Las prendas fetiche de los políticos
Confían su suerte y atracción electoral a prendas de ropa y colores que les hacen sentirse más seguros. ¿Qué escudo estético protege a nuestros políticos?
Desde hace semanas, los estadounidenses se preguntan cómo y por qué Rick Santorum, que aspira a ser el candidato del Partido Republicano en las presidenciales de noviembre, ha convertido un inocente chaleco de algodón de cuello pico en su mejor arma electoral. Mientras unos atribuyen a esta prenda de un carácter diferenciador capaz de descubrir a sus rivales como distantes millonarios perfectamente trajeados, otros consideran que solo responde a una nueva moda: la retrosexual, reflejada en series de gran éxito como Mad Men o Pan Am, que recuperan al hombre elegante de antaño e incita a los hombres a vestir como sus abuelos. Lo cierto es que el exsenador de Pensilvania se enfundó por primera vez un chaleco azul marino para un acto de campaña por casualidad, por más que ahora asegura que lo lleva porque “las mangas me ralentizan”. Tras confesar públicamente que parte de su victoria en el caucus de Iowa se debía a su peculiar amuleto, sus asesores de imagen se lanzaron a comprar decenas de chalecos (también en otros colores como gris y beige) y a revenderlos a 100 dólares (75 euros) la unidad para financiar la carrera a la nominación de Santorum. Y aunque sus detractores –entre los que se encuentra la actriz Scarlett Johansson, defensora de Barack Obama- tildaron el accesorio de “chaleco salvavidas”, su fama en las redes sociales y en YouTube hizo que rápidamente se agotaran las existencias.
Para verte mejor.
Cortados por el mismo patrón -o mimetizados por el uniforme diplomático occidental- los políticos deben ingeniárselas para hacerse ver, sobre todo en campaña. El líder del PP en Andalucía, Javier Arenas, se ha promocionado durante la campaña electoral de las autonómicas andaluzas, celebradas el 25 de marzo, con total looks teñidos con pigmentos del mineral que forma su apellido (una tonalidad más propia para la época estival pero que la calidez del Sur permite todo el año). A Rosa Díez, con su nombre y el magenta, el manido recurso le dio un buen resultado (UPD entró en 2008 en el Congreso de los Diputados) y sigue explotando la técnica sin complejos. En cambio, los funestos presagios que las encuestas le conceden a la candidata ecologista en los próximos comicios franceses (22 de abril y 6 de mayo) y las críticas de sus propios compañeros, que la acusan de defender más los intereses de los comunistas que los de su propio partido, han obligado a Eva Joly a aparcar sus características lentes redondas de pasta colorada y a optar por un modelo más corporativo, en verde. Y aunque el azul conservador o azul Thatcher pertenezca a la ex primera ministra británica, el nuevo líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles Radonski, pretende acabar, el 7 de octubre, con la moda de la camisa roja (antibalas) de Hugo Chávez con la franela turquesa. Porque actualmente son más bien pocos los que optan por las bondades de la ausencia de color cuando se quiere destacar. “Yendo de negro puedes ir decentemente a todas partes”, contaba La Pasionaria sobre su luto permanente.



