Los ricos no buscan lujo, quieren exclusividad

18 / 01 / 2008 0:00 Fuencisla Muñoz
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Los más adinerados buscan, cada vez más, disfrutar de experiencias únicas e irrepetibles. El mundo del lujo está cambiando y se decanta por los momentos especiales e intransferibles.

Submarinos privados, islas desiertas, viajes espaciales, subidas al Everest con oxígeno y muchos porteadores, conciertos exclusivos con las estrellas más cotizadas... El consumo de los más ricos que, eso sí, al igual que los pobres cada vez son más, sigue buscando aquello que les distinga del resto de la humanidad. Entre el 22 y el 25 de noviembre próximos, se celebrará en Moscú la feria para millonarios organizada por la empresa de comunicación Girath Media Group editora de la revista Millionaire. Su dueño, el holandés Yves Girath, tiene intención de traerla a España y afirma que sus opciones pasarían por ciudades como Madrid o Barcelona.

Aeropuerto para jets

Si Girath espera un poco, no tendrá ningún problema para que los asistentes a la feria puedan acudir en sus jets privados y aterrizar en el nuevo aeropuerto que, según acaba de hacer público la Comunidad de Madrid, se construirá en el suroeste, entre los municipios de Navalcarnero y el Álamo. Mientras tanto, compañías de vuelos privados como Skygazelle Aviación Ejecutiva siguen operando desde el aeródromo de Torrejón. Su presidente, José Antonio Toribio, explica a ‘Tiempo’ que su empresa ofrece un servicio integral que cada día tiene más demanda: “Desde que nos llaman, en un plazo máximo de tres horas, ponemos un coche de alta representación que les recoge y les lleva al punto de operaciones. Los viajes son a la carta y operamos en cualquier parte del globo. Se trata de mimar al cliente”, indica Toribio, quien asegura que los aviones se están utilizando cada vez más como oficinas volantes. “Hay muchos negocios que se cierran en el aire, por ejemplo en un vuelo de Madrid a Nueva York”. Entre el anecdotario de esta compañía, su presidente destaca el viaje relámpago de un empresario del sector de la alimentación que solicitó sus servicios una tarde de sábado para tomarse un café en París. Los empleados de Skygazelle bromean desde entonces con el que consideran el café “más caro del mundo”. “Nuestros aviones están también muy solicitados para celebrar veladas románticas –continúa Toribio–, se trata de hombres que quieren dar un golpe de efecto y lo hacen por sorpresa, otros lo han alquilado para intentar contemplar desde las alturas con sus parejas el rayo verde” (el último rayo de luz del día que supuestamente tiene una tonalidad verdosa). En otras ocasiones, los aviones de esta compañía han servido para transportar una mascota desde una ciudad europea o trasladarla a una afamada clínica veterinaria fuera de España. Traer agua del río Jordán para bautizar a alguien o tierra de un determinado país para enterrarlo ya forman parte de sus encargos habituales.

‘Alto coste’

Xavier Gabriel, el propietario de la Bruixa d’Or, la administración de lotería más afortunada de España, que será el primer turista espacial español, tiene claro que esto de los vuelos a la carta será un negocio seguro. Por eso ya tiene encargados cinco aviones, de los que dispondrá a primeros de 2010. “La mía será una aerolínea de alto coste. Yo me miro a mí mismo y veo que hay público que demanda estos servicios. El cliente podrá llegar descansado a su destino, por supuesto será más caro, pero merecerá la pena”. La nueva compañía, que se llama Number, ofrecerá vuelos privados por Europa, el norte de África y Canarias y contará entre sus comandantes con el hijo de Xavier Gabriel, que es piloto y en la actualidad trabaja en Italia.

Lujo experimental

Tal y como explica Susana Campuzano, directora de la consultora Luxury Advise y del curso superior de dirección y gestión estratégica del universo del lujo, desde los años 90 hasta ahora se ha producido un cambio sustancial en la forma de consumir el lujo: “Ahora se trata más de disfrutar que de poseer, y también se ha pasado de lo social a una esfera de disfrute más individual, se va hacia un lujo experimental y sobre todo de consumo emocional. No se trata de consumir algo por el producto en sí mismo sino por cómo te hace sentir”, dice Campuzano. Como ejemplo, en su opinión, en lo relacionado con el mundo de los viajes se buscan experiencias únicas e inolvidables: una cena en la sabana, asistir al concierto de Año Nuevo y al baile del emperador en Viena o a la ceremonia de entrega de los Oscar. Agencias como Eureka Tours, que ofrece auténticos viajes de película, o Bru&Bru, especializada en destinos exclusivos, se dedican a este tipo de clientela. Y ofrecen disfrutar de lugares como la isla privada del empresario Richard Branson, la visita a un templo inaccesible de Bután o la estancia en una villa privada en Kenia. “No se trata de lujo, es exclusividad”, sostienen en Bru&Bru.

Pero si no quiere ir tan lejos, en España se encuentra uno de los destinos más exclusivos, la isla de Sa Ferradura, al norte de Ibiza, que la agencia inmobiliaria marbellí Golden Mile alquila por 150.000 euros semanales. Con una mansión de 1.200 metros cuadrados alrededor de la cual hay varias pequeñas playas y que cuenta con una laguna con cascada y una impresionante piscina. Para Vicens Olivé, psicólogo y codirector del Institut Gestalt de Barcelona, este tipo de alegrías producen un chute muy fuerte porque “se ha conseguido algo que no todo el mundo consigue, y de algún modo hay mucha recompensa narcisista”. A su juicio esto cada vez es más frecuente no sólo porque aumentan la riqueza y el bienestar sino también porque la tecnología permite hacer cosas nuevas y los retos son más originales y sin embargo en su opinión ese chute se pasa y “entonces se necesita otra cosa y otra y otra más...”.

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