Las frases célebres de nuestra vida

04 / 12 / 2006 0:00
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La tele no sirve sólo para hacer famosos a los “frikis” o para enterarse de las noticias. Es la influencia más poderosa en el lenguaje que usamos. La televisión lleva cincuenta años no sólo usando (a veces mejor, a veces peor) el lenguaje, sino creándolo o imponiéndolo.

02/10/2006

En off

En el mitin, Patxi López ironiza sobre los alaridos que, según él, proferían en el PP exigiéndole que cortase todo contacto con la llamada izquierda aberzale. Confianzudo, se pone de medio lado, apoya el antebrazo en el atril como si estuviera en la barra de un bar y suelta, con tono socarrón: “Pues va a ser que no...”

Carcajada. López ha usado una frase que entiende todo el mundo, que todos reconocen, pero que no es suya. Es de un anuncio publicitario de Digital Plus. Y lo certero de la idea ha logrado que, en poco tiempo, la expresión haya ingresado con enorme fuerza en el lenguaje común, se ha convertido en un giro que usa ya todo el mundo.

La televisión lleva cincuenta años no sólo usando (a veces mejor, a veces peor) el lenguaje, sino creándolo o imponiéndolo. Como dice Jesús Hermida, que lleva 40 años en el medio,“es el instrumento de mayor influencia social, nos guste o no. Aunque ojo: esa influencia es muy intensa, pero suele durar poco. Las palabras pasan de moda y son sustituidas por otras”.

No siempre. Hermida, que está preparando una serie de programas sobre el medio siglo de TVE, admite que la frase que más recuerdan los espectadores de toda la historia de la tele es “Vamos a la cama”, de la canción que cantaban los dibujos animados de la Familia Telerín a las nueve de la noche.“Y la frasecita se decía, claro, con muy doble sentido”, se ríe Hermida. Él mismo recuerda, apoyando su idea de lo poco duradero de las frases de la tele, cómo Chiquito de la Calzada, después de muchos años de palmero en tablaos, salió por la tele gesticulando y contando chistes y provocó una verdadera conmoción nacional, una epidemia de fistros y un enjambre de imitadores. Alguno muy ilustre: cierto periodista –Hermida recuerda la anécdota– enviaba por teléfono su crónica desde la sala de Prensa del Congreso de los Diputados cuando irrumpió en su cabina nada menos que el Rey, al grito de “¡Fistro, pecadorrr de la pradera!”, y al pobre informador casi hubo que reanimarle con oxígeno.

Las frases calan en la gente, pero acaba por llevárselas el cambio mismo de la sociedad. El fallecido Luis Carandell contaba cómo cierto cura párroco de una ciudad castellana quería dar un aviso a los feligreses. Y al término de la misa, dijo: “Hermanos, la próxima semana...”Alguien en la parroquia no se pudo contener y exclamó: “...¡hablaremos del Gobierno!”, en medio de la risotada general. Esa frase, en la segunda mitad de los 70, se hizo extraordinariamente popular gracias a que con ella concluían los shows televisivos de Tip y Coll. Claro que eran tiempos en que hablar del Gobierno era asunto arriesgado.

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Ningún veinteañero sabría hoy qué cara poner si, al preguntar ¿Qué dices?, le contestasen “que te fagorices”, frase publicitaria de los 70 (de una empresa vasca de electrodomésticos) que usaba todo el mundo y que adquirió un sentido totalmente distinto del del anuncio.“ Que te fagorices” pronto dejó de querer decir “que te compres una nevera” pa ra significar “vete a hacer puñetas y déjame en paz”.

A Tip se atribuye (al menos él la usaba con frecuencia) la retahíla “no es óbice, obstáculo, cortapisa ni valladar”, que sigue usándose, y se pierde en la noche de los tiempos el autor del célebre “me es inverosímil” como error burlón en vez de “me es indiferente”; tan célebre que mucha gente lo dice en serio, sin darse cuenta de que es un palabro. Del mismo modo que una perla insuperable como la de Sofía Mazagatos, cuando mostró su predilección por los “toreros que están en el candelabro” (por“candelero”), también se ha hecho frase común... y no poca gente cree de buena fe que se dice así.

“Digerir” el idioma

El humorista Forges tiene claro que él es un creador del idioma. Nadie recordaría hoy al bueno de Flanagan, nadie se alarmaría porque Fulanito “ataca de nuevo”, ni diría “ayvadiós” o “jopelines”de no ser por él. Sin Forges, los adverbios asaz y mayormente serían fósiles del “Parque Jurídico”(Carmen Sevilla dixit), y él, que trabajó muchos años en televisión como técnico y luego como creador, sabe que es posible hacer que una frase cale gracias a que “retumba en los medios”.

Pero avisa: “El lenguaje es muy difícil de crear. Lo que hago yo es digerirlo y recrearlo. Yo me paso la vida escuchando a la gente y luego doy forma a lo que oigo.Ahora bien, admito que alguna flatulencia sí es mía”. ¿Por ejemplo? “Una frase que yo decía mucho cuando trabajaba en TVE: ‘Esto no puede seguir así a menos que continúe”.

Durante años mucha gente abandonó el tradicional “Hola, cómo estáis” al llegar a un sitio: se decía “¿Cómo están ustedeees?”, con el sonsonete de los payasos de la tele. Cuando te tocaba el turno, ya fuese para entregar la declaración del IRPF o para ir al baño, raro era que nadie te hiciese el gesto de Joaquín Prat, el de “a jugaaar”. Repetir “por consiguiente”dos veces en una conversación provoca risas y chistes sobre socialistas.Termina uno una perorata y dice “pasapalabra”. El tétrico “Españoles: Franco ha muerto”de Arias Navarro sirve hoy de tono de llamada en teléfonos móviles... Todos usamos las expresiones que oímos en la tele, sean correctas o no.Así que resignémonos, no nos hagamos mala sangre y... un poquito de por favor, ¿eh?

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