. En el último siglo, el comercio mundial ha reducido a 120 las especies de consumo humano. De estas, sólo el maíz, el trigo y el arroz ocupan casi el 40% de las tierras cultivadas del planeta.
Estas cifras han alertado a los expertos, que consideran un grave riesgo la dependencia alimentaria mundial de tan pocas especies vegetales. De llegar alguna plaga –como la de los años 70 en Estados Unidos que arrasó con una variedad específica de maíz–, el desequilibrio alimenticio global estaría garantizado, según la FAO. Por todo esto, en el mundo se empezó a difundir la preocupación por preservar el patrimonio genético de las plantas cultivadas.
Diversidad.
España tampoco se ha librado de esta situación. Desde principios del siglo XX ha perdido hasta un 75% de su diversidad agrícola. Hay especies de tomates, lechugas y judías que ya no se cultivan y que sólo gracias a los bancos de germoplasma, que recogen y conservan semillas, pueden llegar a recuperarse. Es lo que ha ocurrido en Canarias, donde se han vuelto a cultivar las desaparecidas cebollas de Gauyonge, los ajos de Tamaimo, o el caso de ciertos cereales de invierno que se han podido recuperar en zonas de Málaga, Sevilla y Huelva.
Amando Ordás, jefe del departamento de Genética Vegetal de la Misión Biológica de Galicia, un instituto perteneciente al CSIC, lleva años recogiendo todos los genotipos locales de los principales cultivos de la zona, es decir, maíz, coles, nabizas, grelos, guisantes, vid y otras muchas antiguas variedades desaparecidas y extinguidas que ahora conservan en sus bancos de germoplasma. Antonio Miguel Ron, investigador y doctor en Biología de la Universidad de Santiago de Compostela, asegura que “el progresivo abandono de la agricultura tradicional o local, en favor de semillas procedentes de otros países buscando mayor productividad y cultivos que necesiten menos cuidados, ha llevado a que determinadas variedades agrícolas estén en verdadero peligro de extinción”.



