Las mayores chapuzas sexuales

01 / 07 / 2016 Celia Lorente
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¿Qué diferencia hay entre un bar y el clítoris? Que cualquier hombre sabe encontrar un bar.

El orgasmo dura un instante pero para llegar a él se necesita un camino previo y cualquier incidente o torpeza que se interponga puede frenar en seco los impulsos que llevan al placer convirtiendo ese anhelado momento en un auténtico caos. La torpeza humana en estas lides no tiene parangón, cuenta Marian Benito en su libro Cómo triunfar en la cama: “Ni siquiera un pingüino tambaleándose resulta más cómico que el amante despistado que se acuerda del preservativo cuando sus pantalones han caído a la altura de los pies y corre tambaleándose a suplir el olvido. Su compañera puede reírse hasta hartarse, pero lo que es seguro es que ese señor tendrá que hacer un esfuerzo ímprobo si quiere que ella recupere su líbido”.

Un clásico en estas lides de chapuzas sexuales es el amante que se deja los calcetines puestos, la estampa no es mínimamente sugerente, sexi, ni mucho menos libidinosa. Aunque en esto hay una sorprendente teoría del neurocientífico holandés Gert Holstege que explica “calcémonos unos calcetines y aumentarán un 30% las posibilidades de alcanzar el éxtasis en la cama”. Casi la mitad de los españoles confiesan que hacen el amor con los calcetines puestos, aunque el 20% puntualiza que “solo cuando hace frío”. Cuidado también con los striptease, mejor no sorprender sin antes haber hecho un pequeño ensayo porque sin una pizca de gracia, el espectador/a en cuestión no sabrá si está ante un espectáculo erótico o una parodia que se vuelve contra sí misma. Y ese toque de perversión que podemos sacar en  nuestros actos más íntimos puede resultar morboso o cómico cuando pretendamos emular a Cincuenta sombras de Grey. Los servicios de urgencias tuvieron que atender en las semanas posteriores al estreno de la película a personas que por imitar a sus personajes sufrieron todo tipo de accidentes atrapados por tapas de inodoro (sic), trituradoras, aros de pene, tostadoras o amarres de bondage.

Acrobacias y malabares

Hay quien se lanza a la cama como quien prueba la profundidad del río con los dos pies. Sin ir más lejos el campeón de kick boxing, Ray Elbe, se fracturó el pene practicando sexo demasiado impetuoso. Según explicó, fue el impacto del cuerpo de la chica con su miembro a media erección lo que provocó la rotura. El resultado: intervención de urgencia y titulares socarrones que dieron la vuelta al mundo. La fogosidad es estupenda, siempre que se maneje con un grado de sensatez. “No somos bonobos, hábiles para practicar el sexo en todas las combinaciones posibles de posiciones y personas”, cuenta Marian Benito. Bien lo saben las compañías de seguros y los servicios de urgencias que acumulan cantidades de incidentes producidos durante la práctica sexual: esguinces de caderas, calambres musculares y otros más bochornosos como los objetos más insospechados que se han quedado atascados en diversos orificios corporales.

La autora explica que un error que cometen algunos hombres es que piensan que están en una película porno “y antes de protagonizar en la cama una cinta triple X lo lógico es que se indague qué es lo que la pareja quiere o le gusta. Hay mujeres que aman un toque caliente durante el sexo (incluyendo las ‘malas palabras’), pero también está el otro polo”. Hay hombres que abordan el cuerpo femenino con mucha rudeza y poco tacto. Marian Benito cuenta con humor “¿cuál es la diferencia entre un bar y un clítoris?: que cualquier hombre sabe encontrar un bar”. El mejor antídoto frente a un resbalón sexual –concluye la autora– es no darle demasiada importancia; en la cama hay que soltarse tanto física como mentalmente. El sexo es divertido y gracioso. Está bien reírse cuando hay ruidos extraños, alguien se cae de la cama o ese enganche del sujetador se resiste”.  

 
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