Las ventajas de casarse joven

04 / 09 / 2013 10:29 Megan McCaardle
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Los expertos destacan los beneficios económicos,familiares y emocionales de contraer matrimonioy empezar a tener hijos antes de los 30.

Pobre Susan Patton! La que fuera una de las 200 mujeres que en 1973 integraron el primer curso mixto de la Universidad de Princeton es hoy, según ella misma reconoce, “una simpática madre judía”. Susan tiene dos hijos jóvenes,ambos alumnos de Princeton, y hace poco escribió para el periódico universitario que dirigen un artículo en el quedaba un consejo a todas las estudiantes del campus: “Encuentra un marido antes de graduarte”.

“Las mujeres inteligentes no pueden(no deben) casarse con hombres que no sean al menos tan intelectualmente brillantes como ellas –afirmaba Patton en el periódico–. Como alumnas de Princeton,vuestra cotización es tan alta que estáis casi fuera de mercado. Dicho en términos simples: hay muy pocos hombres que sean tan inteligentes como vosotras,o que lo sean más. Y lo vuelvo a repetir: nunca volveréis a estar rodeadas de igual número de hombres que os merezcan”.Casi sobra decir que este artículo generó un pequeño maremoto en las redes sociales; se acusó a Patton, entre otras cosas, de ser “elitista” y “anticuada”.Es cierto lo primero, pero no tanto lo segundo. A fin de cuentas, en un campus uno encuentra a un gran número de personas solteras con los que comparte horizontes vitales, lo que les convierte en perfectos candidatos para convertirse en maridos (o en esposas).

Matrimonios tardíos.

Pero hoy en día, por alguna razón, no está bien visto pensar así. Mientras que antes el matrimonio era el umbral de entrada a la edad adulta, hoy es simplemente su refrendo. Por un lado puede ser positivo que en la actualidad las mujeres no tengan ninguna prisa por dar el “sí, quiero”. Pero por otro lado el coste de retrasar en exceso el matrimonio puede ser aún mayor. En primer lugar, hay que tener en cuenta el hecho de que, cuanto más tarde se decida establecer una familia, mayores serán los problemas de fertilidad de la mujer. Este retraso, además, aumenta el riesgo deque la pareja se vea atrapada entre la atención que exigen los niños y la que empiezan a requerir sus padres, ya ancianos.Pero nada de esto quiere decir que los matrimonios tardíos sean un desastre.Al contrario. En Estados Unidos las parejas de graduados universitarios que se casan una vez alcanzada la treintena tienen unos ingresos anuales medios de 50.000 dólares (37.000 euros)y, estadísticamente, las discusiones son menos frecuentes.

La socióloga de la Universidad de Harvard Kathryn Edin llama a estos matrimonios“superrelaciones” por sus altos niveles de compenetración y satisfacción mutua. Sus tasas de divorcio responden a niveles de la década de los sesenta delpasado siglo y se espera que disminuyan aún más. Sin embargo, existe también una gran desventaja: a menudo este tipo de parejas no puede tener todos los hijos que desea.No se debería retroceder a la época en que los jóvenes (especialmente las mujeres)se veían obligados a casarse a edad muy temprana, pero de igual modo habría que revisar la noción de que el matrimonio puede esperar a que el resto de logros personales estén encarrilados. Sise empezara a buscar con quién casarse con veintipocos en vez de cinco o diez años más tarde, se reducirían los problemas de fertilidad; por otro lado, muchas mujeres trabajadoras no tendrían que supeditar (y por tanto, postergar) el hecho de tener hijos a encontrar a una persona con la que establecer una relación estable.

Es evidente que no todo el mundo quiere casarse. Pero la mayoría de hombres y mujeres sí, y tienen razón, aunque tal vez no sean conscientes de por qué. De hecho, los beneficios del matrimonio son tantos que es difícil empezar por algún sitio. Para empezar, los ingresos medios de las parejas casadas son muy superiores(en EEUU, casi un 50%) a los de aquellas que no lo están. Pero no es solo una cuestión de cantidades percibidas, sino que las parejas casadas pueden poner en común sus sueldos y hacer planes a largo plazo con mayor facilidad que los solteros, lo que se traduce en una capacidad superior para generar riqueza. Es tan sencillo como que es más barato vivir los dos juntos que cada uno por separado.

Problemas de esperar demasiado.

Los beneficios no son solo económicos:en promedio los casados disfrutan de mejor salud y sufren menos trastornos mentales que los solteros, y según las estadísticas (y en contra de la creencia general) tienen una vida sexual más satisfactoria que los que aún no han pasado por el altar. En líneas generales, el hecho de que hoy ya no exista la enorme presión social para casarse que se daba en el pasado ha provocado que la calidad media de los matrimonios aumente.No cabe dudar de los muchos beneficios que tiene esperar cierto tiempo para contraer matrimonio y hacerlo a una edad madura, pero en opinión de Keith Humphreys, profesor de Psiquiatría en Stanford, esta espera tiene el problema de que, tras largos años construyéndose una vida a medida, tal vez esa persona tenga dificultades para encontrar aun compañero o compañera que pueda adaptarse a un carácter tan independiente como el suyo.

