Los famosos ya no son lo que eran
El glamour casi ha desaparecido y no volverá. La telebasura y las redes sociales han convertido en vip a personajes que lo único que saben hacer es el ridículo.
Hace pocas semanas, un chaval de Alicante de alrededor de 20 años, llamado Sergio pero conocido en las redes sociales como Mr. GranBomba, se acercó a un tipo que pasaba por la calle, un repartidor que estaba trabajando. Le preguntó algo. El otro le contestó con cierta impaciencia. Y Sergio, en medio del diálogo, le llamó rápidamente caranchoa. El repartidor se enfadó y le amenazó con sacudirle. De nada sirvió que el tal GranBomba le repitiese varias veces que era una broma con cámara oculta; era cierto, pero la cámara estaba tan oculta que el otro no la vio, y le arreó un guantazo que casi lo tumba. El chaval subió eso inmediatamente a su canal de YouTube. Sucedieron dos cosas. La primera, que al niñato le llovieron por todas partes epítetos nada amables, el más compasivo –y repetido– de los cuales era gilipollas. La segunda, que el número de seguidores de su canal se disparó y superó de lejos el medio millón. El éxito del vídeo fue tan fulminante como la propia bofetada.
Pero hubo una tercera consecuencia. Una conocidísima marca de gafas de sol le ha comprado al chico su canal de YouTube por un millón de euros y se ha quedado, lógicamente, con sus followers o seguidores, lo que convierte al incidente en el tortazo mejor pagado de la historia de la humanidad. Y Sergio, a quien no le partieron la cara porque la tiene más dura que el diamante, ya está por ahí dando entrevistas, poniendo cara compungida ante las cámaras y haciendo declaraciones, en plan víctima de la maldad humana, en las que condena con mucho sentimiento la violencia en que vive sumida nuestra sociedad. Se ha cambiado de corte de pelo y, rico como le ha hecho el sopapo que se llevó, ya ha creado un nuevo perfil en las redes sociales, y sus seguidores crecen como la espuma. Es decir: Sergio se ha convertido en lo que hoy se llama un famoso. ¿Pronto lo veremos en las tertulias opinando sobre el brexit, como a tantos. Y qué es lo que ha hecho para adquirir tan envidiada condición? Pues algo muy sencillo: el bobo. Y tener un morro espectacular.