Además, cuanto más tarde se establezca una relación de pareja duradera,más probable es que se produzca un embarazo indeseado, lo que abre un escenario amargo en el que las opciones son el aborto, la adopción o la familia monoparental. Esta última circunstancia, según un estudio de referencia coordinado por los profesores Gary Sandefur y Sara McLanahan, puede resultar perjudicial para los niños en la medida en que los hijos de familias monoparentales son más propensos a tener problemas en el colegio, al abandono escolar y a fundar familias en las que igualmente hay un solo progenitor.

En general hay algo en los núcleos monoparentales que dificulta un perfecto desarrollo de los hijos, y según Mc Lahananese algo es una menor disponibilidad de recursos. A pesar de que se considera(con razón) a los padres y madres solteros como auténticos héroes que se ven obligados a nadar contra corriente en unas condiciones muy difíciles, los datos avalan el hecho de que en la mayoría de los casos la ausencia de uno delos progenitores resulta perjudicial para el niño. Como ya se ha dicho, no es unacuestión de conservadurismo, sino de simples matemáticas; siendo dos personas no solo se pagan mejor las facturas,sino que también se puede prestar mucha más atención a los hijos. Y esto no es solo bueno para el niño, sino también para la madre o el padre solteros, que sentirán menos presión al respecto.Por desgracia, la mayoría de los indicadores apuntan a que es este el modelo familiar del futuro. Ellen (nombre inventado)es el rostro de este nuevo modelo de familia que se está imponiendo,particularmente en EEUU. Se trata de una joven blanca y soltera, originaria de una ciudad del Medio Oeste y que se crió en el seno de una familia de clase media.Pese a que era inteligente, Ellen jamás se adoptó a las exigencias escolares, así que abandonó el instituto, se fue de casa de sus padres para instalarse en las afueras y comenzó con una serie de trabajos que jamás duraron más de un año.

A los 21 años se quedó embarazada de Clark (nombre también ficticio), su chico de toda la vida, con el que llevaba años peleándose y reconciliándose. Hoy su hija tiene 6 años y Ellen aún no ha podido encontrar un trabajo estable. Su precaria situación económica, agudizada por el fin del subsidio por desempleo,ha provocado que no pueda permitirse una casa propia, y en este momento vive en una casa propiedad de su padre con Clark. A menudo sufre depresiones, lo que provoca que a veces no pueda cuidar adecuadamente a su pequeña.No es que las Ellens de este mundo rechacen la idea de matrimonio; según los expertos, pueden desearlo tanto o más que las mujeres con mayor formación. El problema es que lo ven como una meta más difícil. Conscientes de que difícilmente alcanzarán la estabilidad necesaria para poder casarse, no están dispuestas a dejar pasar la oportunidad detener hijos.

Según Andrew Cherlin, un experto en estructuras familiares de la Universidad Johns Hopkins, el actual contexto económico,marcado por la precariedad laboral,hace aún más difícil criar a un hijo en solitario. Pero lo paradójico es que este horizonte de precariedad favorece la formación de familias monoparentales,pues lo reducido de las posibilidades de lograr una estabilidad económica hace que muchos hombres, en la práctica,se sientan menos obligados a tratar de conseguirlas. De este modo, numerosas mujeres acaban viendo a estos hombres como una carga más, razón por la que se decantan por criar a sus hijos solas.

La realidad de las clases medias.Por supuesto, sobre el papel suena muy bien eso de casarse joven (o al menos empezar a pensar seriamente en ello antes de la edad mágica de los 28 años).Pero en la práctica las dificultades son muchas. Todos los expertos consultados coinciden en que unos salarios adecuados y unas expectativas laborales propicias suponen la mejor base posible para una buena relación de pareja en la que criar a los hijos. Este consenso de expertos,sin embargo, choca con la realidad de que, hasta el momento, políticos y economistas han fracasado a la hora de mantener la hegemonía que durante todo el siglo XX tuvieron las clases mediasen EEUU, y en Occidente en general. Por otro lado, tampoco es fácil cambiar el hecho cultural (directamente relacionado con el auge del individualismo y el consumismo) de que la gente retrase cada vez más el tener hijos.Y sin embargo estos datos no deberían impedir cierto cambio a la hora de adelantar el momento de contraer matrimonio y de empezar a tener hijos. El cambio no es fácil, pero tampoco es imposible.El primer paso, por supuesto,es reconocer que el problema existe. El segundo paso tal vez consista en decirle a todo aquel que ronde la treintena que quizá debería ir pensando en buscar a alguien con el que compartir el resto de su vida.

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